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Acedo o el fracaso del PP

  • Es obvio que no ha habido vuelco, tampoco se ha producido 'el cambio' con mayúsculas que ansiaba la oposición, pero las urnas nos han traído muchas novedades

Los emergentes ya están en el Congreso y aunque ninguno ha ganado, su triunfo consiste en que van a ser quienes decidan quién nos gobierna durante los próximos años. Es obvio que no ha habido vuelco, tampoco se ha producido ‘el cambio’ con mayúsculas que ansiaba la oposición, pero las urnas nos han traído muchas novedades. Uno de esos pequeños, pero significativos cambios ha sido la entrada de Podemos en el reparto de escaños en Extremadura. Amparo Botejara, una médico veterana, amateur en la política, desbanca a un profesional de la vida pública, el exalcalde de Mérida y exsenador Pedro Acedo. Todo un símbolo del cambio de época que abren estas elecciones.

Acedo, que en mayo perdió la Alcaldía de Mérida, no logró ayer el puesto al que aspiraba en el Congreso de los Diputados. El pueblo soberano le ha jubilado. Su fracaso fue el de su partido en Extremadura. El PP de Rajoy aguantó mal que bien en España, pero se pegó un sonoro batacazo en la región, especialmente en la provincia de Badajoz, donde pasó de los cuatro escaños que logró en 2011 a dos. Uno lo recuperó el PSOE, que en Extremadura se agarra a un sólido 36%, y el otro se fue a Podemos, que abre brecha en el histórico bipartidismo extremeño.

No ha sido Ciudadanos, como pronosticó el CIS, el partido llamado a robarle un escaño a los viejos partidos en la región, sino Podemos. Aunque los más de 70.000 votos del partido de Rivera tienen mucho mérito para una fuerza nueva, no han sido suficientes para entrar en el reparto de diputados. Se han quedado muy cerca de lograrlo después de haberle arrebado decenas de miles de votantes al PP. La sangría de este partido, que ha perdido más de 115.000 votos en cuatro años en Extremadura, avivará algunos de los malestares que se acallaron tras la pérdida de las elecciones autonómicas de mayo. A Pedro Acedo, desajolado de todo poder y con una larga historia de disidencia interna, se le abren dos opciones, o resignarse a su jubilación política, o conspirar.