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La última bala del pistolero

Alberto Contador, tras vencer en el Angliru en la Vuelta a España de 2017./Afp
Alberto Contador, tras vencer en el Angliru en la Vuelta a España de 2017. / Afp

Contador dejó el ciclismo con siete 'grandes' y un fantasma que siempre lo perseguirá

JULIÁN ALÍAMadrid

Con rabia, cruzó solitario la meta pidiendo el ánimo del público antes de disparar por última vez. Alberto Contador dio por concluida su carrera ciclista en una especie de resumen de lo que esta fue. El pinteño coronó el Angliru y ganó su primera etapa de la temporada un día antes de ponerle fin tras catorce años como profesional. Al siguiente, en la llegada a Madrid en lo que sería su despedida, acabó cortado y en la quinta posición final. De esta forma perdió, en el hipotético caso de que Chris Froome sea sancionado por su positivo por salbutamol, su primer podio en una gran vuelta, descontando las victorias.

No fue su año 2017, donde terminó en segunda posición en la Vuelta a Andalucía, por un segundo, y en la Vuelta al País Vasco, las cuales se adjudicaría Alejandro Valverde, como también la Vuelta a Murcia, su quinta Flecha Valona, cuarta consecutiva, y cuarta Lieja-Bastoña-Lieja, a tan solo una de las cinco del mítico Eddy Merckx.

Contador, que entró en el Olimpo del ciclismo y se coronó como uno de los grandes corredores de vueltas por etapas de la historia por derecho propio por sus sietes 'grandes', puso el punto final a su trayectoria llena de luces, donde llegó a ser el mejor ciclista del momento (2008-2010) y dominó desde una edad muy precoz para el deporte, y sombras. Sobre todo una, la que muchos no le perdonan y que lo acompañará durante el resto de su vida.

Positivo por clembuterol

En septiembre de 2010 se hizo público que en un análisis de sangre del ciclista español, realizado durante el Tour de Francia de ese mismo año, existía la presencia de clembuterol. Así, fue desposeído tanto de la ronda francesa como del Giro de Italia que ganaría al año siguiente antes de que le fuese impuesta la sanción de dos años. Tras ella, en la temporada de 2012, se hizo con su segunda Vuelta a España.

El ciclismo vive tan pegado al dopaje que la más mínima sospecha hace saltar por los aires todas las concepciones anteriores. Contador recibió su sanción en el mejor momento de su carrera y volvió, tras cortar su progresión, como un corredor inferior e incapaz de rascar un podio en algunas grandes vueltas y que no llegó a sacarse la espina de volver a ganar el Tour. Sin embargo, sus triunfos en la Vuelta (2012 y 2014) y el Giro de Italia de 2015 demuestran la madera de un corredor histórico cuyos estilo y estrategia, que tantas veces levantaron del asiento a los aficionados, y que no supo modificar al final de sus días, le impidieron hacerse con más títulos. Siempre de puerta grande o enfermería, el de Pinto solo se subió al podio para ganar.

Relevo 'generacional'

Tras su despedida, todas las miradas del ciclismo patrio se centran en Mikel Landa. El corredor vasco, flamante fichaje del Movistar para la próxima temporada, compartirá equipo con otra figura nacional como Alejandro Valverde y con el colombiano Nairo Quintana, algo estancado para lo que su progresión parecía marcar pero asentado en la élite al fin y al cabo. Quizá el culpable de ello no sea otro que Chris Froome y su conjunto, el Sky, donde militaba Landa hasta hace unos meses, capaz de dominar la carrera desde el primer día hasta la última pedalada.

El natural de Murguía espera hacerse en 2018, a los 28 años, con su primera gran vuelta, esa que Contador consiguió a los 25 en un deporte que no mete ninguna prisa para empezar a brillar.

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