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«Entiendo que los españoles estén decepcionados con Europa»

Martin Schulz. / Álvaro Cabrera
  • MARTIN SCHULZ, candidato socialdemócrata a la Comisión, participó en un mitin en Málaga junto a Elena Valenciano y muestra su preocupación por los partidos antieuropeístas

Desde el 17 de enero de 2012, Martin Schulz preside el Parlamento Europeo, una Cámara de la que es miembro, por el SPD alemán, desde 1994. Este librero nacido en Eschweiler, en la región germana de Renania del Norte–Westfalia en 1955, es la apuesta de los socialdemócratas a presidir la Comisión Europea. En su gira de campaña por el continente, ayer aterrizó en Málaga para participar en un mitin con la presidenta andaluza, Susana Díaz y la número uno de la lista del PSOE nacional, Elena Valenciano. Antes del encuentro con la militancia, concedió una entrevista a este periódico.

–Acaba de comenzar la campaña para las elecciones del día 25 y la sensación generalizada es el escaso interés que despierta. En estos años de crisis la ciudadanía se ha alejado de Europa.

–No creo que haya una falta de interés, sino que creo todo lo contrario, y la participación va a ser mayor. Durante los últimos cinco años se ha hablado mucho de Europa y esto va a hacer que la gente se interese aún más por estas elecciones y lo que se decide en Europa.

–Las encuestas revelan que el euroescepticismo ha crecido en todos los países, incluso en aquellos tradicionalmente proeuropeos como España. ¿Cómo pretende convencerlos en esta campaña para que vayan a las urnas?

–Entiendo que los españoles estén decepcionados con Europa; hay una sensación de injusticia en Europa. Los especuladores han conseguido millones de beneficios por los que no han pagado impuestos y cuando ha habido millones de pérdidas han pagado todos los ciudadanos. Estamos pidiendo enormes sacrificios a la ciudadanía. Por eso, los socialistas debemos estar preparados para demostrar a los ciudadanos que se puede reintroducir el equilibrio social en Europa.

–En este contexto, se vislumbra el resurgimiento de partidos nacionalistas, populistas y antieuropeos, incluso xenófobos. ¿Le inquietan?

–Estoy muy preocupado con estos partidos. Para todas las cuestiones tienen a alguien a quien culpar, un chivo expiatorio, pero ninguna solución. Ese es el problema, que toleremos que estos partidos puedan echarle la culpa de todo a todo el mundo y no les exijamos soluciones. Estas elecciones son una oportunidad para que los partidos democráticos propongan a los ciudadanos soluciones concretas con las que ganar de nuevo la confianza de los ciudadanos.

–¿Hay riesgo de fractura o escisión en la Unión Europea?

–Eso ya está ocurriendo ahora. La lección que nos ha enseñado esta crisis es que se ha producido una ruptura, una división entre países y dentro de esos países entre la propia ciudadanía.

–¿Cómo se combate ese riesgo de ruptura?

–Reintroduciendo el principio en el que se basa la Unión Europea de respeto mutuo. No hay un país que sea mejor que otro. Eso es lo que vemos en lo que está ocurriendo en Ucrania, donde hay un país que es más fuerte que otro y decide sobre éste. Lo que yo pienso es que todos somos iguales. Yo quiero una Europa en la que unos países no se sientan superior a otros. Quiero restablecer el equilibrio entre los países ricos y menos ricos, entre los grandes y los pequeños, y que volvamos a ser socios y amigos en Europa. El partido conservador alemán me critica a mí que sea el agente, el representante, de los intereses de los países del sur de Europa. Esa crítica es un ejemplo de lo que es el nacionalismo.

–La crisis económica y las medidas de austeridad impulsadas desde Europa han provocado el rescate de algunos países y duros recortes, en otros, ¿el Estado del Bienestar tal y como era conocido hasta ahora ha desaparecido y ya no volverá?

