Los pioneros del baloncesto pacense

Pepe Ramos, José Luis Clavero, Toni Béjar, Juan Cuevas, Antonio Barrena y Gonzalo Robles, autores del libro/JOAQUÍN CUADRADO
Pepe Ramos, José Luis Clavero, Toni Béjar, Juan Cuevas, Antonio Barrena y Gonzalo Robles, autores del libro / JOAQUÍN CUADRADO

Badajoz fue una potencia nacional en los 70 antes de que el profesionalismo le condujera a la extinción | Seis protagonistas de aquella época dorada elaboran un libro que narra las vivencias de lo que se podría considerar un 'milagro' deportivo

MARCO A. RODRÍGUEZ

badajoz. Hubo un tiempo, muy lejano, en el que el baloncesto le miró a los ojos al fútbol en Badajoz. Aunque a muchos incrédulos les sorprenda, la localidad pacense fue referente nacional en los albores del deporte de la canasta, cuando un padre escolapio, Eusebio Millán Alonso, lo introdujo en Barcelona a finales de 1921 procedente de Cuba. Normal que se le denominara 'basquetball'. En las siguientes décadas empieza a propagarse por puntos muy concretos de la geografía española: Madrid, País Vasco, Cataluña, algo de Galicia... y Badajoz. Eran tiempos en los que se jugaba al aire libre, la pista de cemento o de arena, con balones de cuero y costuras al descubierto, tableros cortos, sin red los aros y unos pantalones excesivamente cortos. Pasados unos años, tras la Guerra Civil y su posterior oscuridad, Badajoz vive un boom del baloncesto que le conduce a una posición de privilegio, bordeando lo que hoy sería la ACB pese a que no la hubiera disfrutado al no existir una pista cubierta. El mayor esplendor tiene lugar a finales de los 60 y en los 70, cuando una generación de baloncestistas y técnicos logran lo que se podría considerar el 'milagro' del baloncesto pacense. Sin respaldo económico, ni público ni privado, con un absoluto amateurismo, un grupo de 'locos' amantes de su hobby nos acercaron a la cima pese a competir con poderosos adversarios.

Seis protagonistas de aquella mágica historia han confeccionado una joya de libro donde se relata su experiencia, con datos bibliográficos y numerosas anécdotas que reflejan el buen trabajo realizado pese a no recibir contraprestación. Precisamente, cuando menos medios hubo, más alto se dejó el listón. Y cuando apareció ese apoyo, fue el principio del fin. 'Historia de 50 años de baloncesto amateur en Badajoz (1932-1982)' resume lo acontecido desde el primer partido celebrado en la ciudad en los años 30, en la Plaza de Portugal, junto a la antigua sede de HOY.

