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TERCERA

CD Azuaga, o un sinónimo de gol

Los jugadores del Azuaga celebran uno de sus dos goles en el Nuevo Vivero ante el Badajoz. :: j. v. arnelas
Los jugadores del Azuaga celebran uno de sus dos goles en el Nuevo Vivero ante el Badajoz. :: j. v. arnelas
  • Con dos entrenos a la semana, y a las 21.00 horas, los rojiblancos lideran nuestra tabla de dianas (46 tantos) y son quintos entre las categorías nacionales

badajoz. Al gol se llega a base de talento, pero también de trabajo. Si coinciden ambas, el camino mejora. Hay excepciones en la segunda vía, o no recuerdan al brasileño Romario, que más que entrenar jugaba al fútbol playa antes de dedicarse a otros menesteres. En Extremadura hay un club que puede considerarse paradigma de esta vía hacia el éxito con escasez de trabajo, aunque no por tener personal 'vaguete' sino por falta de recursos y logística para efectuarlo. Hablamos de CD Azuaga, el máximo artillero de la Tercera División extremeña con 46 goles pese a que apenas puede alcanzar las dos sesiones de entrenamiento semanales. Incluso en pretemporada.

Estudiantes, dependientes de tienda, carnicero, agricultor, monitor de pádel..., además de los parados. Éste es el paisaje laboral de un club humilde como el azuagueño, que sobrevive como puede y hace malabares para poder conjuntar a la plantilla en tiempo récord. Tónica habitual en el fútbol modesto, sus futbolistas no son profesionales que se ejercitan por la mañana al menos cinco de cada siete días. La tropa de Antonio Jesús Cobos se cita a las 21.00 horas para comenzar con su segundo empleo. En realidad se ven antes, porque aparecen desde distintos puntos de la geografía, algunos hasta desde Córdoba.

El gasto en gasolina descuadraría la contabilidad del Azuaga, así que no hay más remedio que aprovechar el tiempo reduciendo sesiones. Salvo un grupo de la propia localidad, el que asiste desde más cerca lo hace desde Llerena, pero hay gente de Almendralejo, Castuera, Mérida, Villanueva de la Serena, pueblos de Sevilla (Cazalla de la Sierra y Constantina) o de Córdoba (Belmez o Peñarroya), por ejemplo. «Es un problema juntarnos, tenemos que hacerlo a las nueve de la noche y algunos llegan a su casa a la una de la madrugada. A veces no pueden porque tienen que trabajar y necesitan quedar para venir en grupos porque no viene cada uno con su coche. Es una odisea. Hacen un gran esfuerzo que no está recompensado», apunta el técnico Cobos, que manda tareas a distancia a sus pupilos o acuerda con clubes de procedencia para que practiquen con ellos.

Cuanto más serios son los obstáculos, más mérito tiene lo conquistado. La ficha de datos que acompaña este reportaje abruma. Habla por sí sola de la virtud del equipo más realizador de nuestra Tercera y quinto en España entre todas las categorías nacionales. «Hacer tantos goles en un indicador de que las cosas se están haciendo muy bien. Estamos muy contentos, pero somos conscientes de que nuestro objetivo es otro. En agosto no esperábamos estar ahí, peleando con clubes más grandes. ¡Pero si en pretemporada ya entrenábamos sólo dos días!», continúa el preparador cordobés.

¿Dónde está el secreto de este éxito? Analizados los inconvenientes, el motivo que justifica este triunfo apunta a la decisión del entrenador de acomodar la táctica a sus recursos humanos. Así se explica que, pese a que nadie marca más goles, son los quintos que más encajan. «Tenemos pocos defensas y los que hay no son veteranos ni corpulentos. Por eso pasamos apuros a balón parado. Tenemos que jugar muy ofensivo por las características de nuestros jugadores. Salimos a marcar un gol más que el rival aunque nos marquen muchos. Corremos muchos riesgos, pero es lo mejor con esta plantilla. Es un orgullo ver tantos goles, que son fruto de que hay gente con calidad en el equipo y que creen que ello».

Peculiar equipo para una peculiar afición. Como subraya Cobos, los hinchas rojiblancos se conforman con que los suyos lo den todo y salgan al ataque. «Si nos echamos atrás no lo soportan y eso está por encima del resultado», destaca el entrenador, que vaticina que en el horizonte se avecinará algún bache. La clave, dice, está en que estén salvados cuando aparezcan las curvas y desde ahí mirar sólo hacia arriba.