Semifinales | Ida

El Camp Nou se aburre de ver ganar en Copa

Aleix Vidal y Gayá, en una acción en la que se pueden ver muchos asientos vacíos. /Lluis Gene (Afp)
Aleix Vidal y Gayá, en una acción en la que se pueden ver muchos asientos vacíos. / Lluis Gene (Afp)

El Barça vuelve a vencer en el torneo del KO, donde disputa su octava semifinal consecutiva, pero la afición le da la espalda a un equipo algo frío

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Se ha acostumbrado el Barcelona a ganar la Copa del Rey, lo que ha provocado cierta sensación de aburrimiento en el Camp Nou. Decir que 50.959 espectadores es una mala entrada parece una locura porque muchos estadios en España no tienen esa capacidad pero si tenemos en cuenta que es la ida de una semifinal copera atractiva y que la ocupación es el 52% de la capacidad del aforo la cosa cambia. Sólo Almería y Real Sociedad en esta misma ronda, en 2011 y 2014, generaron menos expectación (49.875 y 38.505 respectivamente). El que busque excusas puede encontrarlas: lluvia, frío, horario y televisión en abierto pero debería replantearse la directiva lo que sucede en esta competición no parece normal. Sólo el Real Madrid en 2013 logró superar los 70.000 espectadores. El paso previo a una final copera fue la segunda peor entrada de la temporada.

Valverde confirmó que confía en Aleix Vidal, al que puso de inicio como extremo, tal y cómo había dicho horas antes a los medios. No fue su noche, pero siempre podrá contar que dejó en el banquillo en una semifinal 200 millones de euros en fichajes brasileños (Coutinho y Paulinho). El Valencia, por su parte, salió muy desorientado, demasiado encerrado en su campo. Quizá tenía muy presentes los precedentes en sus últimas dos semifinales en la Copa del Rey ya que no hay ningún superviviente de la última vez que superó una eliminatoria previa a la final (en 2008, con 1-1 en el Camp Nou y 3-2 en Mestalla). Seguro que los presentes imaginaron que un rival de calidad tan encerrado podía ser una buena prueba de cara al duelo con el Chelsea en el duelo de octavos de Champions.

Patadas a destiempo

Y es que una cosa es innegable: a los equipos de Marcelino hay que ganarles, porque, a diferencia de lo que sucedió dos años atrás cuando estaba Gary Neville, compiten bien y no regalan. Perdió, pero el 1-0 es un buen botín teniendo en cuenta lassensibles bajas con las que contaban los valencianos. Tampoco se puede. Fueron capaces de llegar al descanso sin que Jaume Domenech tuviera que hacer una parada. El Barcelona completó 438 pases (un 79% de posesión), 324 más que el Valencia pero sin profundidad ni peligro. Aquello parecía un poco el equipo Ranieri pero sin un 'Piojo' López asustando. Curiosamente, lo más destacable del primer acto fueron dos patadas a destiempo. Una de Sergi Roberto, sin mala intención pero que fue naranja oscuro, a un Andreas Pereira que después se llevó por delante a Messi. Mención aparte merece Luis Suárez, al que dejó otra acción de esas que da la razón a los que piensan que cuando llegue el VAR puede que sea expulsado en uno de cada tres partidos.

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El primer tiro a puerta fue en el 52 y de parte visitante, ya que la entrada de Maksimovic mejoró algo al Valencia, que al menos se estiraba en carrera. Valverde optó por relevar a Aleix para meter a Coutinho y la dinámica cambió porque Messi se puso el disfraz de hombre desequilibrante. El argentino, con un histórico de 24 goles en sus 27 enfrentamientos con el Valencia en todas las competiciones, se inventó un gol con un slalom y pase al segundo palo que el charrúa embocó a la red. Parecía que el 2-0 podía llegar de las botas de 'La Pulga', pero se topó a balón parado con Jaume (que hizo una buena parada a Alcácer) y con un bosque de piernas cuando quiso superar rivales en el área con sus clásicos slalom.

Fue curioso, ya que Santi Mina dispuso llegando al 90' de un balón largo para superar a Cillessen, pero el meta rectificó su dubitativa salida y despejó con un 'tackle' la bola a córner después de haber forzado al delantero a escorarse para buscar el remate. El Camp Nou lleva 21 partidos de Copa sin ver perder a su equipo, que está cerca de volver a una final pero más lejos de lo que su cómoda afición pudiera pensar que está con ese 1-0. «Es muy poca ventaja», recordaba Suárez. Marcelino aún no ha logrado ganar al Barça en 16 partidos, pero esta vez podría tener un doble premio: la primera final de Copa de su carrera.

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