La solución no se otea

La solución no se otea

Nueva derrota de un Mérida que se ahoga en ansiedad y sigue su pronunciada cuesta abajo

JAVIER LAIRADO

Había ciertas razones para ser medianamente optimista en el Romano. Visitaba el Romano el Granada B. El filial nazarí era amigo cada vez que visita el Romano. En sus dos anteriores presencias, había resucitado a un muerto. En la 15/16, su visita supuso la última victoria como local de aquella temporada. En el curso pasado, un cabezazo de Javi Chino provocó la primera (y única) victoria de la era José Miguel Campos. Además, las cuatro incorporaciones del Mérida en el mercado invernal, todas ellas de un buen nivel, formaban en el once titular de Loren. Por lo que la cosa debía mejorar. Debía.

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Pero este filial es un equipo distinto a todos ellos. Más industrial, más regular, menos dependiente de las individualidades. Entre ese Granada más serio y un Mérida que ha entendido que lo primero para intentar ganar es equivocarse poco, la primera parte nació espesa y aburrida. Pocas anotaciones en la libreta de incidencias. Las áreas eran territorio prohibido. Mucho centrocampismo en ambos equipos. El Mérida entregó la pelota al rival y planteó un repliegue bajo buscando robar cerca de la medular y salir con velocidad, pero la calidad técnica del rival en la circulación lo impedía. Los fichajes de invierno dotaban al equipo de mayor consistencia, pero la sala de máquinas carecía de creatividad para facilitar la llegada de ocasiones. Así, en el primer tercio de partido, sólo un disparo a puerta, en una falta cercana al pico izquierdo de la portería de Lejárraga que Santi Villa envió a las manos del meta rival. Fue el mismo Villa el que volvió a hacer trabajar al portero en un remate de cabeza flojo tras una buena jugada colectiva de todo el equipo local y el que lo volvió a intentar desde fuera del área con un zurdazo que se marchó junto al poste. El Granada B demostró puño de hierro en su primera llegada. El centro de Pablo González desde la derecha no obtuvo rematador, pero el Mérida concedió al filial la segunda oportunidad, y ahí, David Grande no falló en el remate a bocajarro a centro de Morillo. Llegar y marcar. Equipo serio.

0 MÉRIDA

2 GRANADA B

mérida
Ramos; Pérez, Chino, Cruz, Pina (Mustafa, 55´); Checa, De Dios (Bernal, 69´); Kiu (Esparza, 55´), German, Villa; Iván Aguilar.
granada b
Lejárraga; Marí, Castellano, Eliseo, Héctor; José A. González, Pablo González (Fran Serrano, 88´); Andrés García, Morillo (Caio Emerson, 86´); Casi (Carlos Neva, 74´) y David Grande.
Goles
0-1, David Grande (Min. 37), 0-2, Casi (Min. 52)
Árbitro
Carralero Calvo (Colegio Madrileño). Mostró tarjeta amarilla a Santi Villa, Iván Pérez, Bernal y Mustafa por parte del Mérida y a Víctor Morillo y Adri Castellano por el Granada B.
Incidencias
Estadio Romano, ante unos 2500 espectadores.

El Mérida debía revolucionar el partido en la segunda mitad. No bastaba con ser un equipo consistente, había que crear. Y dado el porcentaje habitual de acierto de cara a puerta, crear en abundancia. Pero antes de vislumbrar cambio alguno en el choque, el filial se encargó de cerrar el partido en una contra perfecta. Grande arrancó por la izquierda, no fue posible pararle, y su balón al punto de penalti lo aprovechó Casi para batir a Felipe Ramos. Y claro, en ese momento, y ante el buen rendimiento de la pareja de centrales granadina, descubrió que tenía que rasear la pelota y utilizar esa pelota rasa para superar líneas rivales. Y eso, ¿cómo se hacía? Mustafa y Esparza saltaban al campo buscando revitalizar la profundidad por fuera, pero poco se consiguió hasta la entrada de Bernal. El centrocampista sevillano tardó medio minuto en encontrar el balón correcto al espacio de Esparza. Eso pareció espolear a equipo y público, pero no dio para demasiado.: una jugada embarullada con un disparo final de Esparza alto, un par de centros que no encontraron rematador y, sobre todo, un buen golpeo de Germán tras darse la vuelta en la frontal del área, que Lejárraga, atento, logró despejar no sin esfuerzo.

Los últimos minutos multiplicaban esa ansiedad que se está introduciendo en equipo y afición. Ningún reproche al esfuerzo físico de los futbolistas, todos se vaciaron; pero todos rindieron, con balón y sin él, por debajo de lo que son. Cada mala entrega (y fueron muchas), cada entrada a destiempo, cada error individual, repercutió en una entrega final en la que el Mérida volvió a demostrar que no da con la tecla que debe hacer que el equipo funcione. El filial no quiso hacer más sangre. Se conformó con nadar la ropa, cerrar los pasillos centrales y dejar que el equipo romano muriera por desesperación, por su propia incapacidad para encontrar soluciones. Así, lejos de las áreas, la noche se convirtió en gélida en esos instantes. Ni morir matando se logró.

El panorama es sombrío para el bloque emeritense, que no logra voltear la dinámica perdedora. Una nueva derrota, en un estadio al que, al principio de liga, se consideró inexpugnable. Y, de nuevo, las sensaciones de que el equipo no encuentra la manera de convertir las buenas intenciones en sensaciones y, menos aún, en resultados.

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