El Corte Inglés: la herencia que reventó los frágiles lazos familiares

Isidoro Álvarez, expresidente de El Corte Inglés fallecido en 2014./Matías Nieto
Isidoro Álvarez, expresidente de El Corte Inglés fallecido en 2014. / Matías Nieto

El legado de Isidoro Álvarez ha destapado las históricas rencillas entre las sagas propietarias del grupo, que ahora ya se avivan en público

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Cuando el anterior presidente de El Corte Inglés, Isidoro Álvarez, aparecía en alguno de sus centros todo y todos estaban en orden. Y si no, él se encargaba de hacer funcionar a la perfección cualquier departamento, escaparate o caja de cobro. Ninguna cuestión interna ensombrecía la evolución del negocio de distribución durante las más de dos décadas en las que estuvo al frente de la corporación (1989-2014). Pero como en casi toda empresa familiar, han sido los recelos, las enemistades y las relaciones personales las que ahora han florecido en contra de los intereses de la propia compañía. No está de más recordar un dato del Instituto de Empresa Familiar: solo un 80% de este tipo de empresas consiguen llegar a la tercera generación.

El conflicto accionarial de El Corte Inglés no solo concierne a los descendientes de los asturianos César Rodríguez y Ramón Areces. El devenir de la compañía condiciona la propia economía española, donde se configura como una empresa sistémica: emplea de forma directa a casi 100.000 trabajadores. Por eso, los movimientos de los familiares de aquellos empresarios que se empaparon del sector comercial en La Habana (Cuba) resultan tan cruciales para toda la sociedad, siempre dispuesta a acoger alguno de los grandes almacenes cerca de sus casas.

El germen de la destitución de este jueves de Dimas Gimeno como presidente del grupo se remonta a principios de los años 90. Fue entonces cuando su presidente, Isidoro Álvarez, contrajo matrimonio con María José Guil. Era una pareja discreta desde hacía años, sobre todo porque ella -viuda de una relación anterior- tenía dos hijas, Marta y Cristina, a las que el dueño de los grandes almacenes adoptó como propias en 2004 de forma oficial. Incluso cambiaron sus apellidos para afianzar esos lazos familiares.

No todos en la casa veía con buenos ojos que las hermanas Álvarez Guil se colocaran en primera línea de sucesión. Pero aparentemente era una cuestión baladí porque esta contingencia fatídica se atisbaba aún lejana. Los hermanos del entonces presidente, María Antonia y César Álvarez, madre y tío de Dimas Gimeno, se mantuvieron al margen de cuestiones hereditarias durante casi una década.

Así lo hicieron hasta septiembre de 2014, cuando Álvarez pereció. Las aguas estaban calmadas: Marta y Cristina apenas se prodigaban públicamente; su primo, Dimas Gimeno, fue apuntado con el dedo por su tío -al igual que el propio Ramón Areces hizo con Isidoro, su sobrino- para convertirse en su delfín desde 2013; y el resto de sagas familiares seguían a pie juntillas el legado del histórico ejecutivo.

Negocio de 10.000 millones

Pero con una herencia empresarial de por medio valorada en 10.000 millones de euros, pronto comenzaron a avivarse los problemas entre los descendientes. El primer conato de conflicto llegó en el verano de 2015, cuando Gimeno alcanzó un acuerdo con el inversor catarí Al Thani para que adquiriera el 10% de El Corte Inglés. Fue un primer paso para abrir la empresa al mercado y acotar la intervención de las familias en la gestión. Los Areces, con un 9% (Ceslar), se opusieron al fondo y las formas de la operación y fueron cesados del consejo -su representante era Carlota Areces- iniciando una larga batalla judicial de la que aún quedan algunos flecos.

El verdadero terremoto llegaba en octubre del año pasado, cuando las hermanas Álvarez Guil comenzaron a tomar protagonismo en el seno de la compañía. De propietarias en la sombra -ostentan la primera participación en la corporación- pasaron a convertirse en figuras decisivas. Hace diez meses, forzaron un cambio estratégico en la dirección por el cual el presidente -su primo- dejaba de tener funciones derivándolas a dos consejeros delegados próximos al anterior presidente -su padre-, Del Pozo y Nuño de la Rosa.

Las discrepancias en la gestión de Gimeno revelan una pugna familiar que se ha formalizado a base de demandas. Al caso de los Areces contra Dimas Gimeno se unió el de otra saga, la de los Álvarez -encarnada en la figura de la madre del hasta este jueves presidente, María Antonia, junto a su hermano-. También presentaron una demanda por los cambios estatutarios aprobado por la mayoría accionarial de las hermanas Álvarez Guil con quienes comparten propiedad de IASA, la sociedad que controla un 22% de El Corte Inglés. Ellas, en primera línea de sucesión, se verían beneficiadas en el abono del Impuesto de Sucesiones en la Comunidad de Madrid -bonificado casi al 100%- frente a los Álvarez que, en segunda línea hereditaria, deberían abonar mucho más dinero al fisco.

Las posturas antagónicas de las sagas no parecen ofrecer aún el consenso necesario para cerrar unas heridas con las que seguir impulsando al gigante de la distribución.

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