Román y un bravo fuenteymbro, un torrente de emoción

El diestro José Garrido en un pase a su segundo toro. :: efe/
El diestro José Garrido en un pase a su segundo toro. :: efe

Fue una corrida de dos partes, tediosa la segunda, pero muy desigual de poder

BARQUERITO MADRID.

En la primera mitad de corrida hubo un toro excelente, el segundo, que en cuajo y trapío, hizo chicos a casi todos los demás. Y dos, primero y tercero, de buen aire pero muy desiguales: El uno, distraído de partida, se acostó por la mano derecha, quiso bien por la izquierda. El otro, con calidad en el capote, abrió la boca en banderillas, mugió no poco y, frágil, besó la arena más de una vez.

La segunda mitad, marcada por los derribos de cuarto y quinto, fue muy deslucida. Con el segundo, de hondura excepcional, estrecho de sienes, remangado, se vivieron los únicos pasajes brillantes de un festejo tan a menos.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo).
uToreros
Joselito Adame, silencio en los dos. Román, saludos tras un aviso y silencio. José Garrido, silencio en los dos. Un quite providencial de El Sirio a Tomás López, que cayó inerme en la cara del primer toro en banderillas. Y otro quite de Adame al propio Sirio al salir desequilibrado de un gran par al segundo.
uPlaza
Madrid. 3ª de San Isidro. 15.000 almas. Primaveral, fresco. Dos horas y diez minutos de función.

El toro llegó a casi sentarse antes y después de varas, y a claudicar después de la segunda -un puyazo trasero lesivo-, pero rompió en banderillas después de un quite por chicuelinas de José Garrido. El galope fue magnífico. Y la fijeza también.

La faena de emoción

Las dos cosas animaron a Román en una faena de emoción, riesgo y verdad. Hasta cinco veces abrió tanda el torero de Benimámet citando de lejos y aguantado. Primero, en los medios; después, al borde de la segunda raya y en paralelo con las tablas.

Pese a sus pausas, rituales entre tanda y tanda, o tal vez por eso, la faena fue de gran tensión. Tragar tanto toro sin enmienda, sacar a tiempo los brazos incluso cuando el toro vino sin enganchar propiamente, ligar a ley con más o menos ajuste pero natural descaro. Romperse, en fin, con el toro, tragar viajes de tanta entrega como velocidad, y hacerse querer y admirar. No solo por ser torero nuevo, sino porque, después de dos recientes cornadas graves en Valencia y Sevilla, esta era la corrida de reaparición, la primera de las tres que tiene ajustadas en San Isidro, y en ese secreto estaba la mayoría. Un trepidante final, muy airoso de toreo a pies juntos y, con la plaza volcada, una estocada trasera soltando el engaño, un aviso y ni fuerza para dar la vuelta al ruedo.

Adame

Ese toro se comió la corrida antes de tiempo. Adame no terminó de acoplarse ni templarse con el primero, que enganchó mucho engaño por su mano buena, y, al hilo por sistema, le llegaron censuras menores cuando abusó de torear sobre la inercia. Se oyó el «¡Viva Aguascalientes!» de sus tardes felices, pero solo una vez. La faena fue, además, larguísima. Y también la del segundo de lote, que derribó hasta tres veces, pero ninguna de ellas de bravo. Rebrincado, claudicante y sin fuelle, ese cuarto acabó gazapeando. Adame pecó de mecánico.

El tercer toro no fue tan serio como el segundo, pero, fijo en una dura primera vara y alegre salida, tuvo su son. Adame hizo un valiente quite por gaoneras. Garrido estuvo firme y compuesto en los lances de recibo.

A las primeras de cambio se derrumbó el toro. Despatarrado y de frente, Garrido quiso lucirse al natural. Pero en sendas tandas de uno a uno. Casi todos los pases enganchados desde el hocico. El sexto, toro de bella estampa, fue de los frágiles. A pesar de las caídas, Garrido insistió. Terco.

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