Hoy

La depresión del Mérida es alargada

Borja intenta consolar al guardameta Salcedo al final del partido. :: J. M. ROMERO
Borja intenta consolar al guardameta Salcedo al final del partido. :: J. M. ROMERO
  • El equipo de Campos, que no mereció perder (tampoco ganar), vuelve a no ser capaz de sobreponerse a un marcador adverso

Sí, el Mérida volvió a perder... esta vez por un pequeño detalle. Pongamos, por ejemplo, que un pequeño detalle es que el banquillo visitante te saque deprisa un saque de banda casi en el centro del campo. Pues soplidos como este son los que, ahora mismo, mandan al Mérida a la lona.

Parte de la grada, sobre todo en tribuna, aplaudió al final del choque. En plan 'vamos chicos, que todavía creemos'. Pero la mayoría, sobre todo en preferencia, le reprocharon al equipo, con pitos, cánticos y pañuelos, el nefasto arranque de temporada. Y oye, el equipo aguantó el chaparrón en el centro del campo varios minutos. Porque los jugadores saben que no es falta de actitud, ni de entrega, ni de compromiso (al menos ayer)... Que es otra cosa más grave aún: es un bloque mental premium. Porque fue el de ayer un partido calcado al del Granada B hace quince días, incluso mejor jugado por los chicos de Campos. Sin embargo, esta vez el rival aprovechó ese 'pequeño detalle' y, ofensivamente, no apareció la coronilla de Javi Chino.

Ese es, después de la depresión, el gran problema de este Mérida: no genera acciones de gol. Defensivamente, en el Romano, salvo el primer cuarto de hora contra el Lorca, el equipo se despliega casi impecable. Pero arriba está nulo. Ayer, vayamos contando, quedan anotadas el disparo altísimo de David Álvarez en el segundo palo a los 14 minutos, la falta por encima del travesaño de Hugo Rodríguez en el 34', un tiro de Migue Marín desde el pico del área grande en el 52' que se marchó muy fuera, una dejada en el segundo palo de Yacine en el 68' a la que no fue capaz de llegar José Ramón Lavado y un disparo errado de Migue Marín desde casi el área pequeña tras una buena pared con Borja en el 80'. Y ya está. Ninguna clarísima de gol, a pesar de que el Mérida, sobre todo en la segunda parte, tuvo el balón, se movió por la zona de tres cuartos del campo rival y pisó en muchas ocasiones el área de Limones.

Y no será porque José Miguel Campos no toca teclas. Ayer volvió a cambiar mucho y, aunque fue el mejor partido de lo que llevamos de curso (lo que habla muy mal, por cierto, de la temporada), fue insuficiente. Dani Fernández se fue al banquillo y su lateral derecho lo ocupó Víctor Mongil; Paco Aguza y Ayoze volvieron a coincidir, tres jornadas después, en el eje de la defensa; Javi Chino se encargó él solo del mediocentro y mandó a Pardo y a Antonio Romero a la suplencia; David Álvarez se postuló por delante de Borja para acompañar a Álex Bernal; y Yacine regresó a la titularidad cuatro jornadas después.

Y el equipo entró bien al partido. Al menos, entró igual de bien que el segundo clasificado. El respeto que se dedicaron ambos sirvió para que Salcedo y Limones fueran meros espectadores en la primera mitad (bueno... y también en la segunda, aunque en esta parte más por impotencia del Mérida y conformismo del Cartagena). Nunca el Cartagena había creado tan pocas ocasiones de gol en un encuentro, y fue el de ayer en el Romano. La única ocasión clara acabó en gol. Ese 'pequeño detalle', recuerden.

Sacó el Mérida un córner. El Cartagena despejó y cogió a la contra al cuadro emeritense. Migue Marín cerró y cortó la jugada mandando el cuero cerca del banquillo del Cartagena. El banquillo del Cartagena entregó el balón rápido a uno de sus jugadores para aprovechar que el Mérida aún no se había reorganizado. Javi Chino y Migue Marín, por el ímpetu de cortar de nuevo la jugada, fueron los dos a por el jugador que tenía la bola. Óscar Rico salió de esa presión, se la puso en profundidad a Arturo, que desde dentro del área se sacó un pase de la muerte para que Juanlu Hens solo tuviera que empujarla en el segundo palo. Y adiós.

Porque la segunda parte fue un quiero y no puedo del Mérida, al que le sigue faltando claridad, tranquilidad y último pase. Y también un psicólogo, porque el domingo que viene toca visitar el campo del líder invicto.