«Lo que importa es el presentador, no el vestido»

«Lo que importa es el presentador, no el vestido»

Ramón García volvió a dar la campanada en Nochevieja después de un año de ausencia en TVE. Con Anne Igartiburu reunió a ocho millones de espectadores. «La clave es la tradición»

MIGUEL ÁNGEL ALFONSO

En vez de con una capa castellana, Ramón García (Bilbao, 1961) estuvo a punto de dar sus primeras campanadas en 1995 con un abrigo verde. Su idilio con las uvas podía haber fracasado aquella noche porque «era feísimo», recuerda él. Sin embargo la casualidad quiso que el estilista de TVE le prestara la suya aquel frío 31 de diciembre en el que compartió balcón con Ana García Obregón. Se la anudó sobre el esmoquin y el resto de la historia la conoce todo el mundo. La prenda se ha convertido en un símbolo de la Nochevieja en la cadena pública y la pareja Igartiburu-Ramontxu, que volvía a compartir retransmisión de un año de ausencia del presentador vasco, sigue siendo imbatible en cuanto a audiencias: 7.926.000 espectadores.

- ¿Cuál es el secreto de la pareja Igartiburu-Ramontxu?

- La tradición, algo que se consigue con los años y la Navidad es pura tradición. Anne lleva doce años, yo dieciséis y juntos seis. Puede haber modas y novedades, pero al final quien se lleva el gato al agua es Televisión Española, nosotros solo ponemos nuestro granito de arena. Yo tengo a abuelos, a padres y a niños que han crecido viéndome dar las campanadas, somos referencia en esa noche independientemente de que haya otras alternativas.

- ¿Y cuál es la tradición cuando termina la retransmisión?

- Bridamos con todo el equipo, estamos hasta que se vacía la Puerta del Sol y nos sacamos muchas fotos para tener de recuerdo. Es la otra familia, la de la tele, y es muy bonito. También con el resto de compañeros de otras cadenas, siempre saludo a todos, a Cristina (Pedroche) y a Alberto (Chicote), a los de Telecinco que eran debutantes. Me gusta hacer eso como veterano, me siento el anfitrión.

- Usted tiene la capa y Pedroche las transparencias.

- Que el vestido de Cristina despierte tantos comentarios es lógico. Yo doy mucho mérito a la gente que se pone delante de las cámaras ese día, porque es una retransmisión muy difícil. Ella ha conseguido que las campanadas de Antena 3 suban creando expectación y eso es para quitarse el sombrero. Cada uno usa sus armas pero lo importante no es el vestido, sino el presentador.

La capa, última opción

- ¿Usted usa capa fuera de la Nochevieja?

-No, la capa es para ese día solo. Tiene su historia, cuando di mis primeras campanadas en 1995 con Ana García Obregón hacía mucho frío y el estilista de TVE, Pedro Ramos, me llevó varias prendas a la Puerta del Sol. Lo primero que me probó era un abrigo verde, feísimo, luego otro tipo Camel, peor. Si me lo llego a quedar puesto todo hubiera sido distinto (risas). Hasta que me sacó, como último recurso, una capa castellana que era suya.

- Así nacen las leyendas.

- Todo el mundo habló de la capa al día siguiente. Pensaba que iba a dar solo las campanadas una vez, ya que entonces eran una especie de premio para el presentador que tuviera más tirón. Al final Pedro se jubiló y me seguía llevando la capa cada 31 de diciembre. Pero la que tengo ahora es un regalo de mi mujer.

- ¿Se sintió mal cuando TVE no le llamó el año anterior?

- Yo siempre lo digo, mientras me sigan llamando allí estaré. Llevo tres décadas pensando que iban a ser mis últimas campanadas. Forman parte de mi vida y de mi trabajo, pero algún día me dejaran de llamar.

- ¿Por cierto, volverá 'Gran Prix'?

- Está preparado para salir a antena con un formato renovado, pero no depende de mí ni de la productora, sino de que una cadena lo contrate.

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