Un toro notable de Pallarés

Iván Vicente da un pase a su segundo toro, de Pallarés, el de mejor son de la corrida de ayer. :: efe/
Iván Vicente da un pase a su segundo toro, de Pallarés, el de mejor son de la corrida de ayer. :: efe

Cuarto de una corrida-desafío de toros de encaste Buendía de dos ganaderías hermanas. Un sobrero de José Luis Marca le pega a Javier Cortés una voltereta terrible y lo hiere

BARQUERITO MADRID.

El primer ensayo en San Isidro de una corrida-desafío, o sea, de dos ganaderías, empezó torcido. Se habían anunciado cuatro toros de Rehuelga y dos de Pallarés. Los seis, de sangre Buendía por vía directa. Cárdenos, naturalmente. Y muy astifinos. Del legado de don Joaquín Buendía. Puro Santa Coloma, pero no exclusivo. Al anunciarse toros de idéntico encaste, el desafío como tal perdió su sentido esencial. La partida prevista, además, se recompuso: fueron cuatro de Pallarés y dos de Rehuelga. Rehuelga fue oficiosamente el hierro triunfador del San Isidro de 2017. Un borrón, por tanto, volver con solo dos toros. Primero y tercero de sorteo.

De Pallarés vinieron cuatro y no tres, pero el que rompió el fuego, segundo de salida, cinqueño de serio porte, apareció descoordinado y fue devuelto antes de varas. Se corrió turno. Por el toro devuelto se jugó de quinto un sobrero de José Luis Marca. Jabonero, cinqueño pasado, aire de toro viejo y de una violencia nada normal. Llevaba días en los corrales de las Ventas, había sido enchiquerado unas cuantas veces. No era de la guerra. Se había pintado en la zona de picar el trapecio propio de las corridas concurso, como si esta lo fuera, y el toro de Marca, que salió zumbando y a escape de la primera vara, se sometió a la prueba del caballo como los demás. El sobrero, que cobró un rarísimo volatín de costado -como una pirueta- y atacó fiero en banderillas, trajo desgracia. Después de puntear y avisar, prendió a Javier Cortés por el muslo, lo hirió y le pegó una voltereta brutal. Apenas recompuesto, Javier volvió al toro, llegó a desafiarlo y al cuarto intento lo despenó de una estocada caída.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Desafío ganadero. Tres toros -2º bis, 4º y 6º- de Pallarés (José Benítez-Cubero y Pilar Buendía), dos -1º y 3º- de Rehuelga (Rafael Buendía) y un sobrero -5º- de José Luis Marca.
uToreros
Iván Vicente, saludos y silencio tras un aviso. Javier Cortés, saludos y aplausos cuando, apuntillado el quinto, fue por el callejón camino de la enfermería. Atendido de un puntazo corrido en el muslo izquierdo. Contusiones múltiples pendientes de examen. Javier Jiménez, silencio en los dos.
uCuadrilla
Héctor Vicente y Agustín Romero, que picaron cuarto y sexto, ovacionados. Pares notables el Tito Robledo, Antonio Molina y Abraham Neiro, quien hizo el quite perfecto cuando Cortés salió prendido por el sobrero de Marca.
uPlaza
Madrid. 31ª de San Isidro. 13.700 almas. Nublado, templado, primaveral. Dos horas y veinte minutos de función. Un minuto de silencio en memoria de Antonio Medina, que fue puntillero de las Ventas durante más de veinte años.

La nota dramática de la corrida fue, con todo, un aparte o un paréntesis. Los cinco buendías del desafío tuvieron su trama, su personalidad y su interés. Fueron de conducta y hasta hechuras muy dispares. El tercero, de Rehuelga, y el cuarto, de Pallarés, los más en tipo. Solo que el cuarto, cornipaso pero remangado, se salió de cara por la tangente. De desigual pelea en varas, fue el de mejor son, el de mejor galope, el que mas duro y el más noble. Si Iván Vicente se hubiera decidido a dejarlo llegar de largo, es probable que hubiera venido planeando. El torero de Colmenar pareció sentir las calidades del toro, su temple al viajar por la mano izquierda, su manera de descolgar, pero no terminó de centrarse ni por tanto de redondear. Como si se sintiera en deuda -cosas que te dejas en el tintero-, se pasó de faena. Un aviso. Ese cuarto, el toro de la corrida, fue aplaudido en el arrastre. Con mucha menos fuerza el tercero, el otro de hechuras inconfundibles, y eso porque, toro a menos, no tuvo la calidad del cuarto. Cumplió en el caballo mejor y, en viveza, le ganó. Como buendía legítimo, estuvo pendiente de todo lo que se moviera por el ruedo, el callejón o el tendido. Javier Jiménez anduvo firme y supo componerse, pero fueron más los muletazos en línea que los traídos adentro a lo largo de una faena librada más sobre la inercia del toro, que la tuvo, que otra cosa.

El sexto, otro de los dos cinqueños de Pallarés, pesó 630 kilos. Fuera de tipo, inmenso, pero de una elasticidad inicial sorprendente. Fue sacrificado en tres varas, cobradas con aire de gran jinete por Agustín Romero y a petición del público, que dio al toro por bravo sin más. Solo que el bravo, y no manso, salió reservón, se apoyó en las manos y no paró de revolverse cada vez que tomó engaño. Otra vez estuvo sereno Javier Jiménez, con ese poso que da el toreo de campo.

El primero, diminuto, bien armado, murió de bravo y antes de morir, y al cabo de una faena de Iván Vicente demasiado formal y algo plana, tuvo por la mano izquierda cinco embestidas extraordinarias. Ya era tarde. Pero entonces le pegó Iván la tanda más bella de toda la corrida. No tuvo fortuna Javier Cortés, que volvía a las Ventas tras su excelente tarde del 2 de mayo. No solo por el percance o el infortunio de la devolución de su primer toro. También porque con el toro del correturno, remolón de partida, pecó de precipitarse. Un gran arranque de faena, pero solo el arranque. Celoso y enseñado, el toro lo desarmó en el remate de una segunda tanda y, la cara alta al salir de suerte, fue acortando viaje y renegando. Una estocada notable.

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