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Comisiones a la baja

No hace tanto tiempo, una parte de la banca combinaba su negocio tradicional con su participación directa en la industria. De este modo, su cuenta de resultados se nutría tanto de lo que obtenía de aquella actividad cuanto de los resultados de las empresas industriales en que participaba. Aquel modelo periclitó a finales del siglo pasado, y una armonización de las prácticas bancarias en la Unión Europea apostó por la banca pura, dedicada exclusivamente a prestar crédito y otros servicios financieros a sus clientes. Y llegó la gran crisis, en buena medida provocada por el propio sector financiero multinacional con raíces norteamericanas, y las terapias aplicadas de política monetaria de carácter expansivo, necesarias para salir de la recesión y recuperar el crecimiento, aplicadas por los bancos centrales, han consistido, básicamente, en reducir drásticamente los tipos de interés, que son en este momento negativos y que lo seguirán siendo en el futuro. En estas condiciones, les resulta muy difícil a los bancos obtener beneficios de sus operaciones crediticias, dado lo limitado de sus márgenes de intermediación. Y de ahí que diversas instancias autorizadas hayan recomendado al sector que se acostumbre a cobrar comisiones por los servicios prestados. El presidente de la Asociación Española de Banca (AEB) explicaba este pasado abril que hay que «cobrar comisiones por los servicios y los clientes tienen que acostumbrarse». Naturalmente, el cobro de comisiones ahuyenta al cliente, por lo que los bancos son reacios a imponerlas, con lo que en el último año, en lugar de aumentar, disminuyeron. En general, al competir entre ellos, los bancos suelen reducirlas en operaciones del día a día y en cambio las incrementan en partidas relacionadas con la gestión de patrimonios, seguros, fondos y operaciones procedentes de banca de inversión. Por este medio, el sector bancario consigue capear el temporal, reduciendo discretamente sus beneficios y llevando a cabo más o menos solapadas reconversiones a la baja, que son coherentes con la evidencia de que gran parte de las operaciones bancarias ya se realizan en el ámbito virtual de internet. También la banca ha de acabar de aclimatarse al cambio y las nuevas tecnologías.