Crecimiento ensombrecido

Los responsables de la recuperación deben reconocer las carencias que presenta

La recuperación económica en España ofrece un cuadro positivo que no alcanza las condiciones de 2007, en vísperas de la crisis. Diez años después de la primera recesión, el mercado de trabajo y las cuentas públicas reflejan todavía los destrozos que causó y que reeditaría la segunda contracción de nuestra economía. El nivel de renta sí se ha recuperado, gracias al comportamiento del sector exterior y al incremento del turismo, con un 39% en la llegada de visitantes –de 59 a 82 millones–. Pero prácticamente todos los demás indicadores sitúan a la sociedad española por debajo de los parámetros de 2007. El tono de satisfacción con que el presidente Rajoy y su Gobierno describen el momento soslaya los datos que ensombrecen la recuperación. Pero no solo por ventajismo o voluntarismo. También porque se ha instalado la idea de que el país, sus instituciones y sus actores económicos y sociales han hecho todo lo que estaba en su mano para la recuperación. En otras palabras, que no había una alternativa solvente a la política desarrollada, capaz de garantizar unos mejores resultados financieros, en la economía real y en el Estado del bienestar. Los últimos años de volatilidad política e inestabilidad institucional han contribuido a banalizar la dimensión económica de los retos que afronta España. De ahí que se imponga la tesis de que las cosas no han podido ir mejor. La tasa de paro es hoy el doble –16,4% frente al 8,6% de 2007–. La temporalidad laboral se ha reducido, pero de manera insignificante cuando solo 1 de cada 10 contratos de 2017 puede considerarse indefinido. Los salarios han acumulado una pérdida de su poder adquisitivo del 7% en los últimos diez años. Y es mayor la población en riesgo de pobreza y exclusión. Sería descorazonador concluir que no cabía un balance más halagüeño que éste. Condenaría al país a la fatalidad o poco menos. Muy atrás quedaron las invocaciones a un cambio de modelo productivo. Un realismo escéptico ha acabado dominando el escenario, por otra parte incierto. El 3% de déficit, cerca del 100% de deuda pública y la recaudación del IRPF por debajo de 2007 auguran dificultades para la financiación de los servicios públicos en el Estado autonómico. Puede que no exista una fórmula alternativa a la propia inercia del crecimiento, pero parece necesario que los responsables de la recuperación hagan mención a las carencias que presenta.

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