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Messi compensa la irregularidad del Barça

Leo Messi, durante el partido contra el Sevilla.
Leo Messi, durante el partido contra el Sevilla. / EFE
  • Tras salvar al equipo azulgrana en Sevilla, ya vuela a Argentina para hacer lo mismo con su selección

El Barça se ha acostumbrado a vivir en el alambre en los grandes partidos y, como suele suceder en esos casos, unos días cae en la red y otros logra mantener el equilibrio, pero también puede precipitarse al vacío. En Sevilla tocó salir del ejercicio con pirueta final y sonriendo al tendido, pero tras tantos sustos durante la actuación que no quedó claro si puede presumir demasiado del éxito. Cuando el funambulista es Messi, todo es más fácil, claro, pues en la cuerda floja es capaz hasta de hacer el pino, pero en los pocos días en los que el extraterrestre se convierte en humano, como en la segunda parte de Mánchester, y habrá más ocasiones así, sus compañeros no acaban de atreverse a ser los protagonistas de la función. Y eso es un problema.

El equipo de Luis Enrique volvió a abonarse al transformismo en el Ramón Sánchez Pizjuán. Como en Vigo, donde regaló la primera parte (3-0) y la reacción en la segunda no le llegó para remontar al Celta (4-3). Igual que ante el Manchester City, que se impuso 3-1 en el Etihad Stadium tras el descanso pese al baño monumental del Barça en unos primeros 45 minutos que acabaron 1-1 por un regalo de Sergi Roberto. Cuesta encontrar un partido grande redondo a un equipo que pelea por todos los títulos y el de Sevilla fue también la noche (una primera parte horrorosa del Barça ante un gran equipo de Sampaoli) y el día, con Messi, que ya había empatado de milagro en el minuto 42, mostrando su indiscutible reinado en el fútbol mundial más allá de los premios individuales que le concedan o no.

Hubo retoque táctico de Luis Enrique, sí, colocando sin hacer cambios un centrocampista más por el centro para ayudar a Sergio Busquets, a veces Sergi Roberto subiendo desde el lateral y otras Umtiti incorporándose desde el centro de la defensa. Seguro que eso ayudó, como también el bajón físico de un Sevilla que no podía mantener de ninguna forma física el ritmo infernal de la primera parte en la presión y en la ejecución. Pero pese a esos dos factores, el Barça no habría remontado de no existir un genio del fútbol como Messi. Él solo intimidó a once rivales con jugadas individuales que comenzaba en campo propio, como la asistencia a Luis Suárez en el 1-2.

Messi fue el salvador del Barça y ahora vuela con su capa de héroe a Argentina, que reclama sus servicios en las eliminatorias sudamericanas rumbo al Mundial de Rusia 2018. Su selección se complicó el pase cuando él no pudo jugar por lesión y ahora estaría fuera de la fase final en la liguilla. Como en Sevilla, asume la responsabilidad, acepta la presión de un país metido en su mochila. Cuesta entender cómo sigue maravillando allí donde va.

Y cuando vuelva al Barça le esperan otras batallas como la visita a Anoeta, habitual escenario de derrotas, o el clásico ante el Real Madrid, pero entonces ya estará menos solo, porque Iniesta, Piqué y Alba ya estarán recuperados de sus lesiones. El equipo de Luis Enrique ha sobrevivido sin ellos, manteniéndose a dos puntos del Madrid en la Liga y liderando el grupo de la Liga de Campeones. Si a partir de ahora adquiere regularidad y deja de vivir en el alambre, será temible otra vez, porque ahora el éxito parece una simple cuestión de azar.