Cerco proteccionista

Europa ha de defender la libertad de comercio para no hipotecar las posibilidades de sus ciudadanos en consumo e innovación

La ministra Nadia Calviño advirtió el martes en el Congreso que la economía global podría dirigirse hacia un ciclo de ralentización que, en principio, no afectaría a la previsión de crecimiento que el Gobierno español maneja en sintonía con los vaticinios del mandato de Rajoy. La Comisión Europea corregirá hoy a la baja sus pronósticos sobre la evolución de los países de la UE durante este año y reducirá una décima, hasta el 2,8%, la estimación para España. El apunte de Calviño pareció anunciar otro ajuste cíclico en la economía mundial, como si se tratara de un vaivén natural y hasta cierto punto saludable. Pero Bruselas está preocupada por algo mucho más concreto: la espiral proteccionista que deriva de las decisiones de la Administración Trump como factor que constriñe el libre mercado y retrae el comercio internacional hasta contribuir a una 'deseconomía' global. La guerra arancelaria desatada por el peculiar inquilino de la Casa Blanca, que incentiva un proteccionismo en cadena, amenaza con frenar el crecimiento y la prosperidad de la Unión, contrasta con el compromiso que los socios de la UE y las empresas radicadas en ellos vienen asumiendo desde hace décadas a favor del libre comercio. Por testimonial que resulte, Europa no debería sumarse a la dinámica de aranceles recíprocos con la que Washington y Pekín parecen disputarse la hegemonía contra la globalización, en tanto que el proteccionismo atiende a los intereses de las compañías menos competitivas, o que precisan siquiera momentáneamente de la cobertura de las instituciones públicas. La Europa de la Unión está obligada a defender sus principios sobre la economía y el comercio libres porque, si se convirtiera en gregaria acrítica del proteccionismo, acabaría hipotecando las posibilidades de 500 millones de ciudadanos como un colectivo autónomo de consumidores exigentes y productores dispuestos a la innovación. Para ello, es importante que cada país miembro de la UE aplique políticas consecuentes con la apertura de los mercados y la competitividad de las empresas. Es importante que el Gobierno español ciña sus Presupuestos para 2019 a la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública, que sopese de qué modo asegurar el equilibrio en la cuentas respectivas de las distintas administraciones –central, autonómica y municipal– para contribuir al bienestar y al crecimiento al mismo tiempo, y que recapacite sobre dos propósitos que podrían volverse contradictorios: elevar la presión fiscal y fomentar el incremento de los salarios.

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