Pensionistas indignados

La movilización demuestra que hay un descontento creciente por la falta de respuesta institucional a la crisis de las pensiones

Las manifestaciones de ayer a favor del sistema público de pensiones y de la actualización de su cuantía en relación al IPC fueron la expresión de un movimiento al alza entre sus perceptores; de jubilados que en distintas ciudades vienen concentrándose para reclamar lo que consideran suyo por haber cotizado durante años. A la preocupación por el futuro de sus ingresos se le sumó la indignación que mostraron por la carta remitida con la firma de la ministra Fátima Báñez anunciándoles la subida del 0,25%. Esto último no sería más que un argumento para la movilización si en la sociedad no hubiera cundido la sensación de que ni el Gobierno ni las demás instituciones concernidas acaban de hablar claro sobre el futuro a corto plazo de las pensiones y sobre la sostenibilidad a largo plazo de la Seguridad Social. Es la clamorosa falta de respuestas convincentes a las preguntas que se formula la ciudadanía, y en especial los pensionistas, lo que apunta la gestación de un fenómeno social de contestación diversa y generalizada. Los actuales pensionistas protestan porque, con la recuperación económica y el consiguiente incremento de los precios al consumo, pierden poder adquisitivo. Las personas que están próximas a la edad de jubilación se inquietan por las condiciones de su retiro. El resto de la sociedad pone en duda, si no la continuidad de la Seguridad Social, sí la viabilidad de las actuales pensiones públicas ya en la próxima década. Los miles de pensionistas que ayer salieron a la calle y que seguirán haciéndolo son la parte más visible de un descontento que será muy difícil que se disipe. O se procede con urgencia a una revisión en profundidad del sistema de pensiones o las personas de más edad experimentarán tantos sentimientos de fatalidad e impotencia como los sentimientos de frustración que afectan a los jóvenes. En tanto que el Estado, también a través del diálogo social, no ofrezca una salida fiable a la crisis que atraviesa el sistema el resultado apunta a una sociedad más dual que la actual. En tanto que el clima preelectoral impregne cada día más la vida pública, y los pensionistas se conviertan en un preciado botín de campaña, será imposible hallar una solución.

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