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OCTAVOS DE FINAL | IDA

Los secundarios reclaman su lugar en la vindicación de James y Benzema

Toni Krook aplaude al público del Bernabéu.
Toni Krook aplaude al público del Bernabéu. / AFP
  • Kroos y Casemiro firman dos goles capitales para dar tranquilidad al Madrid de cara a la vuelta en San Paolo

Los actores secundarios reclamaron su Oscar en una noche que pintaba mal durante la primera media hora para convertirse en una apoteosis del ADN madridista en los 60 minutos restantes. Son jornadas así las que han gestado la historia del Real Madrid. Justo cuando la debacle comienza a mascarse en el ambiente, el cuadro de Chamartín apela al coraje y a eso que se denomina el miedo escénico para devorar a la presa que amenazaba con subírsele a las barbas. Toni Kroos y Carlos Henrique Casemiro exigieron su lugar bajo los focos cuando se aguardaba a Cristiano Ronaldo. Sellado el 1-1 por un Karim Benzema que se reencontraba con el gol más de un mes después de su último tanto, fueron dos de los integrantes de la medular los que redondearon un resultado que da aire a los blancos para una vuelta en San Paolo que tampoco será fácil.

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Firmó el segundo de la cuenta local el alemán con uno de esos golpeos que tiene patentados. Recogió el esférico tras una internada de Cristiano Ronaldo por la derecha y dio uno de sus pases milimétricos al fondo de la malla rival. Como ante el Celta en la segunda jornada del campeonato liguero en la que también puso el 2-1. Fue su primer gol en la presente edición de la Champions, el segundo que totaliza desde que comenzara la campaña tras aquel ante el cuadro vigués.

Idéntico registro que el del germano lleva Casemiro. Pieza indiscutible desde que Zidane sufriese aquella derrota en el Vicente Calderón el pasado curso, su sacrificio y constante brega constituyeron un pilar fundamental en la conquista de la ‘undécima’. Acostumbrado al papel de secante, el brasileño le ha cogido gusto al gol en este 2017. Cerró la goleada frente al Granada y abrió su cuenta en Champions con el tercero ante el Nápoles, el tanto que permitirá a los blancos visitar la ciudad partenopea con un colchón de seguridad.

Reconciliación tras San Valentín

Fue, por lo demás, la noche de la vindicación de James y Benzema, dos de los futbolistas más cuestionados hasta la fecha de este Real Madrid de los récords que tras ver cortada ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán su racha de 40 partidos sin conocer la derrota, encadena ahora otra de 41 encuentros consecutivos marcando, un hito que sólo había logrado en otras tres ocasiones anteriores: 1952, 1989 y 2012. Frustró, por contra, la del Nápoles, que no perdía desde que lo hiciese frente a la Juventus allá por el 29 de octubre de 2016. Dieciocho partidos acumulaban los de Maurizio Sarri sin besar la lona hasta la visita al Santiago Bernabéu, con doce victorias y seis empates.

El colombiano fue la gran sorpresa en el once que presentó Zinedine Zidane para medirse al conjunto transalpino. Con todos sus hombres disponibles a excepción de Gareth Bale, al que dejó fuera de la convocatoria con el fin de no correr riesgos tras más de dos meses ausente por lesión, y cuando parecía que la única duda en la mente del francés era si optar por el toque de Isco o la verticalidad y el trabajo de Lucas Vázquez, el técnico se decantó por dar entrada de inicio al cafetero, quien acumuló 235 minutos en la fase de grupos en los cuatro encuentros que disputó.

El ‘10’ lleva toda la temporada en la cuerda floja. Tras firmar una primera campaña deslumbrante a su llegada al Bernabéu después de maravillar a Florentino Pérez en el Mundial de Brasil y una aceptable segunda, ha visto cómo Zidane le relegaba a un papel de comparsa en la tercera, adelantado por Isco, Lucas Vázquez e incluso Kovacic como solución de emergencia cada vez que faltaba alguno de los integrantes del mediocampo o de la BBC. Su descontento era manifiesto y se convirtió en ‘vox populi’ cuando avisó antes de las vacaciones navideñas de que si no gozaba de minutos tendría que buscarlos en otro lado. Unas declaraciones que no gustaron en el vestuario y que fueron reprobadas por Sergio Ramos. El calentón del ‘10’ llegó mientras sus compañeros celebraban la conquista del Mundial de Clubes en Yokohama. Aquello no tocaba en ese momento, atajó el capitán. “Hoy no es un día para hablar de asuntos personales. Le apoyo y espero que se quede, pero hoy no era un día para centrarse en otros asuntos”, manifestó el sevillano al conocer las declaraciones de su compañero en las que no quiso cerrar las puertas a un salida en el mercado invernal. “No puedo asegurar que vaya a seguir. Tengo ofertas y tengo siete días para pensar. Estoy feliz en Madrid, pero quiero jugar más.Tengo un punto de amargura por no haber jugado en la final, pero estoy feliz por el título”, había indicado en zona mixta.

No le faltaban novias a James. Su nombre se vinculó al PSG, a la Juventus, al Inter de Milán o al Chelsea. Especialmente fuerte fueron los rumores sobre un interés del club de Roman Abramovich por hacerse con sus servicios. Líder destacado de la Premier League, tenía las arcas repletas tras vender a Oscar al fútbol chino. Pero Florentino Pérez siempre le ha considerado un activo, sobre todo de cara al mercado latinoamericano, y al presidente del Real Madrid no le gusta desprenderse de sus millonarias estrellas. Y, sobre todo, pesaba la prohibición de realizar incorporaciones impuesta por la FIFA por el caso de los fichajes de menores. Si la puerta de entrada estaba cerrada, también lo estaba la de salida.

Pocas oportunidades de brillar ha tenido desde entonces el internacional colombiano. Las lesiones cortaron lo que parecía el reencuentro con ese futbolista dotado de un extraordinario olfato para el pase y una pegada letal. Recordó a aquel en laida de octavos de Copa frente al Sevilla, con dos goles que pusieron franca la eliminatoria para los blancos. Desde entonces, ha pasado más tiempo en la enfermería que sobre el césped.

Fue el primero de los integrantes del banquillo al que recurrió Zidane el pasado sábado cuando hubo de desmontar el 3-5-2 de pobre resultado que dibujó ante Osasuna. Saltó al poco de comenzar la segunda parte para suplir al lesionado Danilo y devolver el 4-4-2 habitual. Señal, visto lo visto este miércoles, que Zidane barruntaba ya alinear en Champions a un jugador al que siempre ha dado cariño en el dicho y no tanto en el hecho.

Se movió bien James, escorado a la derecha durante la primera media hora de la primera parte, en la que tuvo como principales socios a Modric y a Carvajal. Un par de detalles de calidad, con un taconazo por aquí y un par de centros por allá que arrancaron aplausos de un estadio que siempre ha confiado en su calidad aunque haya puesto en duda su compromiso en más de una ocasión. Pudo anotar en el 72. Tres minutos después se marchaba ovacionado por el Bernabéu para dar entrada a Lucas Vázquez.

Entre aplausos

A sus fantasmas se enfrentó también Benzema en un combate del que, como James, salió victorioso. De sus botas vino el empate en el 18 que neutralizó el gol de Insigne. Era su quinto tanto en la presente edición de la Champions, los mismos que lleva en Liga. Un tanto que llegaba cuando los blancos atravesaban su peor momento del partido, afectados aún por el mazazo tempranero y por la tarjeta que vio Sergio Ramos a consecuencia de una dura entrada. El ‘9’ se mostraba activo, peleando la pelota hasta en su propio campo. Reconocía su entrega un Bernabéu que andaba con la mosca tras la oreja tras ver cómo su delantero centro no batía el arco rival desde hacía más de un mes.

Repuesto del varapalo de ver a su equipo por debajo en el marcador, el Santiago Bernabéu, vestido en modo Champions, jaleaba a los blancos. Lo que en Liga depara pitos en décimas de segundo se torna en aplausos de un público que tiene incardinado en su ADN la condición de jugador número doce en estas noches europeas.

Estuvo a punto de dar el susto al equipo partenopeo de nuevo Benzema al poco de cumplirse la media hora con un robo de balón en las inmediaciones del área que pudo dejarle solo ante el portero de no salir raudo al corte Albiol. El exmadridista volvió a la que fuera su casa con un estatus muy superior en el Nápoles al que nunca tuvo en Chamartín. Lo mismo que Callejón, quien fuera para Mourinho lo que Lucas Vázquez para Zidane, un revulsivo siempre presto para desatascar partidos pero con menos capacidad de trabajo que el gallego. Mucho más clara fue la ocasión de que gozó en el minuto 41, cuando tras recoger un centro de Cristiano Ronaldo desde la izquierda se quedó mano a mano con Reina, quien sacó una mano milagrosa que desvió el cuero a córner tras tocar en el palo izquierdo. Fue apagándose en el segundo tiempo, pero al Bernabéu le había bastado. Como James, salió entre aplausos.