De vetustos y firmes pilares 2.0

Diego Galindo hijo y Carlos Masegosa. / J. M. ROMERO
Diego Galindo hijo y Carlos Masegosa. / J. M. ROMERO

Bucéfalo y Luismi García, partiendo de la idea de un grupo de aficionados, han 'rockerizado' el himno del Mérida para que vuelva a sonar en el Romano

F. G. MÉRIDA.

No hay asunto importante que dure menos que la infancia y los momentos felices. Y el himno de tu equipo remite constantemente a los dos estados. Poco importa que sea feo o bonito: si resonaba mientras tus padres te llevaban de la mano al estadio, es tu himno. Si lo coreaste de memoria en los ascensos o en las gestas, también lo es. De ahí que un grupo de aficionados del Mérida haya rescatado el suyo del olvido y el desuso para devolvérselo al club y a su afición. Y luego está, emociones aparte, el valor objetivo de la obra: algo compuesto en su día por Diego Galindo Bailón y 'rockerizado' ahora por el grupo emeritense Bucéfalo no puede ser más que admirable.

Es evidente que esta ocurrencia viste mejor en formatos como la radio, la televisión o Internet, pero la prensa escrita, que se sirve mucho más de la literatura que del sonido, puede ayudar en su caso a explicarlo y contextualizarlo mejor. Porque el episodio arranca hace, aproximadamente, poco menos de cincuenta años.

El germen asomó a principios de los setenta, cuando el Mérida aún se apellidaba Industrial y Manuel Domínguez Merino tiró de tambores y cornetas para fraguar una especie de grito de guerra con el que animar al equipo desde la vieja tribuna. Pasados los años, Diego Galindo transformó ese bramido en el estribillo de un himno que compuso de su nota y letra. El hijo predilecto de la ciudad y director de la Coral Augusta Emérita durante 35 años, fallecido el pasado mes de octubre, le regaló así esta canción a un club que la hiperpopularizó en la década de los noventa, su periodo de mayor gloria.

Los vaivenes institucionales de la entidad empujaron al himno al abandono y casi al destierro. Y cuando un grupo de aficionados le instó al club que lo recuperase para los instantes previos al partido, el club les contestó que el audio sacado de Youtube no era digno de megafonía. Y así, un aficionado 'boina' como José Ignacio primero y uno de los 'trois' como Raúl Fernández después, fueron tirando de un grupo de hinchas romanos para darle salida a la idea de recuperar el viejo himno y popularizarlo en plena época 'millennial'.

La esencia

Se lo propusieron al grupo Bucéfalo, que de manera gratuita se ha tirado todo un mes, varios ensayos y muchas horas modernizándolo y traspasándole su esencia. «Nosotros hacemos rock cañero, y cuando lo versionamos a nuestro estilo nos dimos cuenta de que había quedado muy cañero. Así que hicimos otra versión más lenta, pero entonces se parecía mucho al himno principal. Y nos hemos quedado con esta versión intermedia», explica Carlos Masegosa, el vocalista del grupo. Y luego convencieron a uno de los técnicos de sonido referencia a nivel nacional como Luismi García, emeritense él, para que lo produjese en sus estudios de Sonak Studios & Live, «arreglando el desaguisado de los aficionados que hacemos de coro», puntualiza Paco Suárez, otro de los organizadores.

La nueva versión del himno no se comercializará, porque la meta estaba en sacarlo para difundirlo por redes sociales y que el club pudiese pincharlo en el estadio. Pero sí ha tenido detrás su proceso de financiación para cubrir gastos: este era el motivo de las papeletas a un euro que se han ido vendiendo en los últimos meses para un sorteo «no especificado». Lo próximo será presentar el videoclip, grabado por el departamento de comunicación del club y montado por La Manita Fría Producciones, entregar a los aficionados a las puertas del estadio un tríptico con la letra del himno y esperar que el aficionado vuelva a contarlo cuando resuene por la megafonía del Romano.

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