LA COLUMNA

UN OTOÑO DIFÍCIL

SALVADOR CALVO MUÑOZ

Ni gota. De lluvia, lo que se dice ni gota. Nada nuevo, porque hace unos años también conocimos aperturas de este calado. Lo de este año se está saliendo de madre: no ha llovido, y hace un calor poco frecuente a estas alturas del año. ¿Y la caza qué tal? Cada cual contará la feria según le haya ido. Aunque nos tememos que a la mayoría no le apetezca dar noticia de su jornada cinegética. Como es de rigor y mandan los cánones, nosotros los escribas, que además cazamos, tenemos que dar señal y fe de lo que hemos hecho. ¿Y qué hemos hecho? Nada, lo que se dice nada. Lo que queremos los cazadores es estar en el campo, y allá que vamos, aunque nos abrase el chajuán o caigan chuzos de punta. Todo tiene su límite, y más a esta provecta edad, lejos ya de aquellas vehemencias juveniles. ¿Sudar por cada pelo un goterón a las nueve de la mañana? Pues eso, a las ocho apenas nos iluminaba la luz del orto y al momento Febo ardiente y saliente con unas ínfulas que hay que ver. La escopeta al hombro, la tierra seca como el sagel, la caza ausente y los ánimos a ras de suelo. ¿Vieron la liebre? ¿Levantaron el bando de perdigochas? Pues que sea enhorabuena. Nosotros ni lo uno ni lo otro. Una buena zurra para las piernas y la espalda, bajo la mochila, hecha un charco de sudor. En fin, que cambien las tornas y se puede salir al monte a inhalar los efluvios frescos del otoño; porque lo que es así, una verdadera penuria. Al mal tiempo (la sequía, el calor) buena cara.

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