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La mala suerte impide la victoria del Pueblonuevo en la visita del Arroyo

  • Vaquero estuvo muy inspirado en un encuentro disputado en una tarde de perros que dificultó el juego donde la madera también fue protagonista

pueblonuevo del guadiana. En una tarde de perros en el Antonio Amaya, con lluvia y fuerte viento que dificultaban mucho el desarrollo del encuentro, el Atlético Pueblonuevo no pudo pasar del empate ante un Arroyo que tuvo la fortuna de cara.

En la primera parte el equipo local fue netamente superior, llegando continuamente al área arroyana. Pero el gol se les resistió. Primero porque Vaquero, el mejor jugador de los visitantes, estuvo muy inspirado durante todo en encuentro. Y después por el propio desacierto y mala fortuna de los jugadores locales, que golpearon hasta en 3 ocasiones la madera rival. La primera gran ocasión local llegó en el minuto 24, cuando Luengo remataría directamente al larguero para que Valentín, muy atento, recogiera el rechace y también desde dentro del área fuera a estrellar el balón en el mismo punto en el que lo había estrellado su compañero escasos segundos antes.

Mismo resultado

En el minuto 34, otra gran ocasión para los locales volvería a tener un resultado muy similar a las dos anteriores. Jose Luis remató desde dentro del área para que su disparo se estrellara en el poste izquierdo de la portería de un afortunado Vaquero. Una fortuna que quedó probada antes del descanso, cuando un tiro de Macarro tras varios rechaces se quedó detenido justo antes de cruzar la línea de gol del meta arroyano producto del barro acumulado en el área.

No pudo matar el Pueblonuevo y la segunda parte fue más tranquila para el Arroyo, que subió su nivel defensivo e incluso se descolgó en ataque, provocando un buen par de intervenciones del meta Isaac. En los minutos finales el encuentro retornó a su dinámica de dominio local, pero quedó patente el problema del equipo con el gol, el tercer menos anotador del grupo XIV, y a pesar de intentarlo todo el marcador no se movió del 0-0 con el que el encuentro nació.