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Rosberg aprieta lo justo y necesario

Hamilton, en los entrenamientos.
Hamilton, en los entrenamientos. / Reuters
  • Hamilton se lleva el viernes de Abu Dabi, pero con sólo ocho centésimas de ventaja sobre el líder del Mundial

  • Alonso prueba para 2017 y Sainz se queda con las ganas por una misteriosa avería que provocó dos pinchazos en el coche de Kvyat

Confundir prisa con rapidez suele llevar a equívocos y accidentes. Los que tienen mucha prisa por ser campeones suelen perderlo, aunque tengan una ventaja tan sobrada como la que goza ahora mismo Nico Rosberg. El alemán sabe que con repetir lo que ha hecho en 14 carreras este año: subir al podio. Haciéndolo, será campeón del mundo. ¿Para qué se la va a jugar en un viernes de entrenamientos libres en un anodino y fácilmente asumible circuito de Abu Dabi?

Lewis Hamilton se llevó con solvencia sobrada las dos sesiones de la primera jornada en el Yas Marina, aunque no le sirvan para mucho más que para comprobar que su inmenso Mercedes sigue en perfectas condiciones. Sólo un fallo, una avería, un eclipse total o una serie de catastróficas desdichas para Nico Rosberg le apartarían del título al alemán. Hamilton sólo puede conformarse con mirar por los retrovisores y esperar que un Max Verstappen, Daniel Ricciardo, Kimi Räikkönen o Sebastian Vettel (acabó con rotura de la caja de cambios) le hagan un favor. Necesita, al menos, a dos de ellos entre su trasera y el morro de su compañero para levantarle el título al germano cuando todos, o casi todos, apuestan por él.

La jornada del viernes sirvió para poco más que para comprobar que los neumáticos (algo que no es sorpresa) serán clave este fin de semana. Rosberg acabó la sesión con bastante más ‘graining’ del que hubiera deseado en los compuestos ultrablandos, provocado por el cambio de temperatura entre el inicio de los segundos libres y el final. La idiosincrasia de la carrera de Abu Dabi, que comienza de día y acaba de noche, hace que el asfalto pierda calor a una velocidad vertiginosa conforme avanzan las vueltas, lo que puede generar que las estrategias se conviertan en algo mucho más determinante de lo que en Mercedes esperan.

“Necesito la ‘pole position’. Es donde tengo que estar y donde quiero estar. Aquí necesitas mucha ventaja para poder adelantar”, avisa Hamilton, consciente de que poco puede hacer más que ganar. “Para mí es un fin de semana normal”, advierte Rosberg, como contrarréplica.

Para Mercedes queda mucho 2016. Exactamente tres horas y media de temporada, quizá algo más si la carrera del domingo se alarga, y ahí se van a jugar el todo por el todo los dos bandos hermanos de una guerra civil en la que, pase lo que pase, va a ganar el espectáculo.

Para otros equipos el 2016, directamente, se ha acabado. McLaren es uno de ellos. El equipo británico, que estrenó a Zak Brown como uno de sus jefes, dedicó este último viernes de la temporada para ensayar diferentes combinaciones de cara al coche de 2017, que a poco que sea mejor, ya les permitirá pelear por los puestos que sueñan. El propio Fernando Alonso lo confirmaba después de la jornada. “El objetivo del fin de semana es intentar sumar puntos el domingo, acabar delante de Toro Rosso para que no nos recuperen los doce puntos de ventaja, y aprender para el año que viene”, aseveró el asturiano. Poco más o menos que lo del resto del año.

'Black Friday' en Toro Rosso

Por suerte para McLaren, sus rivales de Toro Rosso no están pasando sus mejores días. Una de las últimas soluciones técnicas que implementaron en los coches de Kvyat y Sainz les está dando más quebraderos de cabeza de lo previsto. Concretamente, las llantas. El piloto ruso vio cómo tenía que abandonar tanto en los primeros como en los segundos libres debido a un pinchazo, provocado por esa pieza. Desde el equipo, notablemente enfadados, le ordenaron a él y a Carlos Sainz que se metieran en boxes inmediatamente con el objetivo de desmontar los dos monoplazas, comprobar qué es lo que pasaba y, si podían, arreglarlo para acabar el año en condiciones.

“No encontramos la causa”, se lamentaba un Sainz que volvió a boxes no por orden de su equipo, sino de la propia FIA, que exigió una explicación de la anomalía que había provocado el incidente. “Ponemos soluciones pero sin hallar la causa. Si esta noche me dicen que sabemos exactamente por qué tenemos estos pinchazos, tendré plena confianza”, se resignaba, no sin cierta desconfianza, el madrileño.