Deuda a bajo precio

Es prudente proyectar a medio plazo un retorno a niveles de endeudamiento más sostenibles

A partir de abril de 2015, España, muy endeudada por la crisis, ha visto cómo el calvario que suponía la secuencia de subastas para conseguir financiación se convertía en un camino de rosas, con intereses negativos. Así, la deuda a corto plazo –entre tres y doce meses– subastada entre enero y junio del año en curso se ha conseguido financiar al -0,398% de media, frente al -0,111% de un año antes. De hecho, hasta junio se han colocado casi 48.000 millones a tipos negativos, lo que significa que casi el 37% de la deuda emitida en el semestre se ha conseguido a un interés que está por debajo de cero. Este comportamiento excepcional de los mercados se traduce en un ahorro constante en intereses de deuda que supera los 5.000 millones en los dos últimos ejercicios. La financiación de la deuda y la marcha de la economía forman un bucle virtuoso, ya que aquella se consigue a mejor precio porque estamos creciendo a tasas superiores al 3%, lo cual es también en parte consecuencia de las buenas condiciones de financiación. La confianza, tanto de los consumidores en la bonanza española, cuanto de los prestatarios de los créditos que permiten financiarnos y que se traduce en una prima de riesgo baja, es clave en este proceso ascendente, que sin embargo no sería inteligible si no se tuvieran en cuenta las políticas expansivas del BCE. Cada vez va ganando más terreno en el consenso económico la tesis de que el BCE, de la mano de Draghi, es el verdadero artífice de la salida de la crisis española y europea. Las políticas expansivas de compra de activos han sido poderosos vientos de cola que han sacado a las economías maltrechas del marasmo, que era el efecto negativo, seguramente inevitable, de las políticas de austeridad. El rigor económico regado con recursos abundantes ha obrado el prodigio. Con todo, no deberíamos cometer el error de pensar que esta situación es eterna, con lo que lo elevado de nuestra deuda, en el entorno del 100% del PIB, no es preocupante. Cuando los tipos de interés vuelvan a situarse en posiciones más realistas, ya sin el oxígeno de Fráncfort, el Presupuesto se resentirá, como es natural. De ahí que lo prudente es proyectar a medio plazo un retorno a niveles de endeudamiento más sostenibles, si no queremos legar a las futuras generaciones una herencia envenenada.

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