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depresión rojiblanca

La resaca del derbi descuelga al Atlético

Simeone, incrédulo en Balaídos.
Simeone, incrédulo en Balaídos. / AFP
  • Los errores de Simeone en el planteamiento y la poca intensidad de los rojiblancos en Balaídos fueron de campeonato

  • Malestar en el club rojiblanco por los arbitrajes e insistencia en la Champions como objetivo prioritario

Tras el éxtasis, la depresión. En cuestión de una semana el Atlético ha pasado de presumir de ser el mejor equipo de la capital a sentirse humillado en el primer tiempo por el Celta. Cholo Simeone hizo autocrítica, reconoció que eligió mal la formación y tiró 45 minutos, pero sus errores de bulto en el planteamiento pueden valer un campeonato. A siete puntos del Real Madrid y a seis del Barça, los colchoneros no arrojan la toalla, pero asumen que al final quizá se jueguen más las habichuelas contra Valencia y Sevilla, sus rivales para acabar en zona de Champions. Precisamente el gran título continental es el gran reto de los colchoneros.

Por primera vez en mucho tiempo, el Atlético fue un equipo confundido, incapaz de saber a lo que jugaba. Con Fernando Torres y Mandzukic en punta y Griezmann como volante derecho, las distancias entre líneas fueron enormes. El cambio de Tiago a la media hora, justificado después por el técnico por una supuesta sobrecarga en el gemelo, y la sustitución de ‘El Niño’ en el descanso, evidenciaron el desastre y generaron malestar en los jugadores por más que el entrenador se inculpase.

Aunque la plantilla está bien diseñada y el fondo de armario es amplio, en Balaídos quedó patente la dificultad para suplir a Arda Turan y a Koke, los jugadores con más técnica y visión. Simeone pagó caro su error de no atreverse a apostar de inicio por Cani, el más parecido a los ausentes. Con sus decisiones desnaturalizó al equipo. Tanto que hasta Mandzukic se acercó al banquillo en un momento del duelo para pedir explicaciones. «No me enteré porque él habla en inglés y yo en español», ironizó Simeone tras el partido.

En el debe del Atlético estuvo su incapacidad para sacar el balón jugado y conectar con los delanteros. Los centrocampistas, sobre todo Tiago, Gabi y en la segunda parte Mario Suárez, se quitaron siempre el balón de encima como si les quemase. Tampoco taparon bien, ni llegaron a las ayudas.

Nolito, en el extremo izquierdo, y el chileno Orellana, con más libertad, fueron un quebradero para los rojiblancos, incapaces de frenarles. Sin la solidaridad adecuada por parte de los compañeros y con esa tendencia a atacar más que a defender, Juanfran y Siqueira sufrieron como condenados.

Confundidos

Lo que más duele a los atléticos, además de ver alejadas las opciones de defender el título, fue la actitud del equipo. Por primera vez en mucho tiempo, un rival les ganó en energía, intensidad y ritmo. Sin necesidad de hacer faltas, los celestes llegaron se anticiparon siempre. Los madrileños acusaron la enorme resaca, quizá más mental que física, que les dejó el derbi. Como si golear al eterno rival les hubiera relajado.

Ya con Griezmann por detrás de Mandzukic y sin Torres, el Atlético se pareció más a sí mismo tras el descanso. Tocó más, presionó mejor, se juntó y generó varias ocasiones. Encajó los goles, pero su imagen fue superior. En medio del caos, es destacable que apenas sufriera ocasiones del gol pese al baile sufrido en el primer acto.

Aunque nadie se escudó en el arbitraje y Simeone sólo se refirió a «episodios» que pusieron en ventaja al Celta, en el seno del Atlético existe indignación con el arbitraje de Martínez Munuera. Se le achaca su criterio a la hora de indicar faltas y enseñar tarjetas y, sobre todo, errar en dos jugadas claves: no consideró voluntaria la clara mano de Augusto Fernández en la acción previa al claro penalti de Mario Suárez sobre Nolito, que pareció Messi durante todo el partido, y no ver el derribo de Fontás a Siqueira.

No gustó en los malpensados rojiblancos la designación de un juez valenciano, por ser precisamente el equipo che de Nuno Espírito Santo un rival directo por el tercer puesto. Quien ve el vaso medio lleno considera que alejarse de la cabeza puede ser positivo a medio plazo para rotar más en algunos duelos de Liga y anteponer la Champions, el gran objetivo del curso y el sueño eterno de los atléticos.