Hoy

Persiguiendo a Mariza

En el auditorio Ricardo Carapeto repleto de asistentes en el concierto de la fadista Mariza . :: pakopí
En el auditorio Ricardo Carapeto repleto de asistentes en el concierto de la fadista Mariza . :: pakopí
  • Badasom, el mejor lugar del mundo para cantar fados

Estoy en trance. Son las tres y media de la madrugada y sigo en trance. Hace 100 minutos exactamente, estaba en Badajoz, emocionándome con la voz de Mariza y el ambiente que reinaba en el auditorio Ricardo Carapeto. Dos mil personas, lleno hasta la bandera, aclamaban a la fadista, que paseaba entre el público, micrófono en mano, repartiendo besos y cantando, recibiendo abrazos y cantando, acariciando a una señora que lloraba en la primera fila. y cantando.

Antes del concierto, en Badajoz, tras una tarde calurosa, tenía sueño. Ahora, en la madrugada cacereña, estoy en trance. El concierto de Mariza ha sido una inyección de belleza y adrenalina. Llevaba persiguiendo a la fadista de Mouraria desde hace meses. Daba conciertos en California, en Nevada y en Brujas, en Dortmund, en Zurich y en Budapest. Demasiado lejos. Pero de pronto apareció en el Badasom y la persecución se ha acabado.

Durante más de dos horas, Mariza ha ido ganándose a un público que empezó algo frío, como los muchachos que vienen del recreo y tardan en atender al maestro. Pero a partir de 'Chuva', se hizo la magia y todo funcionó in crescendo hasta el éxtasis final.

Me ha gustado el ambiente del Badasom y creo que a Mariza también. He visto conciertos de fados en los coliseos de Lisboa y Oporto, completamente llenos, y nunca encontré una comunión tan espontánea como la que se dio el viernes por la noche entre la fadista y el público.

Los conciertos del Badasom tienen el aire natural y desenfadado de los cines de verano de antes. La clase media de todas las edades ocupa los asientos sin preocuparse demasiado de protocolos ni apariencias. Se escuchan gritos, triunfa la espontaneidad y la energía fresca y desinhibida se transmite enseguida al escenario.

Con tantas emociones desbocadas, es lógico que también Mariza entrara en trance y cantara a capela, bajara a abrazar a la gente, confesara que su hijo Martín la despierta a las seis y media y contara a media voz historias sucedidas en la taberna de sus padres o lo mucho que ama a su marido.

El concierto del viernes comenzó con un homenaje a Paco de Lucía protagonizado por el guitarrista Javier Conde, un niño prodigio cacereño que hoy ya es un hombre prodigioso. Los comentarios lo corroboraban durante el descanso: «Es muy bueno, el tío».

El descanso es fundamental en el Badasom, tanto como lo era en los cines de verano. Los espectadores dejan sus asientos y van a saludar a los conocidos, a comprar bocadillos y bolsas de patatas fritas, a por cervezas para sus parejas y refrescos para sus hijos. Con tanto trasiego, es natural que empezara a cantar Mariza y medio auditorio estuviera aún en la barra. Se arrancaba la artista con 'Chuva' y había que exigir silencio: «Señora, concéntrese que esta canción es sagrada». La señora se calló y el resto fue pura emoción reconcentrada. Ayudaba el sonido, muy bueno. Despistaba la iluminación, muy desconcertante.

Sus raíces portuguesas y africanas han regalado a Mariza una belleza racial y extraña, como de diseño. Con los años, ha ido ganando en soltura escenográfica y maneja los tiempos, las pausas y la intensidad de manera magistral. Te hace bailar, sonreír, cantar, llorar, abrir la boca y perder la compostura. Uno grita desesperado cuando anuncia el final: «¡Cómo te vas a ir ahora!». Otro intenta convencer con ironía: «Si en Portugal es una hora menos».

Mariza no se va. Regala media hora de bises, se la ve relajada, feliz, entregada. Es lógico, es el Badasom, el mejor lugar del mundo para cantar fados: se entienden como en Portugal, pero se jalean como en España. La síntesis perfecta. Por eso, ya son las cinco de la mañana y sigo en trances.