Hoy

SEGUNDA B

La fe prevalece sobre la espesura

José Ramón Lavado, autor del centro del primer gol, celebra el tanto con rabia junto a Dani Fernández. :: J. M. ROMERO
José Ramón Lavado, autor del centro del primer gol, celebra el tanto con rabia junto a Dani Fernández. :: J. M. ROMERO
  • El Mérida se impone en los últimos minutos, en un partido tan plano como aburrido, gracias a que siempre quiso más que el rival

La grada del Romano se hubiera marchado más feliz todavía si el partido hubiese comenzado en el minuto 88, se hubiera ido al descanso del 89 al 93 y la segunda parte hubiese durado tan solo el último minuto. Se hubieran ahorrado así una docena de bostezos, varios megas de datos de sus móviles y unos eurillos de la cena. Porque esos dos minutos, el 88' y el 94', fueron lo único rescatable de un partido espesísimo del Mérida y flojísimo del Jumilla, segundo clasificado. El resultado empuja al equipo de Eloy Jiménez hasta la 13º posición del grupo, dos puntos por encima de la promoción de descenso, pero las sensaciones frenan cualquier atisbo de euforia. Ahora mismo no está el equipo para otra cosa que no sea alejarse lo más que pueda del pozo del descenso. Ahora mismo.

Eso sí, en plena ofuscación (porque lo que intentaba no le salía nunca), el Mérida jamás perdió la fe. Y por eso llegó el gol de Neftalí en propia puerta a dos minutos del final: porque José Ramón se fue a por un centro muy pasado desde la izquierda, porque José Ramón volvió a poner el cuero otra vez en el corazón del área y porque ahí, en ese corazón del área, Yacine sabía que la posición y el despeje eran claro de Neftalí y aún así encimó y acosó al defensa del Jumilla. Tanto lo acosó y tanto lo encimó que acabó despejando mal hacia su propia puerta. Por situaciones como esta el delantero franco marroquí salió aclamado del Romano como el mejor de su equipo anoche.

El segundo gol, ya en la última jugada del partido, fue mera y pura anécdota. No consecuencia de nada. El Mérida sacó antirreglamentariamente un saque de banda al ladito del córner, Javi Chino le gritó a Borja que acabara ahí el partido, pero Borja fue a lo suyo y centró muy pasado, y de ese centro pasado al segundo palo surgió el penalti (clarísimo) del guardameta Jero sobre Hugo Rodríguez, que el mismo extremo gaditano se encargó de marcar a lo Panenka. Y colorín colorado.

El resto del partido fue la típica coletilla que se le suele coser a esta categoría: duelo muy competido, igualado, sin muchas ocasiones para ninguno de los dos, que se decide por pequeños detalles o errores, con excesivo centrocampismo y pocas áreas, donde tal vez lo más justo hubiera sido un empate... Bueno no, rebobinemos aquí: esto último es incierto. Dentro de la espesura y el aburrimiento, el Mérida mereció más porque quiso más. Simple y llanamente. Si la primera parte fue igualada, en la segunda mitad el Jumilla desapareció por completo y el Mérida, al menos, lo intentó siempre.

Nada de nada

Un disparo en el 41', tras recortar hacia dentro, de Hugo Rodríguez desde la frontal del área, que la manopla de Jero escupió a córner cuando ya enfilaba la escuadra, fue lo más peligroso de los dos equipos en la primera parte. Lo más peligroso y lo único. Porque el partido estaba siendo un señor maratón de películas de los Teletubbies: todo muy simple y muy básico, para niños que se inician en esto.

El primer disparo del Jumilla fue uno muy alto de Manolo en el 15'. Y el primer acercamiento con cierto peligro del Mérida fue un cabezazo desviadísimo de Aguza en el 29'. El resto fue igualdad entre la nada. Al principio, con dominio y control del Jumilla, que le escondió cuanto quiso el balón al Mérida (la presión descompensada de los emeritenses ayudaba, claro). Y al final espabilaron los locales para hacer lo mismo que antes había hecho el Jumilla: controlar el partido pero sin crear nada de peligro.

Solo los movimientos, el juego de espalda y cómo repartía Yacine fue lo único destacado antes del descanso. Eso y la novedad de Javi Chino de incrustarse entre los centrales cuando el Mérida quería iniciar el juego desde atrás. Pero si en lugar de todo eso nos hubieran puesto un canal de cocina de Kazajistán nos hubiéramos quedado igual.

Más voluntad y empeño

El sopor no cambió un ápice tras el descanso, pero sí emergió un matiz nuevo: el Mérida quiso ir aún más a por el partido y el Jumilla pareció conformarse con el empate. Pareció conformarse, decimos, porque dejó de atacar y solo pisó área rival con el marcador en contra. No creó ni una sola jugada de peligro el equipo de Pichi Lucas. Todo lo contrario que el Mérida, que sin nada de juego, al menos iba y lo intentaba y volvía a ir. La planicie era tal que los córners se jaleaban en las gradas como si de un penalti se tratara. De hecho, Hugo Rodríguez estuvo a punto de firmar un gol olímpico en el 81' si no llega a ser por la buena mano del guardameta murciano.

Sí es cierto que la entrada de José Ramón por Hugo Díaz agitó el ataque del Mérida. El extremo focalizó toda la mejoría del Mérida en sus intenciones ofensivas. Y de José Ramón salió el centro que cambió el partido y el ánimo del Mérida. Porque el 0-0 hubiera deprimido más aún el futuro del proyecto.