Deprimidos y sin tren

Una vía de tren... borrosa y sin trenes. :: PIXABAY/
Una vía de tren... borrosa y sin trenes. :: PIXABAY

José María Gallardo, Presidente de la Federación Extremeña de Caza

Extremadura hace ya muchos años y muchas estaciones que perdió ese tren, el del desarrollo, la inversión, y las infraestructuras de comunicación dignas. Hace años que nos olvidaron, y nos olvidamos, en un rinconcito al suroeste de España. Todos los extremeños esperamos y deseamos que las movilizaciones por la conexión territorial con Madrid den sus frutos más pronto que tarde, y que el ostracismo en el que nos encontramos finalice. Nuestra comunidad necesita oportunidades, y muchas de ellas viajan en tren.

El mes pasado, la Agencia Tributaria difundía los datos extraídos de las declaraciones del IRPF del año 2015. Esta estadística analiza las declaraciones de la renta de los municipios de más de 1.000 habitantes. Y «¡voilá!», nuevamente tenemos el 'honor' de encabezar el ranking de la depresión.

Mientras los separatistas catalanes, cuyas henchidas alforjas rebosan en la saciedad que le ha brindado este país, situando a cuatro de sus pueblos entre los diez de mayor renta, los extremeños hemos colgado el cartel de «no podemos más». Siete de nuestros pueblos se sitúan entre los diez con menor renta de la nación. Buscarle la justificación en la economía sumergida sería de necios, supongo que «eso» también existirá en algún que otro pueblo más.

Las comparaciones son odiosas, y ésta incluso dolorosa. Pero la realidad es que en Pozuelo de Alarcón o Sant Fruitós de Bages las rentas ascienden casi a los 70.000 euros de media, cuando en Zahínos o en La Parra no superan los 12.000 euros.

Rentas aparte, los extremeños solicitamos igualdad de trato, un tren digno y unas inversiones que puedan capitalizar nuestra tierra. Mientras los más ricos claman independencia, los desfavorecidos pedimos igualdad; mientras las miserias nacionalistas viajan a toda velocidad, los extremeños pedimos la conexión ferroviaria con el resto de España. Y aunque a estas alturas los nacionalistas catalanes no estén para soportar nuestra insolente pretensión de compararnos con la raza superior, como firmara en El Mundo un gran Jorge Bustos, no podemos permanecer callados y que los problemas de nuestra tierra y el olvido en el que nos encontramos siga aumentando.

Muchos de nuestros pueblos pertenecen a un nutrido grupo en riesgo de extinción. Según datos del INE, 14 provincias españolas se encuentran en una situación crítica, al borde del despoblamiento, y, en todas ellas más del 80% de sus municipios se encuentran en riesgo de desaparición al tener menos de mil habitantes y estar afectados por procesos de regresión vegetativa. Y, es que, tenemos poblaciones con más de un 20% de paro, donde las iniciativas públicas y el emprendimiento empresarial son testimoniales.

La miseria demográfica a la que nos enfrentamos, unida a la falta de trabajo y de expectativas, hacen que la esperanza de un futuro mejor, para bastantes de nuestros pueblos, simplemente no exista.

Desde el sector cinegético y la Federación Extremeña de Caza estamos convencidos de que todavía estamos a tiempo de cambiar las cosas, que la caza puede ser un valor añadido a nuestros pueblos y a la renta de muchas familias, y que puede y debe generar trabajo y nuevas iniciativas empresariales.

Extremadura es la comunidad autónoma con un mayor índice de población rural, donde casi un 60% vive en poblaciones de menos de 20.000 habitantes. El 90% de nuestras localidades son rurales, con poblaciones de menos de 5.000 habitantes y, prácticamente, dependientes del campo. Por otro lado, nuestra región cuenta con más de 3.000 cotos; un 81,26% de su extensión está ocupada por algún tipo de figura de gestión cinegética, bien sean cotos de caza, reservas de caza, cotos regionales o zonas de caza limitada, entre otras. A los extremeños nos gusta la caza y casi 90.000 licencias y 17.000 federados lo atestiguan. Nuestra región cuenta con 72.000 licencias de caza y 135 armas por cada 1.000 habitantes, cuando la media nacional está en 35 y 58, respectivamente.

Los retos a los que nos enfrentamos son tremendos, puertos de primera categoría que han de ser subidos con bicicleta y alforja de plomo, pero todos estos datos deberían ser suficientes para, desde las administraciones, poner en marcha políticas de empleo y desarrollo rural, donde la formación, profesionalización y dinamización del sector cinegético juegue un papel muy importante en el desarrollo de nuestra región.

Olvidémonos de utopías y jardines de Babilonia en Extremadura, seamos pragmáticos, utilicemos y exprimamos los mejores recursos que tenemos; la caza es, sin duda, uno de ellos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos