En tarde de orejas, Sergio Galán defendió el mejor toreo a caballo

Sergio Galán. :: efe/
Sergio Galán. :: efe

El caballero conquense lidió a sus dos toros con naturalidad, ajuste y dominando perfectamente el juego de terrenos

PACO AGUADO SEVILLA.

Cuatro orejas en total, y dos de ellas para Andrés Romero, se cortaron en la corrida de rejones de la feria de Abril celebrada ayer en Sevilla, en la que, por encima de trofeos, el del mejor rejoneo, el de más pureza y calidad, lo firmó el jinete conquense Sergio Galán.

La festiva y amable predisposición del público que acude a las corridas de rejones no siempre sirve para aquilatar con los trofeos conseguidos los méritos de los jinetes ante el toro, como, una vez más, se comprobó ayer incluso en una plaza de la categoría de la de Sevilla.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Seis toros de Fermín Bohórquez, despuntados para rejones, bien presentados aunque de dispares hechuras y de buen juego en su conjunto.
Toreros
Sergio Galán (silencio y oreja), Andrés Romero (oreja y oreja con petición de la segunda), Lea Vicens (silencio)y oreja).
Plaza
Séptimo festejo de abono de la feria de Abril, con algo menos de tres cuartos del aforo cubiertos (unas 8.500 personas), en tarde fría y con lluvia.

Y así sucedió que el mejor rejoneo de la tarde, el toreo a caballo más templado, frontal, reunido y preciso, que llevó la firma de Sergio Galán, se premió con una rácana oreja que, aun así tuvo mucho más peso específico que cualquiera de las que pasearon sus compañeros de terna. El caballero conquense lidió a sus dos toros, en el amplio sentido de la término, con ajuste, despaciosidad y dominando perfectamente el juego de terrenos, tan importante en este tipo de tauromaquia.

Y lució con naturalidad, sin alardes ni guiño alguno para la galería, tanto al noble y enclasado primero -a falta de un punto mayor de vibración- como al cuarto, también de buenas embestidas pero de juego a menos.

Si no se le pidieron trofeos a Galán con el que abrió plaza fue por sus fallos con el rejón de muerte --los únicos de toda su actuación-, mientras que con el quinto, al que si mató al primer intento cuando comenzaba a lloviznar, se le premio con ese único trofeo que no hizo justicia a la que fue una completísima faena, desde que paró muy despacio al cuatreño con la grupa de 'Amuleto'.

Pero el cenit de su actuación llegaría sobre 'Apolo', un caballo de pelo isabelo sobre el que le clavó al de Bohórquez dos soberbios pares de banderillas a dos manos, citando desde corto, dejándose ver y llegando a la cara del toro con la frontalidad y el temple con que cuajó todo el resto de suertes.

Pureza

En cambio, esa naturalidad a la hora de ejecutar el toreo a caballo con pureza llegó menos al tendido que la espectacularidad buscada por sus compañeros, que rejonearon a sus lotes con menor precisión y ajuste pero consiguieron algo fundamental para obtener trofeos en las corridas de rejones: matar a los toros de manera fulminante, más allá de como caiga el rejón final. A Andrés Romero le pidieron, y le dieron, por eso sendas orejas, por su desigual actuación con el segundo, el de menos juego de la corrida, y por su faena entonada y a más con el quinto, que tuvo bravura, clase y vibración en sus embestidas hasta el último momento.

Aún cayó una oreja más en manos de la francesa Lea Vicens, última alumna de Ángel Peralta, al que brindó, dirigiendo su sombrero al cielo, el primer toro de su lote con el que luego fallaría demasiado y también con los aceros. Y tras nuevos desajustes y errores, mejoró un tanto el tono la amazona gala en la segunda mitad de su faena al sexto, que fue premiada muy generosamente tras un rejonazo que cayó justo a mitad del lomo del buen toro de Bohórquez.

Para entonces también había finalizado el que, a base de dos pasodobles por toro, fue un auténtico recital de la Banda del Maestro Tejera, que, nunca mejor dicho, amenizó una tarde que por momentos se pudo perder entre el tedio de lo previsible.

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