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3ª División

'Garrote', patrimonio inmaterial del Calamonte

Garrote, en el centro, rodeado por jugadores del Calamonte.
Garrote, en el centro, rodeado por jugadores del Calamonte. / DELGADO
  • «Tras la muerte de mi mujer, el Calamonte lo es todo para mí: llevo el escudo en el corazón», afirma el utillero del club

Basilio Collado Jiménez (7 de septiembre de 1943), más conocido como Garrote, es un calamonteño que lleva 36 años ligado al club de la ciudad amiga y vive por y para el fútbol. Como decía el genio holandés, Johan Cruyff, hay personas en el mundo del fútbol, que son en cierto modo inmortales. Son los casos de Herrerín en el Real Madrid o Españeta en el Valencia, entre muchos otros. Y en Calamonte también hay una de esas personas eternas, Garrote.

Garrote empezó en el fútbol en el Imperio de Mérida. «Era un central de los buenos, tenía muy buenas cualidades físicas», narra el propio protagonista, ahora responsable del material del equipo, observando el entrenamiento de su Calamonte. Poco después, Garrote partiría hacía Barcelona por motivos laborales, una vez allí «en un descanso de la obra, empecé a hacer toques con una bola de papel. Me vio el encargado y me fichó para el Manresa, de la Tercera catalana». Tras tres años lejos, Garrote decidió volver, porque si no, «iba a tener que venir Paco Lobatón a buscarme». Tras su regreso, se lesionó el ligamento de una rodilla y ahí se acabó su carrera. «Me iba a fichar el Don Benito, pero así ya no iba a ninguna parte. Me quedé jugando en el Calamonte y disfrutando del fútbol», apunta.

Y aunque puede parecer una historia más de este deporte, no lo es. Garrote, es y será el emblema del Calamonte. Así lo hace saber uno de los capitanes del equipo, Antonio Carrasco, quien afirma que «Garrote es historia de este equipo, es el verdadero escudo del Calamonte. Nos aporta valores y nos transmite muchísimo con su sabiduría y es un tipo necesario para el equipo», reconoce el nueve blanco.

Calamonte por bandera

Un piropo, el del delantero calamonteño, al que Garrote responde con una tímida sonrisa y afirmando que «el Calamonte, tras la pérdida de mi mujer, lo es todo. Llevo el escudo por corazón». Lo es todo para él, y él lo es todo para el Calamonte. «He hecho de todo en el club. Ahora ya con la edad que tengo, pues no hago mucho, recojo balones, ayudo en todo lo que puedo, pero ya no hago tantas cosas. Pero antes he entrenado, he sido delegado de campo, recogepelotas. de todo», comenta Garrote, un aficionado que cada domingo está en el césped animando a su CD Calamonte. «Para mí es una sensación única. Amo al Calamonte y me siento querido, tanto por el equipo como por el pueblo. Cada día vengo disfrazado de una cosa. Un día me pongo un gorro, otro me pongo una peluca, esto es mi vida», reconoce el carismático utillero.

Garrote es fútbol por los cuatro costados. Un fútbol, que según precisa ahora es «más señorito» que el de su época. Además de por los jugadores, nuestro protagonista se desvive hablando de la afición blanca. «Tenemos una afición, desde hace 4 ó 5 años, que es una cosa fuera de serie. Tener 550 socios, es impresionante. Eso no lo ves ni en muchos campos de Segunda B. Así, cuando vamos a jugar fuera, los campos se llenan. Pero no son sus aficionados, son los nuestros; quieren que vayamos todo los fines de semana, porque le llenamos sus campos», indica Garrote entre risas.

Durante la entrevista, el presidente del Calamonte, Fernando Tapia, le da un obsequio, algo que agradece el calamonteño. Pero este amor viene de lejos. Ha pasado por todas las situaciones deportivas del club, y reconoce que «de estar siempre en Regional Preferente subir a Tercera, es un alegría inmensa. Pero también te digo, bajar de nuevo me entristeció muchísimo. Tengo el sueño, aunque es muy difícil, de ver jugar al Calamonte algún año en Segunda B, pero sé que es muy complicado», asevera Garrote, que sin duda es más que santo y seña del club blanco. Garrote es patrimonio inmaterial del Calamonte. Y mientras, los jugadores blancos, cada vez que pasan cerca de él le dicen algo cariñoso, siempre precedido por el apelativo cariñoso de 'primo'.