Esperada catarsis intergeneracional en la afición del Cacereño

Mimi, Antúnez y Carlos, de diferentes generaciones, ojean algunos recortes de prensa de la época. :: A. Méndez

El coyuntural regreso del club a la Ciudad Deportiva dispara el sentimentalismo entre los aficionados del decano extremeño

J. CEPEDA CÁCERES.

Con cierto semblante a caballo entre la incredulidad y la más sana de las envidias, los más jóvenes del lugar solo pueden oír y callar antes de preguntar. Y no solo ellos, sino también aquellos que ya comienzan a peinar canas y soplan las cuarenta velas. A todos ellos les cuentan que hubo un día en el que el Cacereño, hoy casi baldío en el aspecto social, era un referente de la ciudad, capaz de arrastrar cada domingo a miles de seguidores a la Ciudad Deportiva, donde vivió su época dorada entre octubre de 1949 y marzo de 1977. Allí, donde el Cacereño jugó en la temporada 1952/53 su única campaña en Segunda División y donde se forjaron leyendas como la de 'Los siete magníficos' en la década de los 60, regresará mañana el decano del fútbol extremeño motivado por los trabajos de resiembra que se están realizando en el Príncipe Felipe. Todo con el morbo de vivir, además, un derbi inédito frente al otro equipo capitalino en Tercera, el Diocesano.

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Con el trasfondo de la Ciudad Deportiva, unos fueron protagonistas de las gestas de antaño, otros las recuerdan con los bisoños filtros de la infancia y los últimos han de conformarse con épicos relatos que parecen repetirse en bucle. Sin embargo, todos conviven bajo un idéntico denominador, el del color verdiblanco.

Conocido en su natal tierra charra como 'Didi' y ya en Cáceres como 'Antúnez', José María Hernández Antúnez (Salamanca, 24 de febrero de 1956) es uno de los muchos que derramaron sudor y esfuerzo en el barro de la Ciudad Deportiva para defender la enseña del club verde. Siendo de joven poco aventurero, un día del año 1975 creyó salir a tomar un café con su padre por Salamanca para acabar, horas más tarde y sin saberlo en un principio, en Cáceres con el objetivo de intentar probar suerte en el fútbol cacereño. Fogueándose primero en el Cacereño Atlético, fue al año siguiente cuando el técnico Navarro Corona le dio su confianza. Y, a partir de ahí, mil y una anécdotas que piden sobremesa con café, copa y puro. «En esa época la gente estaba a tope con el Cacereño y no solo en la Ciudad Deportiva, sino también cuando fuimos al campo nuevo los primeros años. Al principio no se notó mucho el cambio, pero luego con el descenso a la gente le pesaba más ir al Príncipe Felipe. Para mí, el Cacereño tenía que haber jugado siempre en la Ciudad Deportiva», anhela.

«En esa época la gente estaba a tope. El Cacereño tenía que haber jugado siempre en la Ciudad Deportiva» Antúnez Exjugador

Antúnez, otro de tantos que gracias al deporte rey conoció el amor en Cáceres para echar ya raíces de por vida, conserva un par de álbumes con innumerables recortes de prensa de la época. Todo un tesoro documental y un homenaje al papel, máxime en la actual era de unos y ceros.

Si abundan los que dicen que un equipo de fútbol es su vida, José Emilio Jaraíz (Cáceres, 14 de noviembre de 1970), conocido popularmente como 'Mimi' en el graderío del Príncipe Felipe, no es de los que exageran. Acérrimo seguidor del Cacereño desde su infancia, exprime gratos recuerdos de sus primeras vivencias en la Ciudad Deportiva siempre con la camiseta verde a cuestas, cuyo escudo tenía que hilar su propia madre. «Mi padre pintaba las líneas del campo de la Ciudad Deportiva con mi abuelo. Esto lo he conocido yo como la palma de mi mano», dice sobre el césped del reconvertido escenario. «El Cacereño es mi familia y me lo ha dado todo. Este domingo se me pondrán los pelos de punta por volver a ver jugar aquí al equipo».

«Se me pondrán los pelos de punta por volver a ver jugar aquí al Cacereño»

De la cuarentena para abajo existen varias generaciones de seguidores verdiblancos que nacieron con el estadio Príncipe Felipe ya en pie. Sin embargo, no son pocos los que apoyados en relatos y archivos documentales intentan crear en su propio imaginario un lugar en el que sentirse como en casa. El aficionado Carlos Antonio Bravo (Cáceres, 23 de julio de 1986) es uno de ellos: «Sobre la Ciudad Deportiva nosotros vivimos de las palabras de nuestros padres y abuelos. Siempre te hablaban de 'Los siete magníficos', de los derbis contra el Badajoz o de las riñas en el barro. Por eso para mí y para muchos de mi generación también será algo muy especial».

«Me hablaban de 'Los siete magníficos', de los derbis y de las riñas en el barro» Carlos Bravo Aficionado

Lo cierto es que del antiguo campo de la Ciudad Deportiva, ya reconvertido como instalación perteneciente al Centro de Tecnificación Deportiva, solo se conserva la orientación del terreno de juego y parte de la fachada, con una considerable reducción del aforo.

Ayer los operarios de la Junta de Extremadura, a la que pertenece el recinto cedido, se afanaban en cuidar hasta el más mínimo detalle para que los aficionados del Cacereño puedan comulgar mañana de la mano en una especie de catarsis intergeneracional.

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