Hoy

RÍO2016

Juegos Olímpicos

Ceremonia de clausura

Río cumple su misión

Los fuegos artificiales iluminaron el cielo de Maracaná
Los fuegos artificiales iluminaron el cielo de Maracaná / AFP
  • La ciudad carioca cierra los primeros Juegos de Sudamérica con un espectáculo musical para ceder el testigo a Tokio

Río cerró sus Juegos. Los que Lula consiguió con un mapa blanco de Sudamérica para representar las veces que se habían disputado unos en el continente. Los que los miembros del COI y del CPI se empeñaron en celebrar en Brasil y que nadie pensaba que saldrían bien. Pero salieron, bien o mal, pero salieron. Misión cumplida.

Una fiesta musical fue el cierre a estos Paralímpicos en la que el recuerdo al ciclista iraní Bahman Golbarnezhad, que murió durante la carrera de ruta de la penúltima jornada fue escaso. Se esperaba algo especial a la par que improvisado, dado la cercanía de los hechos, pero se quedó en unas palabras de Carlos Nuzman, presidente del Comité Organizador, acompañadas de otras del máximo responsable del CPI, Philip Craven. La organización había anunciado que después habría un momento de silencio como homenaje al corredor. Fue literal. Un momento.

Al cielo de Río parecieron no gustarle los discursos. La lluvia volvió a aparecer, como lo hizo también en la inauguración. Solo se vio agua en Maracaná. El espacio reservado a los atletas en el centro del estadio empezó a vaciarse y eran pocos los que resistían estoicos ante la lluvia para presenciar un espectáculo que cada vez se parecía más a una boda que había entrado de lleno en la madrugada.

Como en la clausura de Londres, sonó Rihanna o, por lo menos, sus canciones. Su «Diamonds» interpetado por Calum Scott precedió a Ivete Sangalo y su coreografía que bien recordaba a la de Beyoncé en el descanso de la SuperBowl. Como en las bodas, cuando las voces que se oyen se parecen bien poco a los que cantan en realidad las canciones que suenan.

El cierre llegó con el apagado del pebetero. Disimulado, sin espectáculo y mientras sonaba la música, casi para que nadie se diera cuenta de que el fuego se marchaba de Río. No se encenderá hasta dentro de cuatro años, a miles de kilómetros de Brasil. Adeus, Río. Obrigado.