10.000 estudiantes de la UEx ya forman parte de la generación Erasmus

Estudiantes Erasmus durante una clase de español para extranjeros en el Instituto de Lenguas Modernas de Cáceres./LORENZO CORDERO
Estudiantes Erasmus durante una clase de español para extranjeros en el Instituto de Lenguas Modernas de Cáceres. / LORENZO CORDERO

El programa educativo europeo se implantó en 1988 en la Universidad de Extremadura y en tres décadas ha acogido a 6.000 jóvenes de otros países

Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOBadajoz

Corría el año 1992 cuando Inés María Gallardo, una joven que estudiaba Filología Inglesa, vio en una de las paredes de la Facultad de Filosofía y Letras del Campus de Cáceres un cartel que anunciaba becas para estancias en universidades del extranjero. Se paró a leerlo por curiosidad, pero en ningún momento pensó que ese anuncio cambiaría su vida. «Estudiar fuera de España me sonaba casi a ciencia ficción. Era algo que solo estaba al alcance de gente con mucho dinero», afirma hoy, un cuarto de siglo después. En esa época, cuando se empezaba a hablar de Internet y las redes sociales aún no habían llegado para conectar el mundo, empezó el viaje de Inés, una campanariense que hizo las maletas para pasar 12 meses en Preston, una ciudad en el condado de Lancashire, en Reino Unido.

Hasta allí llegó junto a algunos compañeros de universidad. Todos con la misma incertidumbre, ilusión y miedo. Era algo totalmente nuevo para ellos. Ni siquiera se podían imaginar el lugar de destino. Para buscar fotos en Google de ciudades todavía faltaban unos años. Y así fue como comenzó su aventura Erasmus. «Era consciente de que aquello era una oportunidad de oro. Lo que no tenía tan claro es si lo que estaba haciendo iba a tener continuidad. Íbamos un poco a ciegas. Por esos tiempos el servicio de Relaciones Internacionales no tenía la solidez de ahora y había que buscarse un poco la vida. Llamé un montón de veces a la Universidad de Lancashire para que me informaran sobre los alojamientos pero no cerré nada antes del viaje. No sabía ni dónde iba a dormir la primera noche. No era tan fácil como ahora. Las asignaturas que supuestamente me iban a convalidar tampoco las llevaba cerradas», confiesa Inés mientras muestra una noticia de HOY publicada hace 25 años.

«En los 90 estudiar fuera de España sonaba casi a ciencia ficción, era una oportunidad de oro»

«En los 90 estudiar fuera de España sonaba casi a ciencia ficción, era una oportunidad de oro»

Ella fue una de las primeras extremeñas que participó en Erasmus, el programa educativo europeo por excelencia que en 2017 cumple su 30 aniversario. A principios de los noventa, desde la Universidad de Extremadura eran muy pocos los que se atrevían a adentrarse en esta experiencia internacional que se puso en marcha en la UEx por primera vez en 1988.

Gallardo, que actualmente trabaja en el departamento de Relaciones Internacionales de la UEx, recuerda que al principio solo unos cien jóvenes por año participaban en esta iniciativa. Actualmente, esa cifra ha ido aumentando y hoy ya suma varios ceros. Después de tres décadas, se puede decir que 10.000 estudiantes de la Universidad de Extremadura ya forman parte de la generación Erasmus.

De ese dato es muy consciente Pablo Hurtado, director de Relaciones Internacionales de la UEx. Él, que estudió Filología Anglogermánica, también fue Erasmus. Pasó el curso de 1994–1995 en Bamberg, una ciudad en la región de Baviera, en Alemania, a orillas del río Regnitz. Luego, se quedó dos años más trabajando allí, hasta que regresó a Cáceres.

«Esa experiencia fue definitiva para mi carrera profesional. Desde el punto de vista académico, conocí un sistema educativo diferente al nuestro, me adapté a una ciudad y a un nuevo idioma y gracias a ello adquirí una preparación que me sirvió para adentrarme en el mercado laboral», recuerda Pablo antes de aludir al último estudio presentado por la Comisión Europea sobre el impacto de este programa. En él destaca que «la tasa de desempleo de los estudiantes que cuentan en su currículum con una experiencia internacional en el marco de Erasmus es un 23% inferior».

