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Ñete Bohigas. :: Armando Méndez
Ñete Bohigas. :: Armando Méndez

LEB ORO

Borrón y cuenta nueva

  • En el seno del Cáceres se hace autocrítica y se apela al sentimiento de pertenencia de la afición para revertir la adversa situación

Siempre amanece. A esta idea -no hay otra- ha de agarrarse el Cáceres tras lo vivido este pasado viernes ante su público tras encajar la derrota más abultada en toda la historia de Leb Oro (50-113), sufrida ante el Breogán.

El escenario no es el idóneo y las dudas incipientes que algunos tenían durante la pretemporada no han hecho más que acrecentarse tras los primeros partidos ligueros y especialmente el del pasado viernes. Y es aquí cuando desde el seno del Cáceres se apela al sentimiento de pertenencia, al de los instintos del sentimentalismo. Críticas, vencedoras en cuanto al número, ha habido. Pero también hay quien, lejos de sacar las vísceras al tocado pero no hundido, exhibe mensajes animosos a través de las redes sociales.

Además de Bohigas, también algunos de los jugadores han entonado públicamente el 'mea culpa', algo que ha favorecido una especie de comunión de urgencia entre equipo y afición.

Lo cierto es que en el Cáceres se quiere hacer borrón y cuenta nueva. Así también lo entiende el técnico Ñete Bohigas, quien reconoce que, casi sin tiempo para ello, el equipo tiene que cambiar su estado: «Tenemos que recuperarnos anímicamente. Hay muchas cosas que no se ven y que no reflejan el trabajo diario ni el esfuerzo», asegura refiriéndose a la noche aciaga ante el Breogán.

Anécdota

A un acontecimiento raro, extraño. A eso es a lo que quiere reducir el técnico verdinegro la última amarga experiencia vivida en su propia cancha: «Quiero pensar que es una anécdota. Ahora todos tenemos que poner nuestro grano de arena para mejorar en todos los sentidos».

¿Drama? «Nunca», sentencia tajante Ñete Bohogas. «Los dramas me los como yo solo».

Afortunadamente, el deporte siempre concede segundas oportunidades, y la del Cáceres Basket no tardará en llegar. El conjunto verdinegro tendrá la oportunidad de resarcirse de su debacle este próximo martes en una cancha peligrosa como la de Pumarín, en Oviedo.

Además de en el estado anímico del grupo, el cuerpo técnico tendrá que incidir en la mejora colectiva del juego. Todo con el hándicap de unos refuerzos que aún no han demostrado valía suficiente como para dar el salto de calidad requerido.