Hoy

segunda b

El Mérida asoma la cabeza

Justo en este fotograma, el árbitro decide que Yacine se tira y lo expulsa por doble amarilla. :: J. M. ROMERO
Justo en este fotograma, el árbitro decide que Yacine se tira y lo expulsa por doble amarilla. :: J. M. ROMERO
  • Con uno menos durante 55 minutos, los emeritenses se imponen con justicia al Jaén y se reconcilian con la grada, que acabó volcada

Hay partidos, sobre todo en Segunda B, que se explican muchísimo mejor a partir de instantes sueltos que con la suma de los noventa minutos. Como por ejemplo el de ayer del Mérida.

El primero de esos instantes dura apenas unos segundos. Carlos Rodríguez comete una clarísima falta sobre el jienense Álex Carmona en la frontal del área que el colegiado decide no señalar, e inmediatamente después el cuero cae a los pies de Yacine, que regatea al portero y... ¿se tira? ¿Le hacen penalti? ¿Hay o no contacto? Uno repasa la foto y reproduce mil veces el vídeo y no es capaz de salir de la duda, así que imagínense el colegiado en una milésima de segundo. Moreno Aragón decidió que el delantero del Mérida simuló y entonces le mostró la segunda cartulina amarilla a falta de 55 minutos para el final del partido. Ups.

El segundo instante también se explica en unos cuantos segundos. Antonio Romero, que llegó el último y en silencio se ha asentado como indiscutible en esa medular, encontró un hueco que algunos no somos capaces ni de intuir en sueños, y colocó a José Ramón solo ante el cancerbero del Jaén. El pase fue tan difícil y tan impecable que José Ramón miraba al línea como mira a su novia cuando no baja la taza del váter: expectante por lo que sabía que vendría. Pero no, no estaba en fuera de juego. Y cuando se coscó de que la jugada era válida, el extremo del Mérida definió como cuando nos embobaba en el Cacereño. Así es que sí, fue un justo premio a su sobresaliente partido. El de José Ramón.

El último instante que explica el partido es lo que sucedió precisamente al final: la explosión de reconocimiento de la grada hacia el plantel. Había tantas ganas de ese momento en el Romano como cuando los americanos se hacinaban en los muelles de Nueva York esperando a los barcos que traían las novelas por entrega de Dickens y Thackeray. Si hace dos semanas, ante el Cartagena, el público entendió que los jugadores podían hacer más... ayer le reconocieron el trabajo cantando al unísono durante dos-tres minutos en el tramo final del partido, cuando el equipo de Bernardo Plaza más no lo requería.

Entrega y velocidad

Porque lo que cambió fue eso: la entrega del grupo en cada acción (seguramente por el ánimo y el arrojo que da el ir por delante en el marcador) y, también, la velocidad que le imprimió el equipo a cada jugada desde el inicio. Fue uno de los mandatos básicos del entrenador interino: aprovechar la rapidez de sus jugadores de ataque para sorprender al Jaén. Y en los primeros diez minutos no se vio otra cosa. En el 6' Carlos Rodríguez cruzó demasiado un disparo tras una excelente jugada de José Ramón y en el 9' Hugo Díaz mandó por encima del travesaño un pase de la muerte de, quién si no, José Ramón. Lo dicho, el partido de ayer de Lavado fue para que se lo ponga en el móvil todos los días en bucle antes de dormir y lo repita jornada sí y jornada también. Aparte de esas dos jugadas y el gol, ya en el 89' se ingenió una cabalgada desde campo propio, y frente a tres rivales, que acabó con Pardo fallando en el mano a mano ante el guardameta morado en la frontal del área pequeña.

Tras unos primeros minutos sobresalientes, el Mérida bajó el pistón a notable. Lo que posibilitó que el Jaén empezara a crecer. Pero los visitantes crecieron tan solo en el control del juego, nunca en la intimidación. Salvo un remate al palo tras una falta semilateral en el 15', Salcedo volvió a ver (como ante el Granada B, como ante el Cartagena) muy de lejos cualquier atisbo de peligro.

Estaba todo el Mérida de notable alto, desde la línea defensiva hasta los extremos, pasando por la sala de máquinas (la de Pardo y Antonio Romero). Hasta Hugo Díaz y Yacine demostraron que se entienden perfectamente en el mismo lenguaje jugando los dos en punta. Pero entonces llegó la jugada de la expulsión del delantero franco-marroquí a siete minutos del descanso, la segunda en lo que llevamos de curso, y el guión previsto viró.

En la segunda parte, el Jaén se atribuyó el mayor porcentaje de control del juego, que aumentaba conforme Ramón Tejada metía cambio ofensivo tras cambio ofensivo. Pero el Mérida defendió como siempre, y encima se atrevió a aprovechar los espacios. Como en el gol, el primero de jugada de los cuatro que ha celebrado, por cierto

Todo lo vio Eloy Jiménez desde el palco. Desde hoy ya es su equipo.