–Debemos reintroducir el papel del Estado en dos niveles. Sólo las personas ricas pueden permitirse tener un Estado débil, porque puede comprarlo todo; la gente normal necesita que el Estado les proteja a ellos y a sus hijos. El segundo papel que debemos recuperar es el del Estado como inversor, que eso ha desaparecido y ha debilitado considerablemente la economía. Por ello, la lucha contra el fraude fiscal y la evasión fiscal serán, junto al empleo, una de mis principales prioridades de si accedo al cargo de presidente de la Unión Europea.

–La Unión Europea ha avanzado mucho en lo económico, sin embargo no hay una política común en materia fiscal, de lucha contra el fraude, de política exterior o de salarios mínimos.

–En este sentido, ya he mencionado la necesidad de una lucha contra el fraude y la evasión fiscal. No tiene sentido discutir únicamente sobre los recortes, tenemos que hablar también sobre las fuentes de ingresos. Voy a proponer a los estados miembros un principio: el país de tu salario es el país de tus impuestos, el trabajador no puede decir que cobra en España y pagar los impuestos en Portugal, por ejemplo; el empresario sí puede hacerlo. El empresario gana unos beneficios aquí y paga sus impuestos, por ejemplo, en Luxemburgo. La propuesta es que trabajadores y empresarios deben pagar sus impuestos en el país donde obtienen sus beneficios. En segundo lugar, debemos abordar el desempleo juvenil que es uno de los asuntos más importantes porque está destruyendo la sociedad.

–En este contexto que hemos descrito de la Europa actual y de los últimos años, hay una percepción generalizada y es que la izquierda europea no ha sido capaz de articular unas medidas y un discurso alternativo a las políticas conservadoras.

–No es cierto que los partidos socialdemócratas no tengan una alternativa. Durante la última década hemos tenido una mayoría apabullante de gobiernos conservadores en los países de la Unión Europea que han mandado comisarios conservadores a la Comisión. Como siempre suele ocurrir cada cinco años cuando llegan las elecciones europeas, la derecha envía mensajes a la gente que son socialistas, pero cuando gobiernan se dedican a implantar políticas muy duras.

–A pesar de lo que usted comenta, los hechos demuestran que el SPD, su partido, cogobierna con la conservadora Angela Merkel en Alemania y el socialista Manuel Valls ha aprobado un paquete de medidas de recortes en Francia.

–El análisis no se puede quedar en hechos puntuales, sino que hay que tener una visión global. El SPD ha introducido en Alemania, en el cogobierno, el salario mínimo; es un logro socialdemócrata. Nosotros forzamos que Merkel votara a favor de la tasa a la transacciones financieras. En el caso de Francia, desde 1995 a 2012, transcurrieron 17 años, entre ellos los de la crisis económica, de gobiernos conservadores con Chirac y Sarkozy como presidentes, quienes doblaron la deuda pública de Francia; ahora un presidente socialista tiene que hacerse cargo de ese desastre y le echan la culpa de ello. La derecha es experta en decir que ellos no tienen nada que ver con lo sucedido en Francia, pero ¿quién gobernó Francia durante 17 años?

–Por primera vez el presidente de la Comisión será elegido por el Parlamento Europeo. ¿Servirá para que la Comisión sea un verdadero contrapeso al Consejo?

–Así es, está claro. A nivel europeo necesitamos un sistema de contrapesos porque tenemos un enorme poder en el Consejo Europeo que deberá ser equilibrado con las dos instituciones comunitarias: el Parlamento y la Comisión.

–Si se convierte usted en presidente de la Comisión, ¿cuáles serán las primeras medidas que propondrá a los estados miembros?

–La lucha contra la evasión fiscal, la lucha contra el desempleo de los jóvenes y la reforma de la Comisión Europea porque no tenemos que hacer todo en Bruselas, sino que voy a proponer la introducción del principio de que todo aquello que se pueda hacer mejor en el nivel local, regional o nacional se haga en estos territorios y no en Bruselas.