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El año de la mujer

Belmonte se sorprende tras conseguir un récord del mundo.
Belmonte se sorprende tras conseguir un récord del mundo.
  • Mireia Belmonte, Jennifer Pareja, Garbiñe Muguruza, Gisela Pulido y otras atletas reflexionan sobre el reconocimiento al deporte femenino en 2014.

Ganaron a las mejores. Triunfaron en los diversos eventos internacionales. Sin duda, el 2014 fue el año de la mujer española en el deporte. Mireia Belmonte se colgó cuatro oros mundiales y estableció cuatro plusmarcas universales, Carolina Marín se proclamó campeona del mundo de bádminton, la selección de gimnasia rítmica superó al resto en la prueba mundial de mazas por segundo año consecutivo, Ruth Beitia saltó más alto que ninguna atleta europea, las jugadoras del waterpolo reinaron en Europa y las del hockey patines conquistaron Europa. La selección de baloncesto se quedó a un sólo paso del trono universal, la selección de fútbol -formada por pocas profesionales- se clasificó por primera vez para un Mundial y las ‘guerreras’ del balonmano cerraron el año con un subcampeonato del mundo.

«El deporte femenino en España está mejorando mucho. Está viniendo una época buena que tenemos que aprovechar e intentar que se sepa», asegura Garbiñe Muguruza, tenista de 21 años que se ha situado entre las 20 primeras del ranking. «El deporte femenino en España siempre ha sido muy alto, igual que el de los chicos. Ahora se le está dando más promoción con chicas que están en los medios y eso es muy guay porque las chicas también formamos parte del deporte de este país. Me siento afortunada por vivir en esta época y compartir estos momentos con otras chicas deportistas que están a ese nivel», explica Gisela Pulido, subcampeona del mundo de kite-surf. «Ha sido una explosión bastante interesante, especialmente en el mundo acuático, y espero que siga así», añade Mireia Belmonte, uno de los iconos del fenómeno. «Se reconocen más los resultados que el papel de la mujer deportista. También sabemos que es difícil para nosotras meternos en un mundo como el deporte masculino en España. Para ello necesitamos resultados y así se gana un poco el respeto dentro del mundo del deporte», argumenta Nerea Pena, máxima goleadora de la final del Europeo de balonmano.

Gisela Pulido.

Gisela Pulido. / EFE

No siempre fue así. «Era muy difícil. En Roma fuimos 17 mujeres de diferentes modalidades, pero a Tokio sólo tres porque el equipo de gimnasia o las de esgrima no se clasificaron», explica Rita Pulido, dos veces olímpica y con la experiencia de una hija que compitió en Barcelona 92. «A mi familia no le apetecía nada que hiciera deporte, que se me pusieran las espaldas ‘como a un señor’. Mi madre nunca estuvo de acuerdo, me dijo que era perder el tiempo. ¿Qué era eso de levantarse antes de ir al colegio para ir a entrenar? Eso no se podía llegar a entender. Se hacía con mucho esfuerzo. Fue mi padre quien accedió. Para compensar, antes del podio me iba al baño para pintarme las pestañas y compensar mi feminidad», recuerda María Asunción Ballesté, quien compitió en la piscina en los Juegos Olímpicos de 1964.

Necesidades de las deportistas

En el caso de las mujeres se añaden dificultades específicas. «Se está impulsando que se practique el deporte pero si la mujer quiere ser madre... después de tener al niño ¿Qué pasa? Hay una interrogación», cuenta la ‘kayakista’ Maialen Chorraut, medallista en Londres 2012, quien debió programar su embarazo para después del evento olímpico. «Compatibilizar el deporte, los estudios y la niña cuesta. Una madre que coja una baja de cuatro meses, puede estar parada pero yo si estaba tanto tiempo me iba a costar volver al deporte de élite», cuenta la piragüista Teresa Portela, con cuatro Juegos Olímpicos en su historial de competiciones. Aquellas que han probado a trabajar en el extranjero creen que el equilibrio real es posible. «En Nueva Zelanda tienen diferentes deportes para las mujeres y es un país en el que hay muchísima más igualdad de género que en España o en Europa. Los hombres y las mujeres tienen sus actividades pero la igualdad es bastante importante y se traduce al deporte. Nos gustaría traer esa filosofía», cuenta Patricia García, jugadora de la selección española de rugby que ha competido dos años en las antípodas.

