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Miguel Blesa defiende ante el tribunal que las tarjetas 'black' fueron una forma de «dignificar» su sueldo

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Miguel Blesa declarando ante la Audiencia Nacional. / Efe | Vídeo: Atlas

  • El expresidente de Caja Madrid tiene «claro» que eran «de libre disposición» y niega su «oscuridad»: los auditores tenían «suficientes pistas para deducir su existencia»

  • No sabe, sin embargo, por qué no aparecían aparentemente en los emolumentos declarados a Hacienda ni porque algunos exconsejeros siguieron usándola tras su cese

Miguel Blesa, quien fuera presidente de Caja Madrid entre 1996 y 2010, tiene “claro” que las tarjetas -más conocidas como ‘black’- que él y gran parte de la cúpula de la entidad de ahorros recibieron en aquella época eran para “complementar” su sueldo. Más en concreto, “una forma de dignificar la remuneración”, en especial de los consejeros a tenor de lo que venía ocurriendo en otras entidades de ahorros tras las liberalización del sector. Así lo declaró este viernes ante los tres magistrados que forman el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga la presunta apropiación indebida de hasta 15,5 millones de euros entre 1999 y 2012 a través de ese medio de pago por parte de él mismo y otros 64 ex altos cargos de la caja madrileña y de Bankia, su sucesora tras la fusión con otras entidades similares.

Fue el primero en declarar entre una expectación inusitada y, al final, su comparecencia se prolongó bastante menos de lo previsto -no llegó a las dos horas- ante su negativa a contestar a las preguntas que querían hacerle buena parte de los abogados. Solo aceptó responder a las cuestiones que le planteó el fiscal Alejandro Luzón, las de su abogado y, obviamente, las del propio tribunal, que antes de escucharle anunció que había rechazado todas las cuestiones previas planteadas por las defensas,. Nada de aceptar algún interrogante por parte de los letrados del resto de acusados y menos aún de las acusaciones, ni las particulares -que ejercen Bankia, su matriz BFA y el FROB por mor de su rescate multimillonario- ni tampoco las populares.

Entre certezas y dudas, algunas demasiado evidentes, Blesa trató de salir lo mejor posible del interrogatorio -algo severo, aunque no en exceso- que le planteó el representante del Ministerio Publico, quien en varias ocasiones le interrumpió cuando consideraba que el exfinanciero de ejercicio -e inspector de Hacienda de profesión- se iba en exceso por las ramas y evitaba contestar de forma directa a sus preguntas. Así, cuando vio que se alargaba en comentarios sobre una reunión del consejo de Caja Madrid en mayo de 1988 donde él sitúa el origen de las ‘black’ -en aquel acta, sin embargo, solo se habla de tarjetas para gastos de empresa-, Luzón le detuvo casi en seco: “perdone, ¿estuvo usted presente entonces?”. “No”, contestó Blesa. “Pues entonces casi mejor vamos a seguir avanzando”, replicó el acusador.

Blesa parecía haber aprendido bien la lección respecto a su primera declaración en la fase de instrucción (octubre de 2014), evitando respuestas concisas y alargándose en circunstancias más favorables a su defensa aunque no tuvieran que ver directamente con la pregunta. Así, insistió en varias ocasiones en que las tarjetas eran “de libre disposición”. “No se exigía justificación alguna” sobre sus gastos, abundó en esa misma línea de defensa tanto ante el fiscal como ante su abogado, a quien señaló que “cada consejero podía gastar como le pareciera oportuno”. Ello, sin embargo, no era óbice para que la caja de ahorros sí pudiera “saber cuánto se gastaba y en qué” aunque esa era información “delicada”, advirtió, porque “nadie tiene por qué saber dónde gasta uno si dinero”, en alusión a las filtraciones posteriores que se hicieron de sus movimientos.

«Sin ocultación»

Y es que una de las aparentes obsesiones del expresidente de Caja Madrid en su declaración fue negar que las ‘black’ formaran parte de un sistema “opaco” de retribuciones paralelas, como afirmó el juez instructor del caso y sostienen las acusaciones. “No ha habido oscuridad en los gastos”, dijo tras argumentar que para eso sus saldos figuraban en los resultados anuales de la entidad. “No hay ocultación alguna -insistió- y la prueba es que la inspección (de la Agencia Tributaria) pudo acceder -años más tarde, eso sí- a ellas. "Los auditores -añadió- necesariamente conocían la existencia de las tarjetas” porque a través de medios como, por ejemplo, las actas del consejo o los documentos de los inspectores, “tenían suficientes pistas para deducit su existencia”. “¿Dice pistas?”, le interrumpió el fiscal. “Bueno, me refiero a información del banco”, le contestó el exfinanciero para salir lo mejor posible del aprieto.

El problema para Blesa llegó cuando no pudo -o no supo- concretar las respuestas a algunas preguntas que se antojan claves para determinar hasta qué punto existía o no un control sobre las ‘black’. Lo primero, y pese a su insistencia en hacer ver que estas tarjetas se aprobaron en 1988 por el consejo de Caja Madrid que entonces presidía Jaime Terceiro, no pudo explicar porque en esas actas solo se habla de “tarjetas para gastos de empresa” y nada se dice respecto a que pudieran ser de libre disposición. Y del hecho de que aparentemente no hubieran sido declaradas al fisco, tan solo pudo apuntar que los beneficiarios “teníamos la creencia de que era así y de que las cosas se hacían bien”, en este caso desde la entidad incluyéndolas en su certificado anual para Hacienda.

Después tampoco aclaró por qué a algunos consejeros y altos cargos se les facilitó una clave PIN para manejar libremente sus ‘plásticos’ pero a otros no -“no sé qué decirle, no lo supe en su día”, contestó al fiscal-, e igual pasó con el hecho de que algunos usuarios continuarán disfrutando de ellos incluso tiempo después de cesar en sus puestos. “No sé por qué ocurrió así, ni si alguien lo autorizó...”, declaró, aunque en su caso afirmó que devolvió la tarjeta al día siguiente de dejar la presidencia. “El resto no lo sé”, apostilló.