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Ricky Rubio pelea un balón con Teodosic. / Jorge Zapata (Efe)

BALONCESTO | MUNDIAL

De Granada al cielo

  • España cumple contra Serbia, completa una primera fase inmaculada con pleno de victorias y viaja a Madrid para comenzar las eliminatorias por el título

Estaba permitido fallar. Un tropiezo con la primera plaza asegurada era fácil de asumir y hasta de entender. Un momento de relajación después de tanta tensión acumulada durante la semana, un respiro previo a las eliminatorias definitivas. Pero este equipo no se permite ni un segundo de tregua. Menos aún se lo concede al rival.

España completó ante Serbia (73-89) una primera fase inmaculada con otra nueva exhibición, la quinta. Ya sólo quedan cuatro pasos en su nuevo destino, Madrid.

Lo que los de Juan Antonio Orenga hicieron en el primer cuarto rozó lo escandaloso. 32 puntos, anotados con un 79% de acierto, liderados por Pau Gasol y Juan Carlos Navarro. El poste de los Bulls y el escolta del Barça son como dos niños traviesos a los que no se puede perder de vista. Si se mira a uno, el otro la lía por detrás. Si uno hace una trastada al rival, el otro la prepara más gorda a la siguiente ocasión. Cuando se sentaron en el banquillo tras 12 minutos sobre el campo, se habían repartido 22 puntos, sólo tres menos que todo el equipo dirigido por Sasha Djordjevic.

Y, por si faltaba algo, por ahí correteaba también Ricky Rubio, el del aula de los pequeños al que han subido de curso por listo. El base de los Wolves se atreve con todo. Ante los balcánicos osó dar un pase de contraataque por debajo de las piernas de Raduljica, el más grande de la otra clase, sin temor a posibles represalias. Es tan pillo, que convence. En el descanso salió junto al poste serbio del vestuario y el gigante le despidió con una afectuosa palmada.

Teodosic y sus compañeros intentaron apelar a sus habituales arreones de calidad. Pero llevan todo el torneo combinando esos momentos de lucidez con apagones inaceptables. Así, pasaron de un parcial de 8-0 que les puso incluso al mando del choque (13-10) a otro en contra de 3-20 (16-30) que les echó del partido. Porque España ya no permitió más acercamientos serios de los serbios y se disparó en el marcador hasta una distancia máxima de 25 puntos (37-62, minuto 22).

Petición de mano

La fiesta se prestó a todo, hasta a una petición de mano pública en el descanso. La novia dijo sí. Estaba la noche para que se cumplieran todos los deseos menos el de Serbia de ganar el encuentro. Orenga movió el banquillo para ir repartiendo minutos. Están todos los jugadores tan enchufados que da igual quién esté en la pista que para España, salvo pequeños matices, como decía Julio Iglesias, «La vida sigue igual». El técnico francés Vincent Collet dijo que el cinco inicial de ‘La Roja’ es prácticamente inaccesible, pero la segunda unidad está formada por uno de los grandes defensores y taponadores de la NBA, por el mejor jugador de la pasada Euroliga, por el base de los New York Knicks y hasta por un MVP de la ACB que apenas cuenta con minutos. Demasiada carne para tan poco perro. Porque los serbios volvieron a insistir (58-71). Tiraron de ese carácter especial que les hace sacar la cabeza cuando parecen ahogarse en un charco de agua, pero acabaron por volverse a hundir, con técnica y descalificación a su técnico incluida.

Incluso en momentos de distensión defensiva como el que vivió en el último cuarto, España obliga a un acierto ofensivo que pocos, quizás sólo los miembros del esperado Estados Unidos, son capaces de aguantar. Y los de Djordjevic, hoy por hoy, no son uno de ellos. El grupo acabó según lo esperado, con Brasil detrás de los locales, Francia y Serbia. Irán, que puso en aprietos a los galos en la última jornada, fue el mejor de los eliminados, porque Egipto no estuvo a la altura de una Copa del Mundo.

Ya se piensa en Senegal, la gran sorpresa de los octavos de final. Un adversario inferior, al que ganó con mucha comodidad en el amistoso de preparación que se celebró en el Gran Canaria Arena, y para el que el mero hecho de cambiar Sevilla por Madrid ya es un hito histórico. Respeto vuelve a ser la palabra a la que apelan los jugadores y el cuerpo técnico de la selección. Reconociendo su superioridad y haciendo todo lo posible por mostrarla sobre la ancha. Así les ha ido bien hasta ahora y así esperan que siga hasta el 14 de septiembre.

España deja Granada, una ciudad que le ha mostrado todo el cariño del mundo y una afición que ha resultado ejemplar a la hora de alentar a su equipo. Abarrotó el Palacio de los Deportes y animó como si cada partido fuera una final, con la misma intensidad que los jugadores mostraron en la pista, creando un ambiente único a favor de los de Orenga y asfixiante para el rival. Es el tipo de clima que ‘La Roja’ espera cuando llegue a Madrid. Porque en la capital espera el sueño, el oro. Granada ha sido el primer paso. En Madrid espera el cielo.