El pequeño Adán, el alma del trofeo

Julio Fariña, junto a su hijo Adán, invitados de excepción ayer en el Nuevo Vivero/
Julio Fariña, junto a su hijo Adán, invitados de excepción ayer en el Nuevo Vivero

Pese a la presencia del finalista de la Copa del Rey y sus extremeños, las gradas del Nuevo Vivero no superaron los 4.000 espectadores | Parte de la recaudación se dedicará a ayudar al padre de un niño con enfermedad rara

Marco A. Rodríguez
MARCO A. RODRÍGUEZBadajoz

El Trofeo Ibérico tiene alma en su vigésimotercera edición. Un partido con carga sentimental por aquello de recuperar la histórica competición veraniega de Badajoz y que en este caso tuvo una finalidad social. Un porcentaje de lo recaudado con la visita del Alavés se destinará a ayudar a Julio Fariña, el padre de Adán, un niño con una enfermedad rara. La enésima solicitud de este padre coraje fue a parar a la entidad blanquinegra, que la acogió sin reparos. Por intermediación de un conocido suyo, el extremo albinegro Joaqui Flores, Julio charló con el presidente Pablo Blázquez y la idea se puso marcha. «No me pusieron ningún problema. La verdad es que les estoy bastante agradecido. Espero que vaya mucha gente al partido. Cuantos más, mejor, porque necesito colaboración», reclama urgente el progenitor.

Adán, de ocho años, sufre una enfermedad degenerativa, considerada rara por lo que no tiene ni diagnóstico ni tratamiento, que le lastra cualquier movimiento con las piernas. Su padre lleva tiempo implorando por un vehículo adaptado con el que poder moverse. Separado y sin relación con la madre, mantiene la custodia del pequeño y de su hermana Daniela, pero no tiene con quien dejarlos por la mañana por lo que ha tenido que rechazar un trabajo de albañil de siete de la mañana a tres de la tarde y así hacer frente a la cotidianidad. Subsiste gracias a la renta básica y a otras aportaciones llegadas desde Cáritas, la Cruz Roja o la Fundación Caja Badajoz, encargada del traslado a terapia del menor. En estos días intenta sin éxito contactar con el Hospital San Juan de Dios, en Barcelona, donde Adán estuvo ingresado quinde días en verano para practicarle pruebas, pero no le cogen el teléfono. «Debe ser por todo lo que está pasando allí», aduce. Julio, Daniela y Adán asistieron anoche al Trofeo Ibérico con la esperanza de un futuro mejor. Junto a un abarrotado palco de autoridades, los tres vieron el espectáculo, con victoria pacense por 2-0 ante un cuadro vasco algo contemplativo. El fútbol tiene estas cosas, ya que los de Marrero aún persiguen la primera victoria de la temporada en Liga. Acabado el encuentro, padre e hijos bajaron al césped para acompañar al alcalde Francisco Javier Fragoso y al presidente Blázquez en la entrega del trofeo. Antes, asistieron al particular show del linier de García Gómez, que no dejaba calentar al nutrido banquillo alavesista. Otra de las cosas del fútbol.

El paso fugaz del Alavés

La historia humana de esta familia corría paralela al aterrizaje en Badajoz de un equipo de Primera División, todo un subcampeón de la última edición de la Copa del Rey, el Alavés. El cuadro vitoriano, que no ha cobrado caché por participar, protagonizó un paso muy fugaz por la localidad extremeña. Apenas doce horas a orillas del Guadiana, desde que el vuelo apareció en el aeropuerto sobre las doce del mediodía hasta que los motores de la aeronave arrancaron tras el choque, al filo de la madrugada.

La expedición alavesa instaló su cuartel general en el Hotel AC, donde recibió las visitas de familiares y amigos. Por ejemplo, del ariete del Badajoz Guzmán Casaseca, ex del 'Glorioso', que no quiso perderse la ocasión de saludar, entre otros, al capitán Manu García. Allí descansaron hasta las 18.45, cuando se subieron al autobús rumbo al Nuevo Vivero. En el coliseo blanquinegro fueron agasajados por multitud de chavales ávidos de saludarles o pedirles una firma. Los más aclamados, los extremeños Pacheco y Burgui, dos de las grandes atracciones de un plantel con nombres propios conocidos como Munir, Enzo Zidane, Wakaso o Alexis.

Ambiente frío

El ambiente que se respiraba era algo frío. Para ser un equipo de Primera que además cuenta con representantes de la tierra en sus filas, las gradas no pasaron mucho más de los 3.500 espectadores, entre ellos la cantera que daba colorido a una Preferencia abierta para la ocasión. La Tribuna presentaba bastantes huecos, no así el palco. El club se esfuerza en reanimar un trofeo de prestigioso pasado pero la ciudad debe acompañarle para dicho empeño no quede en saco roto.

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