ANÉCDOTAS EN 24 SEGUNDOS

'El Lati' y el soldado
Comienzos de los años 70
El equipo regresa de un largo viaje de diez horas y pide al conductor que recoja a un joven soldado que estaba haciendo autostop en un cruce. Deciden sentarlo al lado de Ángel Luis López, conocido como 'El Lati' y por su buen humor, ciertas dotes teatrales y continuas bromas. Al cabo de un rato, López simula que sufre una especie de ataque epiléptico, dejando caer baba por la boca y moviendo los brazos y la cabeza entre aspavientos. El soldado se asusta pero le cuentan para calmarle que no se preocupe y que haga todo lo que le pida el 'presunto' enfermo para evitar que se ponga violento. 'El Lati' le pide que se quite los zapatos, a lo que el militar accede. Después, que se desabroche la camisa. Lo mismo. Con la gorra costó más pues el alucinado interlocutor les reprochaba que «¡eso no, por favor, que me van a meter en el calabozo!». Cerca de Cáceres, aprovechando una mínima parada, se bajó raudo del autobús, con las botas en las manos, descamisado y entre las risas de sus supuestos 'ángeles' de la carretera.
Los Ducados de Rafa Galán
Años 73 y 74
Años 73 y 74, bajo el mando del entrenador Rafa Galán, fumador empedernido de Ducados. Hoy sería impensable que un técnico reciba en la pista durante un tiempo muerto a sus jugadores con el cigarro en la boca, pero es evidente que hablamos de otra época en la que los pabellones cohabitaban con una densa niebla por el humo de los aficionados y, en ocasiones, de los propios protagonistas. Se cuenta en el libro que 'Confite', el mítico utillero del Entrepuentes, les aguardaba con botellas de agua, nada de bebidas isotónicas ni Red Bull. Aquí las alas las proporcionaba el humo del tabaco negro del coach, a quien alguna vez jugadores como Alberto Callejo le espetaban «¡Coño Rafa, apaga el puto cigarro que nos tienes asfixiados!». A Galán le llamaban 'Roncanero' por su voz grave y recuerdan de él su inseparable trenca color marrón. Como los tiempos muertos eran rápidos y antes de las instrucciones se discutía, a Galán apenas le daba para soltar una de sus frases marca de la casa. «Tenéis que correr todos para adelante y todos para atrás». Entre calada y calada.
La peluca de Barrena
Años 80
Entrados ya en los años 80, en el ocaso de la época dorada de los 70 y la aparición de las instituciones y el dinero, el jugador del BBC y Club Natación Pacense Antonio Barrena -uno de los autores- cuenta en el libro lo que sucedió en un partido en Huelva. Debido a una apuesta dentro del vestuario, Barrena tuvo que presentarse al encuentro ataviado con una enorme peluca a lo afro, de esas de poblado pelo sobre la cabeza. En esa década ya se jugaba en pista, no como sus antecesores al aire libre, pero de todos modos el calor era sofocante. El baloncestista extremeño aguantó lo que pudo, el calentamiento y el arranque del choque, pero poco después se la quitó dejando boquiabiertos a los colegiados, que le pitaron una técnica. Además, después le caería una sanción. Mientras la tuvo puesta podía sorprender su aspecto al tratarse de un caucásico, el problema fue cuando se desprendió de ella. La publicación predice que no debe haber un caso así en España, al menos en competición nacional.

Juan Cuevas (63 años), funcionario de la Universidad, jugador y directivo, actual vicepresidente del BCB. Gonzalo Robles (76), jugador pero sobre todo entrenador, directivo, funcionario de la Seguridad Social, fundador del BBC con el apoyo de Manolo Flores como secretario federativo. José Luis Clavero (72), jugador y funcionario de la Universidad. El aparejador Pepe Ramos (73), jugador y presidente del BBC con Miguel Celdrán como directivo. Y los jugadores Toni Béjar (74) y Antonio Barrena (61). Todos han aportado su granito de arena porque no quieren que aquello que vivieron en primera persona se marchite en el olvido. Hablamos con ellos para profundizar en el mencionado milagro.

Sólo unos 'locos' enamorados de este deporte podrían viajar a Bilbao con una equipación de la 'Guardia de Franco'En los 80 continuaron los éxitos, pero se politizó y se derrochó mucho dinero, lo que supuso el fin, dicen los autores del libro

¿Por qué el libro?

La idea de escribirlo es de Juan Cuevas. Como era uno de los más jóvenes, admiraba a aquellos jugadores a quienes de niño solía ir a ver jugar en la Ciudad Juvenil. «Eran muy, muy buenos. No se ha llegado a esa altura nunca por aquí y me daba pena que esta historia se olvidara. Mis hijos me decían que todo eso debía quedar plasmado en algún lugar y comencé a hablar con Manolo Barrena para que me contara cosas. Fuimos recabando datos, fotografías, etc., y con estos amigos, los mejores que he tenido en el baloncesto, decidimos lanzarnos a escribirlo, cada uno aportando un poco», razona Juan Cuevas.

