LA COLUMNA

UNA MONTERÍA

SALVADOR CALVO MUÑOZ

Un servidor no es montero habitualmente, y no tengo duda ninguna de que entre los muchos monteros que conozco los hay que podrían dar adecuada réplica a toda la lluvia maléfica de denostaciones que nos ha caído a los cazadores. El que identifica caza y quince venados muertos se permite largar sobre lo que venimos haciendo los hombres desde los albores de la humanidad. Argumentos del tipo: ¿Qué nos han hecho los venados? ¿Por qué matarlos? Acabarán preguntando que qué nos han hecho los conejos y las perdices. Madre santa del Carmelo. qué cansancio secular el de los cazadores, tratando de justificar nuestra esencia. Esencia: condición de ser. Somos cazadores porque la caza está en nuestros genes, estuvo en los de nuestros padres y. miren, no puedo más: léanse a Ortega. Dado que esas imágenes de venados cazados les han molestado tanto vaya nuestra protesta a los directores de los medios y nuestro imaginario garrotazo a esos figurones de la vida socio-política, a los cuales más les valdría tener un mucho más de prudencia para no armar semejante alboroto. No hace mucho participé en una montería. Disfruté de un ambiente cordial. Estuve tres horas pasando un frío glacial en un lugar recóndito. Disparé y abatí (o no disparé ni abatí) y no me doy golpes de pecho entonando el «ideo precor». Esa res que quizás cobré había vivido generosamente y en vez de una muerte por decrepitud, pasto de gusanos o depredadores silvestres, fue alimento de muchos. Ni un argumento más, que tanta disculpa, empacha. No os empeñéis, pertinaces anticaza: «venare non est occidere».

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