La razón frente al radicalismo

La unión de los cazadores es hoy más imprescindible que nunca. :: FEDEXCAZA/
La unión de los cazadores es hoy más imprescindible que nunca. :: FEDEXCAZA

José María Gallardo Gil presidente de la Federación Extremeña de Caza

La defensa de la caza, como la de todo aquello que valga la pena defender, se tiene que fundamentar en el trabajo serio, constante y multilateral, apoyado por la unidad del sector en torno a las grandes entidades de representación. Esta unidad se suele condicionar a unos resultados y a un buen servicio al asociado. Se olvida en muchas ocasiones el papel fundamental y velado que estas entidades realizan como lobby.

Por suerte se cambia, se evoluciona, se mejora la comunicación y el trabajo de federaciones y asociaciones es cada día mejor, más profesional y más necesario. Este progreso ha sido paralelo al que han experimentado los cazadores, que por fin han salido de su zona de confort, han quitado el piloto automático, y han dejado de decir eso que tanto me ha molestado siempre: «Esos son cuatro anti-caza; a esos, ni caso».

Por fin el mundo rural se revuelve y se rebela, alza la voz y exige que se reconozca su papel en la conservación de los ecosistemas; pero, sobre todo, exige dignidad y respeto, hartos de los desmanes y desprecios que, desde los juzgados, los despachos, los ministerios y consejerías se nos hace al amparo del acoso ecologista y animalista más radical, que cada día más, como ha escrito Jesús Caballero, «recuerda en su comportamiento a las ideologías fascistas, donde el denominador común es la ciega fe en la idea sin contrastar y la falta de cultura autocrítica».

El mundo rural se ha unido. Se ha plantado y ha dicho basta. El único camino posible es que nuestra lucha reivindicativa vaya a más: veremos a ver hasta dónde llegamos. Nos ha obligado el horror ecologista que promueve el exterminio de millones de animales que en la actualidad se cazan y pescan sin causar ningún perjuicio a los ecosistemas (el resto de exóticas «invasoras» no son de su interés), llenando nuestros campos de cadáveres abandonados.

Nos ha obligado la barbarie animalista que invade las redes sociales con insultos y amenazas a quienes no comulgan con su fanatismo, que celebra la muerte de un ser humano por el mero hecho de ser cazador o un pequeñajo enfermo que sueña con ser torero antes de su prematuro adiós.

Lo más preocupante de todo es la sumisión política ante toda esta panda. El buenismo político, que con absurda corrección abandona a la España rural, a la vacía, para congraciarse con la vociferante minoría urbanita ecologista y animalista, con aquellos que reclaman semejantes derechos para animales y humanos, o que pretenden detraer aprovechamientos tradicionales y necesarios en beneficio de unos pocos.

La heterofobia -odio al diferente y a lo diferente- es un discurso que se repite dentro de estos círculos, en contra de unos colectivos que siempre hemos sido demasiado pacíficos y educados, y con la suficiente vanidad para no defendernos cuando debíamos.

Ahora, todavía sin ser demasiado tarde, millones de españoles cazadores, pescadores, agricultores y ganaderos, claman ante tanto proteccionismo animal, limitaciones ambientales, figuras de conservación, restricciones de aprovechamiento, y decenas de leyes, decretos y órdenes, que hacen que la situación actual en el campo sea insostenible.

El campo se muere, los pueblos se abandonan, la política tiene la responsabilidad histórica de amparar a quienes de verdad lo necesitan.

El desbarajuste socioeconómico en el agro y la urgencia de acciones contundentes y eficaces no debe conllevar una mala organización en nuestras reivindicaciones y un caos en la movilización social que llevaremos a cabo. El levantamiento del rural supone la implicación de cientos de miles de personas, con el consiguiente coste económico personal e institucional.

Se pone encima de la mesa la ilusión de todos, suponiendo que el llamamiento conllevará una mejora sustancial en nuestro día a día, que parte de nuestros problemas se solucionarán. Para conseguirlo, para que toda la tarea y esfuerzo dé sus frutos, desde Fedexcaza, y junto con otros muchos compañeros, trabajamos con seriedad y responsabilidad antes, durante y después, para que nuestras reivindicaciones sean atendidas y la caza se sitúe en la esfera pública, social y comunicativa que le corresponde.

La movilización social, sin una correcta planificación y unos objetivos claramente definidos y demandados, sólo habrá servido para quemar un cartucho más. El camino se construye andando, y vamos con paso firme.

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