«Tiene mucho mérito el nivel que se consiguió con los medios que teníamos. Luchamos mucho. Llegamos a tener previstos partidos en la antigua nave-taller de Coca-Cola gracias a una gestión que hicimos con Casimiro Núñez, uno de los jefes. Se vaciaba el fin de semana el taller porque la federación exigía un sitio cubierto en Segunda en caso de que las condiciones climatológicas impidieran jugar al aire libre. Teníamos un transportista contratado por si se suspendía el partido y había que trasladar las canastas a la nave», valora Gonzalo Robles. La temporada 69/70 la salvaron en la nave de Cepansa, por cuyas minúsculas ventanas entraba una insuficiente luz, cuentan los testigos.

Es curioso que los auténticos cracks del basket pacense pasaran estas penurias y tras levantarse un verdadero pabellón hoy el baloncesto esté defenestrado, conminado tras el apogeo ochentero del PADEBA, Círculo o BBC a la atención de la cantera y poco más. «Con las condiciones que teníamos fue una heroicidad aquello», apostilla Cuevas. «Que se laven en el canal», fue una contestación recibida de un antiguo alcalde cuando se le pidieron unos vestuarios. Así se entiende que cuando viajaban a Vitoria se ducharan tres veces el mismo día en el vestuario visitante. Había clubes como Vasconia (sí, con 'v' y 'c') a los que la Diputación Foral les otorgaba 300.000 pesetas de las de antaño, mientras aquí la ayuda, cuando la hubo, era de 5.000.

El germen, un poco de historia

El Gran Gimnasio Badajoz, fundado por el gimnasta Luciano Sempere en 1889 y gestionado desde 1920 por su hijo, es el auténtico foco deportivo de la ciudad, donde se crea el primer equipo de baloncesto de Badajoz: La Gimnástica. Se construyen las primeras canastas en una herrería de la calle Melchor de Évora y se empiezan a jugar partidos en la Plaza de Portugal. Después se trasladarían a la Plaza de Toros y el Campo Escolar (hoy Los Cañones). Se jugaba al aire libre, no había ningún pabellón cubierto en Extremadura. La Ciudad Juvenil (Memoria de Menacho) tomaría el relevo como génesis deportiva pacense. Algo así como un vetusto polideportivo con piscina y hasta un foso para practicar altura.

A ello se une el aterrizaje en Badajoz de dos inspectores fiscales que tendrían una enorme trascendencia: Anselmo López y Fernando Armendáriz. El primero se convertiría años después en entrenador del Real Madrid, presidente de la Federación Española y seleccionador nacional. Ambos crean la Federación Pacense de Baloncesto, dando vida a un deporte apenas extendido. En Cáceres no existía, por poner un ejemplo, tendría que aguardar a sus inicios en el Colegio San Antonio. Badajoz era referente en España en el denominado 'Basquetball', por aquello del eco de su procedencia americana. Competía en Segunda División, la actual Leb Oro, y era la única provincia de Madrid hacia abajo en la geografía nacional con algún representante.

Pasaron los años y con ellos los nombres de los equipos. La Gimnástica da paso al Frente de Juventudes, CD Badajoz (vinculado al club de fútbol), Ciudad Juvenil, Guardia de Franco, Club Natación Pacense y el BBC. El más relevante, también en lo deportivo, fue el Guardia de Franco, a principios de los 70. En el 72 finaliza cuarto en Segunda División, la categoría de plata nacional tras la Primera. Es evidente que no existía la ACB, que se oficializaría en los 80. Incluso varios años antes disputó una fase de ascenso a una elite -Real Madrid, Barcelona, Joventut...-, inalcanzable pues era obligado tener una instalación cubierta.

