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jornada 18

Messi recupera su sitio

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Messi (i) y Neymar celebran un gol. / Reuters

  • Extraordinaria primera parte de los azulgrana, liderados por un Messi que actuó en la derecha junto a dos incisivos Luis Suárez y Neymar

El Barcelona cerró con su mejor partido todos los debates surgidos en la semana más convulsa que ha vivido el club en la última década. Lo hizo ante el campeón, al que llegó a borrar por momentos del partido, y aunque los goles los lograron sus tres estrellas por primera vez en la Liga el equipo jugó de modo colectivo y transmitió una imagen acorde a lo que era su técnico como futbolista. Luis Enrique no se arrugó y encontró el lugar ideal para Leo Messi, en la semana que se habló de la relación entre ambos. En la banda, que no en el banquillo, el argentino dio un recital con el que reclamó su condición de mejor jugador del mundo, finalizando, participando en ataque y hasta en defensa, al punto de que hasta cometió un penalti. Si jugase muchos días así, no habría crisis alguna en Can Barça.

  • El Barcelona vence al Atlético de Madrid

Cierto es que el Atlético le regaló un acto. El campeón liguero mutó respecto al derbi copero. No sólo por nombres, ya que sólo cinco repetían, sino porque su pasión duró dos minutos, lo mismo que una gaseosa recién abierta. Simeone había decidido que uno de los que se mantuviera en el once fuera Jesús Gámez, pero no como lateral diestro sino como '3'. Hasta hace cuatro días el malagueño apenas contaba, pero el Cholo lo eligió antes que a Siquiera, defenestrado desde su penalti en San Sebastián. Un diestro a pie cambiado para frenar a Messi, al que Luis Enrique encontró acomodo en la diestra. Un guiño a Rijkaard, tan de moda durante la semana, que lo colocaba ahí los días que no era suplente de Giuly. Con las mismas ganas que mostraba entonces, en 2006 cuando buscaba su sitio en la élite, se hizo gigante.

Desde ahí comenzaron todos los problemas rojiblancos y el éxito azulgrana. Un lugar común encontrado por el asturiano con el argentino y gracias a ello el Barcelona pasó por encima del Atlético en la primera mitad. Primero fue el '10' el que tuvo la ocasión de abrir el marcador, pero le faltó el acierto que luego mostró para driblar a Godín, ceder a Luis Suárez que controló mal con el muslo pero convirtió la bola en una asistencia para Neymar que lanzando al suelo y con la uña siendo más rápido que Juanfran para gritar gol. El brasileño marca al Atlético, primer equipo al que vacunó en España. Entonces fue de cabeza, se adelantó a Juanfran para cabecear a la red. Minutos después seguro que tuvo sensación de 'dejà vù' porque Luis Suárez le puso un balón medido pero esta vez su testarazo se fue junto al palo.

Quizá pueda alegar que le dolía el tobillo, porque Giménez le golpeó con los tacos en una entrada peligrosa a ras de suelo que le dejó la articulación sangrando. Undiano, horrible en sus decisiones y poco ayudado por todos, le dejó en el campo. Todo ese caudal ofensivo local partía de la diestra, donde Gámez sufría intentando parar a Messi, las llegadas de Rakitic desde segunda línea y las caídas a banda del uruguayo. Todos los que en Anoeta fueron suplentes, menos Ter Stegen, fueron reclutados por Luis Enrique para el día que se jugaba la cabeza aunque quizá en San Sebastián también estaba en juego media Liga.

El penalti anima al Atlético

Con todos ellos, los azulgranas generaron más ocasiones que los seis duelos de la etapa de Martino, en la que Simeone no perdió ninguno. Pero esta vez el Atlético estuvo desbordado, incómodo, sin concentración defensiva, demasiado encerrado en su área, no dio sensación de poder desplegarse. Quizá porque por vez primera el Barça se pareció al Luis Enrique jugador, algo que hace tiempo consiguió Cholo con sus guerreros. Y aunque marraron algunas opciones, al final Luis Suárez logró marcar su gol. Era justo el triunfo y quizá la renta. Todos disfrutaban y nadie miraba al banquillo local.

Al regresar de la caseta y pese a no hacer cambios, el Atlético mostró otra intención. Al menos inquietó a Bravo, aunque fuera a balón parado. La grada coreó a Messi, poco antes de que Undiano pitara penalti en una acción sorprendente entre Messi y Gámez. El toquecito del argentino pareció insuficiente. Luis Suárez, que tras tres meses empezó a mostrar algunas pinceladas de lo que es capaz, se desgañitó después pidiendo penalti en un Camp Nou gritón ante cada acción en la que el colegiado usaba su silbato. Que el duelo, tras lo visto en la primera mitad, entrara en esa dinámica sólo beneficiaba a los visitantes. Se enganchó al duelo, y con más de media hora por delante aquello parecía ideal para que entrase Raúl García y Torres, bestia negra de los catalanes.

Messi, en todos los sitios

Pese a pasar por dos campeonatos extranjeros, sigue siendo el jugador que más goles le ha marcado de la Liga. Por eso le silbó el coliseo azulgrana. Accedió al campo por Gabi, cambio ya visto en otras ocasiones cuando el capitán no termina de ser el sostén en el medio junto a Tiago. Pasó a jugar con tres arriba, buscando el empate y olvidando el repaso que le habían dado en el primer acto. Salió al contragolpe incluso con peligro, pero Bravo estuvo listo actuando casi como libre en un centro desde la diestra de Mandzukic a Torres y en un remate del Niño tras un brutal túnel de tacón de Arda Turan a Piqué. El rechace lo quiso meter de vaselina Raúl, pero estaba el chileno para sujetar el resultado.

No se fiaba Luis Enrique de que el triunfo lo fuera a mantener sólo con la actuación de su portero, sobre todo viendo lo que sufría a balón parado, y pensó en tirar de Rafinha. Pero no veía el momento. El duelo estaba caldeado, con Messi en todos los incendios que se formaban, fueran grandes o pequeños. Hasta vio una amarilla por buscar un balón colgado al que se le adelantó Moyà. Parecía hiperexcitado y al final encontró el premio del gol. Fue al llegarle, de rebote, una pared que hizo con un Rakitic que también refrendó sus credenciales. Leo lo celebró con rabia, confirmando que cuando está enchufado es imparable. Por algo tiene cuatro Balones de Oro. Si se lo propone y se olvida de pulsos tendrá varios más.