María Ribera se nutre de las propiedades del rugby kiwi

María Ribera, durante un encuentro de las Series Mundiales disputadas en Sidney. /HOY
María Ribera, durante un encuentro de las Series Mundiales disputadas en Sidney. / HOY

A finales de enero logró con España el sexto puesto en las Series Mundiales disputadas en Sídney | La jugadora pacense ha pasado dos meses en Nueva Zelanda aprendiendo fundamentos técnicos

MANUEL Gª GARRIDO BADAJOZ.

Al fondo atrona cíclicamente una melodía de aviso de una megafonía anunciando las salidas de varios vuelos. Es la 01.25 de la madrugada en España, diez horas más en Brisbane (Australia), desde cuyo aeropuerto María Ribera aguarda su embarque de vuelta a casa relatando a HOY su experiencia en las antípodas. Australia ha sido su última parada después de pasar dos meses en Nueva Zelanda.

La jugadora pacense atesora en su equipaje la reciente sexta plaza lograda con la selección española de rugby 7 en la segunda cita de las Series Mundiales que se ha disputado en Sídney a finales de enero. «Es un papel increíblemente bueno. Venimos de no meternos en ningún momento entre los ocho primeros el año pasado y la temporada anterior también fue complicada».

'Las leonas' ya firmaron en noviembre una actuación muy notable en la anterior cita internacional del 7 en Dubai, donde finalizaron en séptima posición, sumando unos valiosos ocho puntos en la clasificación. En Australia han dado un paso más allá en una evolución que parece no tener techo. «Somos un grupo que se está construyendo con jugadoras de los JJ OO (Río 2016), más veteranas, y otras jóvenes talentosas con futuro. Además, tenemos nuevo entrenador y poco a poco vamos a más, tanto en resultados como en el proceso».

«Nosotras nos reunimos una semana antes de cada torneo, los demás entrenan el 7 todo el año»

En Sídney, España tuvo un inicio tibio, muy dubitativo ofensivamente ante Australia y Francia, contra quienes se quedaron a cero. Un rumbo que lograron enderezar ante Papúa Nueva Guinea, a la que endosaron un 29-0. Sin embargo, en la siguiente fase, la anfitriona no dio opción. En la pelea por el quinto puesto recuperaron sensaciones y lograron derrotar a EE UU (tercera en Dubai), 24-19, aunque finalmente cayeron con Francia (19-5).

Ahora llega un parón para esta modalidad, sin perder de vista el siguiente compromiso de las Series Mundiales, 21-22 de abril, en Kitakyushu (Japón). Este impasse, en el que el grueso del combinado nacional vuelve a sus clubes para disputar las competiciones domésticas de rugby XV, es uno de los grandes hándicap de 'Las leonas'.

«Cada año sube el nivel de las otras selecciones; trabajan duro y tienen más días de concentración. Nosotras nos reunimos una o dos semanas antes de cada torneo. Los demás entrenan el 7 todo el año con fisios, entrenadores a pie de campo y facilidades que no tenemos». Una realidad que revaloriza las gestas de la selección española, en divisas muy cotizadas en este deporte, esfuerzo y garra.

Además, muchos países trabajan con dos combinados (A y B) en diversos torneos, lo cual les permite un abanico más amplio de posibilidades y una preparación más completa. «No tenemos esa capacidad económica y ese lastre lo tenemos que tapar con mucho trabajo».

El proceso es lento, pero la evolución empieza a consolidarse con iniciativas para relanzar su progresión. Este año se jugará la segunda competición circuito de rugby 7 de clubes. Eso permite que las jugadoras practiquen esta modalidad antes de llegar a la selección. De este modo, los entrenadores pueden realizarles un seguimiento más preciso para captarlas para el combinado nacional.

La ambición es el gen dominante en el ADN competitivo de María Ribera y pese a ser consciente de las limitaciones logísticas, no duda en establecer metas altas para el rugby 7 femenino español. «El objetivo es ir al Mundial con opciones para ganar a cualquiera y acabar entre las seis u ocho primeras, así como meternos en los próximos JJ OO y ser regulares».

Un sueño cumplido

A sus 31 años, María Ribera afronta su etapa de madurez, con el ocaso de su carrera en un horizonte más cercano, con ganas y fuerzas renovadas. Parte del rejuvenecimiento de su ilusión viene motivado por su periplo por Nueva Zelanda en el último tramo del pasado año. Una vez olvidada la hernia en las cervicales que le obligó a pasar por el quirófano y tras volver a España poniendo fin a su paso por la Premier en Inglaterra, era momento de cumplir un sueño. «Fue muy gratificante estar en la cumbre del rugby mundial. El nivel de contacto es increíble, lo tienen muy interiorizado, y me sorprendieron las ganas que ponen siempre para mantener el balón vivo». Fue una gran oportunidad para asimilar los fundamentos del rugby del país kiwi.

La jugadora pacense se quedó con la espina de no poder jugar con la selección territorial, ya que llegó a Auckland una semana más tarde de que se cerrara el plazo para inscribirse.

Más que un deporte, en aquellas latitudes el rugby es casi una religión y cuenta con púlpitos en los que rendirle culto casi en cada esquina. «Lo tienes a pie de calle en todo momento, los parques son muy grandes, habilitados con palos e instalaciones naturales gratis para poder practicarlo».

No todo son laureles, vino y rosas en el Olimpo del deporte del balón ovalado. Ribera resalta que sigue siendo una disciplina amateur y eso se traduce en obstáculos y muchas dificultades. «La vida allí fue compleja. Me quedé en casa de un samoano, que me ayudó a ubicarme y a comprarme un coche. Nadie me pagaba nada. Ni siquiera las 'Black Ferns', que son campeonas del mundo del XV, reciben nada».

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