Con ese nombre, tenía que pasar lo que tenía que pasar. «Fíjate como sería nuestra ingenuidad que viajábamos a Bilbao en pleno apogeo de ETA en un vehículo con el cartel de 'Guardia de Franco' y vestidos con ese nombre en la equipación», comenta Pepe Ramos, entonces jugador. Su entrenador, Gonzalo Robles, ahonda en la curiosa anécdota. «A unos 20 kilómetros de Bilbao nos para la Guardia Civil -un extremeño además, me confesaría luego-, pregunta por el responsable y me dice alucinado: 'y ustedes..., ¿quiénes son?'. Yo contesto que 'un equipo de baloncesto'. Me pregunta que si pensamos jugar allí con esa ropa y que si de verdad nos llamábamos 'Guardia de Franco' y le contesto que sí, que veníamos a jugar contra el Águilas de Bilbao. Habíamos estrenado el chándal nuevo, con el escudo, las flechas, colores, etc. ¿'Pero ustedes saben lo que están haciendo?', me vuelve a decir. Dígale a sus jugadores que se quiten esa ropa y que el cartel lo guarden en la bodega del bus. Así que dije: '¡niños, a quitarse el chándal!'».

Amateurismo prolífico

Los autores del libro subrayan el carácter amateur de esta aventura. Forjaron el armazón del baloncesto por estos lares sin obtener nada a cambio. Al menos pecuniario. Amigos y vivencias, todas. De hecho, como rememoran, les costaba dinero y algún disgusto familiar ya que sus padres y profesores les imploraban que estudiaran y olvidaran el pantalón corto. Comían a base de bocadillos costeados por ellos en los desplazamientos. Unos viajes que efectuaban en un antiguo Land Rover de los de la Guardia Civil de siete plazas que se caía a pedazos. Algunos ya trabajaban y debían regresar el lunes al tajo y otros, como Juan Cuevas, volvían al instituto a comenzar cada semana. Gonzalo Robles, de memoria milimétrica, gozó de un trato especial, pues el entonces gobernador Federico Gerona -defensor de la práctica deportiva- le permitía ausentarse algunos lunes.

A todos les une una intensa amistad y la nostalgia de aquellos maravillosos años. A alguno el baloncesto le condujo incluso al altar. Es el caso de José Luis Clavero, a quien Robles encomendó entrenar al equipo femenino del BBC. Clavero se fijó en su mejor anotadora, además de en su juego, y la historia acabó en boda. Una pívot que procedía de la Facultad de Filosofía de Sevilla y que se llama Lola Ramos. «Yo salí ganando a todos estos porque el baloncesto me dio a mi mujer», bromea José Luis. «Nos daba pena que llegara el lunes porque disfrutábamos mucho. Gonzalo nos enseñó a ser constantes y perseverantes, fue como un padre», valoran Clavero y Cuevas. «Lo mejor del basket fue conocer España, viajamos mucho cuando nadie lo podía hacer, conocer el metro de Madrid por primera vez y ver a Clifford Luyk y Emiliano...», dice Pepe Ramos. «Muchos amigos en Badajoz y que, vayas donde vayas, hay alguien que se acuerda y te dice 'usted fue el entrenador'», añade Gonzalo Robles.

Comparten visión del pasado y del presente. «Nos da mucha pena cómo está el baloncesto aquí hoy», lamentan. No entienden que tengamos un coqueto pabellón y no pasemos de la EBA. Tampoco que no se aproveche el verano porque se cierran las instalaciones. «Antes no había universidad y hacíamos trofeos importantes en verano como la Copa HOY, el Trofeo Armendáriz, etc.», diagnostica Juan Cuevas.

En los 80 sí corre el dinero. Época del PADEBA, con Caja Badajoz y Ayuntamiento detrás de la mano del exalcalde Manolo Rojas. Pero fue pan para un tiempo y hambre para mañana. «Se politizó el baloncesto, pusieron a gente que no sabía al frente y se malgastó mucho dinero. La oposición municipal lo usó como arma. Se construyó La Granadilla pensando en la ACB, se trajeron fichajes norteamericanos y nacionales como el hermano mayor de Epi o el de 'Chichi' Creus, ya retirados, dándoles 10 millones de pesetas a cada uno. Cáceres tomó el relevo con la Caja de Plasencia», se quejan dolidos. Pero eso es otra historia.

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