Hoy

Jornada 7

Messi y Neymar, en un minuto

vídeo

Neymar (i) y Messi. / AFP

  • El técnico asturiano niega una batalla con los pesos pesados del Barça, que se enfrenta a un Rayo que mide su capacidad de reacción y puede discutirle la posesión

Con Messi y Neymar todo es más fácil para el Barça, que está pletórico en la Liga en este inicio de temporada gracias a sus dos grandes estrellas. El crack argentino y el brasileño resolvieron en un solo minuto el compromiso de Vallecas, para firmar los azulgrana su séptima victoria, aumentar su cuenta goleadora a 19 goles y mantenerse imbatidos en el campeonato, con plusmarca incluida de Claudio Bravo en el comienzo del campeonato, arrebatada a Artola por el portero chileno gracias a un mano derecha de récord, cuando sólo se llevaban ocho minutos. Esa parada salvadora de Bravo evitó que el Barça, prácticamente con todos sus mejores jugadores en el once, fuese a remolque ante un valiente Rayo que plantó cara durante la primera media hora pero no pudo sobrevivir frente a la clase de la pareja que está brillando, respondiendo a lo que se les exige, aunque el equipo de Luis Enrique siga sin deslumbrar con su juego y en Vallecas se permitiese relajarse con la victoria asegurada, y contra 10. Ya en el tiempo añadido de un partido plomizo, el Rayo acabó con nueve.

Al menos el Barça sí tuvo efectividad y recuperó a los futbolistas que debían jugar, Xavi y Piqué entre ellos, y también el control que le faltó en el Parque de los Príncipes, para demostrar de nuevo autoridad y contundencia ofensiva en un duelo que se presumía algo complicado contra un Rayo al que le gusta tocar y volvió a discutirle el balón al poderoso. Sin embargo, aguantó poco más de media hora el equipo de Paco Jémez, que con una defensa muy adelantada arriesgó demasiado y lo pagó con un par de balones largos culminados por los dos delanteros que son los que están encumbrando a este Barcelona que, aunque deje dudas en su área, arriba dispone de dinamita para solventar cualquier partido. Y más, contra rivales sin pegada que, después de bajar totalmente los brazos con el 0-2, pierden a un jugador. Pese a que la segunda amarilla a Morcillo por una entrada normal a Neymar, criticado por fingir, fuese exagerada.

Cierto es también que el Rayo pudo quedarse ya con uno menos cuando se llegaba al descanso si el árbitro hubiese pitado penalti a Munir y expulsión de Toño, que sí la mereció por derribar al hispano-marroquí, ya miembro habitual de un tridente ofensivo en el que Messi y Neymar se reparten ya en la Liga 13 goles, siete de ellos del brasileño. Lo que sí sorprendió no fue que Luis Enrique recurriese a Xavi y Piqué para suavizar una situación que casi siempre es incomprensible por lo que suponen, aportan e imponen los dos pesos pesados -por mucho que el discutido central catalán no esté en forma-, sino que el técnico asturiano dejase en el banquillo a Jordi Alba y desplazase al lateral izquierdo a Mathieu. El resto, lo previsto, como tampoco fue inesperada la salida atrevida del Rayo, de más a menos en un duelo en el que el Barcelona, con la ventaja del descanso, no quiso desfondarse, porque el conjunto rayista pasó de ser un bloque solidario y concentrado a un equipo sobrepasado por un Barcelona que exhibió pegada sin apenas ocasiones. Apático y entregado, el Rayo desapareció en inferioridad numérica.

Al Barça le bastaron en el primer tiempo cuatro oportunidades para marcar tres goles, uno de ellos anulado a Messi, y dejar sentenciado un partido que tuvo poco fútbol y en el que los azulgrana se permitieron en la segunda parte jugar al tran tran y no demostrar ambición. Contra un jugador menos, no pisaron los azulgrana el acelerador y, con un ritmo cansino y despreocupado, el encuentro se fue muriendo sin remedio. Sin nadie que pusiese chispa arriba y le diese algo de alegría, después de que un despeje de Piqué aprovechado por Messi, genial con su autopase con la cabeza y en la definición, y una pelota en largo de Munir a Neymar, sirviesen para acabar con el Rayo. Por si no tenía suficiente el equipo madrileño con esos dos mazazos consecutivos, llegó la roja a Morcillo y el Barcelona se contagió de la siesta local. No precisó esforzarse y no lo hizo, aunque Luis Enrique y su afición no estén contentos con el sacrificio y la ambición. Ya llegarán, sobre todo en Europa, retos bastante más exigentes en los que los azulgrana tendrán que poner una marcha más. De momento, en la Liga, los resultados son impecables.