Hoy

FÚTBOL

El Barça piensa más en el futuro que en el milagro tras la debacle en París

Luis Enrique.
Luis Enrique. / Yoan Valat (Efe)
  • Nadie cree en la remontada ante el PSG y pocos apuestan por la renovación de Luis Enrique tras ser cuestionada su táctica por Busquets: se abre el proceso de búsqueda de entrenador

 Quedan tres semanas para el partido de vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones en el Camp Nou, una eternidad para un Barça que tendrá que convivir todo ese tiempo con el recuerdo de la humillación sufrida en París en la ida. 24 horas después del merecido 4-0 favorable a un gran PSG, nadie, ni dentro ni fuera del vestuario ni del club, encuentra argumentos para creer en una remontada que no tiene precedentes en el fútbol europeo. El más optimista puede soñar con un gran día del Barça y de su tridente, por qué no, la irregularidad tiene picos ascendentes insospechados, pero que esa versión coincida con un día relajado del equipo de Unai Emery es una quimera porque si algo garantizan los conjuntos que entrena el técnico vasco es concentración e intensidad para competir hasta el final y evitar debacles de ese tipo.

En el Barça, además, las catástrofes europeas de este tipo nunca salen gratis y suelen crear grietas irreparables. Sergio Busquets, dolido por el baño de fútbol y de pasión del PSG, fue tan sincero recién acabado el encuentro, a pie de césped con las televisiones, que no pudo obviar una reflexión en caliente que dejó en mal lugar al cuerpo técnico liderado por Luis Enrique: «Han sido mejores que nosotros, han jugado mejor, han hecho un planteamiento táctico mejor y nos han superado». Preguntado por si había sido un tema de actitud, el centrocampista insistió en que «no ha sido la actitud, ha sido un tema de fútbol, han apretado más, han estado mejor tácticamente, han hecho un plan y lo han llevado hacia donde han querido». Y añadió en una tercera respuesta que «nos imaginábamos otro tipo de partido, pero han apretado y nos han sorprendido». ¡Tres referencias a la táctica en tres respuestas consecutivas! Cuesta creer en las casualidades.

Informado Luis Enrique en la entrevista tras el partido de TV3 del razonamiento de Busquets, no logró ocultar el calentón que le recorrió el cuerpo y lo pagó con el periodista al entender que sus preguntas no tenían el tono adecuado. Perdió los papeles el técnico asturiano en directo, sin duda al comprobar que un peso pesado del vestuario cuestionaba su planteamiento tras un partido tan importante.

Culpables tras un 4-0 inapelable y mediático hay muchos. Luis Enrique no es el único y seguro que en el desgaste que arrastra el Barça en este inicio de 2017, con 13 partidos en 41 días entre el 5 de enero y el 14 de febrero (uno cada tres días), encontraría una buena excusa, principalmente porque muchos de ellos han sido de una exigencia descomunal para clasificarse para la final de Copa. La factura es evidente porque además conlleva lesiones como las de Iniesta y Busquets, que en París mostraron su falta de ritmo competitivo, o la de Piqué, con molestias en un adductor que tendrá que soportar hasta final de temporada, por no hablar de las bajas de Aleix Vidal, Arda o Mascherano, un jugador que por su intensidad hubiera compensado alguna de las carencias colectivas en el Parque de los Príncipes. Pero el técnico asturiano no recurrió a ese discurso y asumió el «desastre», como lo calificó.

Ya hubo avisos previos

Ciertamente, el Barça ya había dado varios avisos de que algo así podía suceder. El caso más reciente fue en la vuelta de la semifinal de Copa ante el Atlético, pero antes fueron 75 minutos nefastos ante el Betis, un partido calamitoso de Liga ante el Real Sociedad en Anoeta, la primera parte en el Pizjuán ante el Sevilla o la segunda en Manchester. Como había logrado sobrevivir en Copa y en Liga de Campeones, los puntos perdido en Liga se entendieron como el peaje que tenía que pagar un equipo que estaba cambiando algunas cosas para mantenerse en el éxito. Existía una fe ciega en que cuando llegara esta eliminatoria de la Liga de Campeones, volvería a verse el mejor Barça. Pero se ha visto al peor, con el equipo partido, el tridente desconectado, Rakitic en el banquillo, André Gomes corriendo sin sentido por el césped, Sergi Roberto bloqueado ya en su reconversión como lateral.

Luis Enrique tiene el favor popular, pero ya se sabe que eso dura poco. Y más cuando los nostálgicos del Barça de Pep Guardiola desempolvan sus tambores de guerra reclamando el juego posicional, el estilo, el toque. Como si los últimos seis meses con el técnico de Santpedor no hubiesen existido en la temporada 2011-12. Como si contar en un once con Leo Messi, Luis Suárez y Neymar no obligue a jugar de otra forma. Como si Alves o Xavi siguieran en el Barça o Iniesta tuviese 20 años.

En cualquier caso, el hecho de que el técnico no haya comunicado todavía si renueva o no, unido a la debacle en París y a la crítica de Busquets, invita a apostar sin demasiado riesgo a perder que en junio habrá cambio de entrenador en el Barça y el secretario técnico, Robert Fernández, ya puede encontrar el perfil ideal porque tras la vuelta de tuerca de Luis Enrique a lo tradicional, está escrito que toca volver al origen. La escuela holandesa, vivero habitual en la historia del Barça, ofrece candidatos como Ronald Koeman (Everton), Cocu (PSV), Van Bronckhorst (Feyenoord) y Frank de Boer (sin equipo). Entre los ex de la casa, Eusebio Sacristán por fin aparecerá en las quinielas -entre las que estará Valverde- gracias a su trabajo en la Real Sociedad y muchos verán en Òscar García (Salzburg) al futuro Pep Guardiola. El presidente, Josep María Bartomeu, que de estas cuestiones entiende bastante poco, es capaz de ofrecer el cargo a Gerard López, cuyo Barça B lidera su grupo en Segunda B. Por ahí anda Laurent Blanc tras hacer jugar muy bien al PSG antes de la llegada de Unai Emery. Y que nadie descarte a un entrenador argentino por si hay que convencer a Leo Messi de algo. Jorge Sampaoli ya ha dicho que le gustaría entrenarle cada día. Otra vez a buscar en el Sevilla...