Las tablas previstas en el Romano

Checa ttrata de arrebatar el balón a un jugador del Murcia. /J. M. ROMERO
Checa ttrata de arrebatar el balón a un jugador del Murcia. / J. M. ROMERO

Mérida y Murcia empatan a todo y se reparten los puntos en un choque aburrido y muy físico

JAVIER LAIRADO

Bastaba una mirada a la hoja de alineaciones que se reparte previamente a los partidos en el Romano para dibujar en la cabeza el choque que nos íbamos a encontrar poco después en el césped. Ambos equipos poblaban de músculo el centro del campo, fortaleciendo la zona ancha y protegiendo las respectivas medias lunas del área. En el Mérida, el mismo plan había dado resultado en las últimas semanas: en la última hora ante el Jumilla y en el empate arrancado en casa del líder Cartagena. Habían sido cuatro puntos sobre seis. Oro para el flan en el parecía convertido el equipo. Loren insistió en ello en la rueda de prensa previa al choque: esto es segunda B, hay que mantener la puerta a cero, el gol ya llegará, y más de esas. El Murcia, que viene desde abajo y ya se instala en zona de eliminatorias, planteaba una idea semejante. Pues a sentarse a esperar.

0 Mérida

Ramos; Godswill, Santi Villa, José Cruz, Golobart (De Dios, 24´); Javi Chino, Iván Pérez (Esparza, 68´), Checa, Chema Mato (Nana, 80´), Kiu; Germán.

0 Murcia

Biel Ribas; Orfila, Fornies, Charlie Dean, Molo; Juanma, Armando, Mateos (Fran Carnicer, 74´); Jordan (Santi Jara, 53´), Martínez, Pedro Martín (Chrisantus, 53´).

Goles
Sin goles.
Árbitro
Gao Aladro (Colegio Asturiano). Mostró cartulinas amarillas a José Cruz, Checa y Chema Mato por parte del Mérida; y a David Mateos y Charlie Dean del Murcia.
Incidencias
Estadio Romano, ante unos 4800 espectadores.

El primer cuarto de hora de partido se ajustó a ese guión como la media a la pantorrilla. Tuya y mía en el centro del campo, sin un dueño claro, especialmente porque nadie quería serlo. Todos se sentían más cómodos sin la redonda en los pies. Si un futbolista se empeñaba en perder la pelota, el rival se la devolvía cortésmente. Una vez asentados todos en el césped, llegó la primera ocasión clara del choque, en un balón largo del Mérida al que acudieron dos futbolistas. El defensor, Molo, con todas las dudas; el atacante, Germán, con toda la fe. Lógico que fuera el punta el que se llevara la pelota. Tras quedarse delante de Biel Ribas, chutó con la izquierda a la cepa del poste.

La ocasión pareció despertar al Murcia, que comenzó a rondar el área local, profundizando especialmente por su banda derecha. Ahí, Pedro Martín ayudó con su movimiento, de banda a banda, constante, a provocar errores en el centro de la defensa romana. Carlos Martínez disparó fuera desde dentro del área, Javi Chino tuvo que acudir a interponerse en un centro peligroso, y David Mateos estrelló un lanzamiento de falta suave en el poste de la portería de Ramos. A cambio, Kiu buscó el gol con un disparo lejano en el que Ribas maldijo el sol que le tapó la visión. Acabó despejando con dificultados. El partido se niveló en esos minutos previos al descanso, con varios acercamientos de ambos bandos a balón parado, especialmente un remate de cabeza de Germán que detuvo Ribas. Se agradeció el descanso por parte de todos.

El comienzo de la segunda mitad no difirió en demasía del primer tiempo. Se seguía jugando especialmente en centro del campo, con leves acercamientos a las áreas. Pero tan leves que perecían antes de arrancar el uy de las gradas. El juego comenzó a detenerse con una frecuencia tan enorme que era imposible dar continuidad al cuero. Germán y Kiu lanzaban desmarques de ruptura, pero sus compañeros no eran capaces de encontrarles. Además, cuando Gosdwill y Villa trataban de profundizar, lo hacían a tantos metros de distancia del área que la jugada se quedaba en nada. Al menos, y eso es innegable, el Mérida no sufría. Si al equipo local se le hacía largo el campo, al Murcia se le hacía enorme. Pero siempre les quedaba a ambos equipos el balón parado. Santi Villa fue mejorando su precisión con el paso de los minutos y, en el Murcia, Chrisantus añadía aún más centímetros a los balones laterales. Nada de eso sirvió y tanto Biel Ribas como Felipe Ramos vivieron una segunda mitad de lo más plácido. Sus guantes permanecieron blancos y relucientes. Incluso carecía de sentido una llamada a la épica, porque se asumía por todos que ambos equipos estaban consiguiendo su objetivo inicial. Así, esos últimos minutos, con Ribas tumbado aquejado de dolores, con el Mérida lanzando balones largos hacia futbolistas que no estaban allí, sobraron por completo.

Para el Mérida, el punto es la confirmación definitiva de que ha recuperado el pulso de la competición. Dónde antes era fácil de batir y cometía errores de juvenil que luego era imposible remontar, ahora es un equipo consistente y rocoso, industrializado, que no concede ocasión a la imprevisibilidad del fútbol. Del mismo modo, y no hay que obviarlo, que se ha alejado del área rival hasta el punto de haber marcado un solo gol en seis partidos. Llega ahora un clásico apasionante, con ambos equipos sufriendo por soltarse la soga. A disfrutarlo.

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