El colista somete al invicto Cacereño

El colista somete al invicto Cacereño

El Santa Amalia da la gran sorpresa al noquear al colíder, que cosecha su primera derrota

PEDRO CARRASCO SANTA AMALIA.

En fútbol suele usarse una larga retahíla de tópicos que unos son ciertos y otros no. Se dice de manera recurrente: en fútbol juegan once contra once, los partidos empiezan cero a cero, nadie es más que nadie, a entrenador nuevo victoria segura, y un largo etcétera. Bueno, pues todos confluyeron ayer para que el Santa Amalia se llevara los puntos y, además, con todo merecimiento.

2 SANTA AMALIA

1 CACEREÑO

Santa Amalia
Rubén; Manu, Santi, Valentín, Sergio, Anxo, Miguel Ángel (Pla, min. 76), Juanjo, Carlino (Rubio, min. 71), Álvaro y Chino (Álex, min. 57).
Cacereño
Lopito; Pablo, Santi Polo (Marcos Torres, min. 60), Carlos Fernández, Elías (Miguel Ballestero, min. 67), Juanjo Polo, Viñuela, Juanqui (Luismi, min. 60), Alberto, Javi Navarro y David López.
Goles
1-0: Miguel Ángel, min. 17. 1-1: Javi Navarro, min. 32. 2-1: Carlino, min. 59.
Árbitro
Garro Sánchez. Expulsó con roja directa en el minuto 26 al jugador del Cacereño, Pablo. Además, mostró cartulina amarilla a los locales Rubén, Santi, Miguel Ángel, Juanjo y Álvaro y a los visitantes Lopito, Santi Polo, Juanjo Polo y Luismi
Incidencias
Municipal de Santa Amalia. 400 espectadores, algunos de ellos venidos desde tierras cacereñas.

Venía el Cacereño con una vitola de colíder invicto, a enfrentarse a un Santa Amalia colista y sumido en una profunda crisis de juego y resultados. A priori, todo hacía suponer que los amalienses serían una víctima propiciatoria para que los de Rebollo sumaran una nueva victoria y, además, auparse al liderato en solitario, tras la derrota del Moralo. Pero además de todos los asertos expuestos más arriba, hay otro que reflejó lo que ocurrió en el terreno de juego, y es que el fútbol es “un estado de ánimo”. El Santa Amalia, que no había sido capaz de lograr ninguna victoria en su campo en lo que llevamos de campeonato, dio una lección de entrega y pundonor digna de aplauso, y doblegó a todo un Cacereño al que le endosó dos goles y al que no dejó que le creara apenas situaciones de gol.

Ya sorprendió de inicio el cuadro local con una disposición agresiva y queriendo tomar las riendas del choque. Y pronto llega el primer tanto de los verdiblancos en una jugada rodeada de cierta polémica. Fue un saque de esquina que remata de cabeza Valentín, deteniendo en primera instancia el portero del Cacereño, Lopito. Pero en un extraño, y hostigado por Miguel Ángel, el balón se le cae de las manos y el atento jugador local solo tuvo que empujar el esférico al fondo de las mallas. Las airadas protestas de los visitantes les valieron sendas cartulinas amarillas.

Era tiempo para soñar con la hazaña y los de Pedro Ávila seguían enchufados y serios. En el minuto 26 se produjo tal vez la jugada clave para que, al final, la balanza se decantara del lado del Santa Amalia. Sergio Chino recibía un servicio a la espalda de Pablo, y cuando el jugador local encaraba en solitario la portería, era zancadilleado por detrás por el dos del Cacereño, que vio la roja directa de forma justa y merecida. Otro aditamento más para que las huestes de Pedro Ávila siguieran creyendo en lo que parecía un sueño.

Pero seis minutos después llegaba el jarro de agua fría para los locales, que vieron cómo el Cacereño, en su primera llegada al área de Rubén, conseguían nivelar la contienda. Fue Javi Navarro el que metía el pie en la línea de gol, tras un saque de banda pésimamente defendido por la zaga amaliense, que incurrió en una suerte de errores en cadena. Con las espadas en todo lo alto se llegaba al descanso y al Santa Amalia se le aparecían los viejos fantasmas de hace tan solo una semana, cuando salieron vapuleados con estrépito en Don Benito, que les endosó un indecoroso 7-0.

Pero el Santa Amalia arrancó la segunda parte con los mismos derroteros: orden y acierto defensivo, trabajo generoso y a destajo, acierto en la medular de sus hombres claves, y tino arriba para enchufar las pocas ocasiones de que gozaran. Así las cosas, llegó el segundo tanto en el minuto 59 de partido. Fue una jugada por la izquierda con un centro hacia el balcón del área donde apareció Carlino, libre de marca, para enganchar un derechazo que se colaba cerca del palo derecho de un sorprendido Lopito.

Quedaba media hora de partido con la afición local próxima al infarto y el estupor pintado en las caras de los cacereños, que veían cómo se les escapaba un triunfo aparentemente sencillo. La sala de máquinas de los visitantes parecía obnubilada y sin ideas, los hombres de arriba no acertaban con los balones por alto, bien defendidos por una zaga local seria e impermeable, y los minutos se consumían. Las prisas, siempre malas consejeras, empezaron a aflorar en los jugadores visitantes que solo atinaban a colgar balones al área a los que respondía la defensa local con solvencia. Al final, el colista le birlaba los puntos, acaso en su peor partido de la temporada, y les hizo bajar al terreno de los mortales.

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