Tampoco las aportaciones económicas son suficientes y se han agravado en tiempos de crisis. «El deporte femenino en España necesita mucha ayuda», explica la subcampeona europea Lara González, quien al cumplir la mayoría de edad fichó por un equipo de balonmano francés. A esto se suma los obstáculos de las pioneras y de la soledad. Actualmente varias deportistas se han abierto hueco y como pioneras se incorporan a las rutinas masculinas. Numerosas tenistas y la jugadora de bádminton Carolina Marín suelen entrenar contra chicos juveniles. «No he tenido ninguna escuela con más chicas. He empezado sola porque no hay ninguna chica que participe ahora de manera internacional y desde cero, que es más duro, pero allá vamos», explica la biatleta Victoria Padial. En deportes más específicos hay otras posibilidades para la ecuación. «Algunas modalidades podían ser iguales tanto para hombres como para mujeres, aunque a lo mejor la clasificación tenía que ser por separado. En tiro no hay mucha diferencia, aunque en pistola los hombres tienen muchísima más puntería», explica Sonia Franquet, la primera deportista española que logró clasificarse para los Juegos Olímpicos de Río.

El reconocimiento

«En España no se le da tanta repercusión a deportes que no sean los principales, como sí ocurre en Francia. En natación, que es lo que conozco, hay periódicos que abren con portada cuando hay una hazaña», protesta Mireia Belmonte. Sin embargo, la badalonesa es una de las atletas que han cambiado la visibilidad de los deportes minoritarios. «La verdad es que gracias a Mireia la gente ha empezado a saber un poco más de natación. Yo llevo 20 años nadando, he sido campeona de Europa y no se ha enterado nadie. Por eso digo que más vale tarde que nunca y gracias a ella la gente se ha dado cuenta de que hay nadadores muy buenos», explica Merche Peris.

«Nosotras sabemos que las licencias del waterpolo femenino han aumentado mucho desde Londres 2012 y después del Mundial de Barcelona. La gente se va enganchando y muchos padres nos dicen: ‘mi hija me ha dicho que se quiere apuntar al waterpolo’. Esto antes ni existía ni se conocía. He estado en selecciones en las que no se conseguía nada y no se nos conocía... pero al final de mi carrera es cuando estoy recogiendo esos frutos», ahonda Jennifer Pareja, capitana de la selección que reconoce que vivió «años de oscuridad», no tan lejanos. «Ya a raíz de la olimpiada se notó y después con el mundial. La gente las conoce más, pero se lo han ganado también, ¿no?», reclama Miki Oca, seleccionador de waterpolo femenino que vivió la gloria como deportista en 1992 en Barcelona. «Lo cierto es que cada día las cosas están subiendo más, con más gente que le estamos gustando y que nos ve, que tiene ganas de tuitear, de meterse en Facebook y pueden observar cómo va la trayectoria de cada una en el extranjero, pero considero que desde Brasil [2011] las cosas ya van viento en popa y a toda vela», dice Carmen Martín, nombrada mejor extremo derecho en el Europeo de balonmano.

Finalmente, el asunto regresa a la necesidad del éxito para conservar el estado actual. «Va todo unido, que se hayan conseguido resultados apoya que la gente siga más competiciones», asegura Jorge Dueñas, el seleccionador con el que el balonmano ha subido cuatro veces al podio en los últimos seis años sin ningún antecedente similar. Silvia Navarro, la veterana guardameta que también vivió los momentos de anonimato, ejerce de portavoz y pide un deseo para el año nuevo: «Por favor, que no caigamos en el olvido porque tanto los chicos como las chicas somos personas».