Pero sin duda, para él, lo más relevante se produjo a nivel personal. «Adquieres capacidades que no tenías porque no necesitabas. Pasas de ser un elemento reactivo a uno proactivo. El cambio es muy profundo y el que tiene esta experiencia la guarda en su memoria para siempre», afirma. Incluso se atreve a decir que en sus años de carrera profesional no ha visto a un solo estudiante Erasmus arrepentido.

Por el departamento que dirige han pasado miles. Uno de ellos es Fernando Gallardo, estudiante de Medicina que actualmente es beneficiario de una de estas becas en Tesalónica (Grecia). Él está seguro de que esta etapa marcará un antes y un después en su vida. «Debo tener los ojos bien abiertos para aprovecharla al máximo», apunta.

«Estoy seguro de que esta experiencia marcará un antes y un después en mi vida»

«Estoy seguro de que esta experiencia marcará un antes y un después en mi vida»

Eso es precisamente lo que le sucedió a Carlos Carrasco, que estudió Lenguas y Literaturas Modernas (Francés) y fue Erasmus en el curso 2013–2014 en la ciudad francesa de Avignon. «La universidad allí era muy diferente. La forma de enseñar se basaba en aprender por nuestra cuenta», recuerda Carrasco.

Su primera opción era Nantes (Francia), pero no pudo acceder a ella porque se habían agotado las plazas, algo que suele suceder con los destinos más solicitados. Entre ellos, destacan Portugal, Italia, Reino Unido, Polonia y Alemania.

«Contamos con una media de 1.500 plazas anuales. Hay una oferta que triplica el número de beneficiarios. Sin embargo, no siempre se puede acceder al país que tenemos como primera opción», matiza Hurtado.

Nueva convocatoria

Este año, desde el pasado 16 de noviembre hasta el 15 de diciembre se puede hacer la solicitud de participación. La concesión es a través de llamamiento público y será a finales del mes de enero cuando se conocerá la oferta definitiva de plazas y el estudiante podrá seleccionar un destino.

En cuanto a la cantidad económica que perciben, depende del lugar solicitado. Oscila entre 250 y 350 euros mensuales más una aportación adicional para los becarios del Ministerio de Educación. De este modo, la financiación media es de unos 400 euros.

Por su parte, existe una ayuda complementaria que financia la Junta de Extremadura. El importe correspondiente a cada beneficiario es de 200 euros mensuales y subvencionan hasta un máximo diez meses.

Carlos Carrasco fue Erasmus en 2013 y Pablo Hurtado en 1994.
Carlos Carrasco fue Erasmus en 2013 y Pablo Hurtado en 1994. / LORENZO CORDERO

Respecto al tiempo de estancia, un alumno de grado puede participar un máximo de 12 meses en el programa. Cuando cursa el máster tiene la posibilidad de recibir otra beca de un año y en aquellas carreras con acceso directo al doctorado el periodo se amplía a dos anualidades.

En ese tiempo, al igual que los alumnos de la universidad extremeña recorren Europa, esta región también acoge a estudiantes de diferentes países. Desde los inicios del proyecto, han llegado a esta comunidad autónoma más de 6.000. La mayoría de Italia, Francia, Alemania y Reino Unido.

Es el caso de la italiana Cristina Gianni, la belga Pauline Rappe o el alemán Joscha Fuhrmann. Desde el pasado mes de septiembre viven en Cáceres y estudian en la Facultad de Filosofía y Letras. Además, acuden a clases de español para extranjeros en el Instituto de Lenguas Modernas. Se muestran encantados con la ciudad porque es «muy cómoda y barata». Sin embargo, coinciden en «lo mucho que se tarda en llegar desde Madrid en tren», un viaje que no tendrán más remedio que repetir en febrero para regresar a su país. Sin embargo, posiblemente ya no serán los mismos y, quizás, dentro de otros 30 años, cuando echen la vista atrás, también podrán decir que Erasmus les cambió la vida.

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