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El bastón de mando, para el alcalde

Manuel Antonio Díaz, en el patio de acceso al Ayuntamiento de La Albuera. :: casimiro moreno
Manuel Antonio Díaz, en el patio de acceso al Ayuntamiento de La Albuera. :: casimiro moreno
  • El futuro inmediato del Mideba está en manos del primer edil de La Albuera, cuyas banderas son la igualdad, la atención al discapacitado y el fervor por su pueblo

La puerta del despacho del alcalde de La Albuera, Manuel Antonio Díaz (La Albuera, 1965), siempre permanece abierta. Allí no hay citas previas y cualquier vecino puede entrar y consultarle lo que desee. Antes lo hacían en el vetusto consistorio de la Plaza de España, ahora en la salida hacia la carretera de Valverde, en la primera planta del antiguo silo de cinco pisos donde se trasladaron las dependencias municipales. Le tildaron casi de 'loco' por aquella decisión, pero ahora se lo agradecen. Ganó la batalla. Díaz suma más de un cuarto de siglo como primer edil albuereño (desde el 91) y tal vez el secreto de su éxito sea su cercanía. Como no se puede vivir sólo de esa proximidad en el trato, solapa a esa cualidad la de gestor, la determinación y cierto atrevimiento. La última aventura en su vida multitarea es ser presidente del Mideba Extremadura.

Tras la renuncia por motivos laborales de Gerardo Cabanillas diez años después de alcanzar la presidencia, nadie quería hacerse cargo del club, así que Manuel Díaz, que pertenece a la directiva, dio el paso de ser el único en presentarse. Ahí no hubo batalla. Otro desempeño a abordar que se une a la larga lista de alcalde, diputado provincial responsable de Promedio, presidente del CD La Albuera de Primera Regional -hoy Primera División Extremeña- o cabeza visible de la Sociedad Deportiva de Pesca. Con todo, le queda algo de tiempo especialmente los fines de semana para practicar senderismo, perderse por el campo y atender a su mujer Loli y sus hijos Manuel Antonio y Francisco.

Se suele levantar a las 7.00 y a las 8.00 ya está en su lugar de trabajo, según dictamine la agenda en la Diputación o el Ayuntamiento. Por la tarde atiende al público, siempre puerta abierta, desde las 17.00 horas hasta las 20.00 y después alguna reunión vecinal o del partido. La clave para poder llegar a todo, según explica, es rodearse de un equipo capaz de asumir ciertas funciones y que no todo recaiga sobre su persona aunque sea él quien después esté en el escaparate.

Economista licenciado por la UEx en Badajoz, lo suyo es vocacional y casi de sangre ya que su tío le precedió los once años anteriores. «Ser alcalde de un pueblo pequeño -2046 habitantes en 2015- significa estar las 24 horas del día atendiendo a los ciudadanos. He encontrado otros alcaldes de trayectoria más corta porque no se veían en esa faceta. Nos examinamos cada cuatro años, así que debes saber a lo que te dedicas».

Rechazó un alto cargo en el Ministerio de Trabajo -la Dirección General- porque prefiere estar junto a los suyos en un perfil que atañe más a lo local. «Mi pueblo es uno de los valores más importantes por los que lucho. Es donde desarrollo mi proyecto vital. Quiero que mi pueblo tenga las mejores condiciones de vida. La Albuera tiene la ventaja, además, de tener cerca una ciudad como Badajoz, con los servicios que ofrece», describe.

Preguntado por las cualidades que deben definir a un buen alcalde, contesta que lo más importante es ser «cercano a los ciudadanos. También saber moverte y tener capacidad de gestión, las ideas claras, templanza en las decisiones y saber rectificar en caso de equivocarte. Yo tomo muchas decisiones y muchas veces me equivoco».

Aunque sea uno de los últimos eslabones de la cadena, asegura que no le agrada la crisis que padece su partido a nivel nacional ya que no se está «lanzando un buen mensaje a la ciudadanía. Es un gran error. Debemos defender nuestras ideas pero de puertas adentro, sin trasladar un show que hace mucho daño al partido porque somos una familia y nos estamos pegando de bruces. No es fácil posicionarse y no me considero radical en el sentido de decir que el 'no' es el 'no' o el 'sí' es el 'sí'. Hay que negociar unas condiciones».

Un Mideba más social

Su padre fue el herrero del pueblo. Él pudo estudiar fuera, pero no todos le acompañaron. Así que su bandera es la de la igualdad y su empeño, o uno de ellos, la lucha en favor de la discapacidad, aunque, como recalca, parezcan utópicos. El aterrizaje de Manuel Díaz comporta una nueva visión de la razón de ser del club midebista. Aunque siempre lo hizo porque así lo establecen sus estatutos, el futuro inmediato se orienta más hacia el ámbito social. Por lo que argumenta el primer edil, eso no implica descuidar lo deportivo sino abrir el ámbito de actuación hacia un colectivo dependiente ávido de iniciativas atrayentes. «El equipo está consolidado, con una trayectoria de más de veinte años en la principal liga. Por eso son muchos los retos que nos debemos marcar. No queremos limitarnos a un equipo en la élite del baloncesto en silla de ruedas sino hacia una búsqueda de elementos que permitan trabajar en el mundo de la discapacidad y abarcar más deportes. Es un proyecto muy ambicioso donde cabe incluso la colaboración entre España y Portugal dada la cercanía y porque nos permitiría acceder a fondos comunitarios. Hablamos de escuelas multideportivas, no sólo de baloncesto. Estamos dando los primeros pasos, tanto con instituciones como la Junta o con empresas privadas. Es un gran reto y requiere otra mentalidad».

Próximamente, según relata, el Mideba lanzará una convocatoria para captar colaboradores que no se restrinjan a eventos importantes como pueda ser una competición europea sino para aportar su granito de arena en los proyectos sociales más cotidianos del club. La idea es abrirlo a toda la provincia, aunque su epicentro esté en Badajoz.

Manuel Díaz es consciente de que 'Lalo' Cabanillas le dejó alto el listón y de que no es fácil estar en el deporte de base o minoritario, como es el caso del Mideba pese a militar en División de Honor. «Normalmente la gente huye de estas responsabilidades. Pero yo lo considero un gran reto», cierra el nuevo portador del bastón de mando del Mideba.