Notables toros, uno de Escolar y otro de Ana Romero

El ciclo de los Desafíos Ganaderos se cierra con una interesante muestra de dos bravos ejemplares, de encaste Saltillo y Santa Coloma

BARQUERITO MADRID.

El último capítulo de los Desafíos Ganaderos de septiembre en las Ventas estuvo condicionado por una impropia regla de juego. La regla de delimitar la zona de castigo en varas en contraquerencia, como si se tratara de una corrida concurso, pero renunciando a la segunda clave de esa clase de corridas: un solo picador y un solo lidiador en pista. Dentro de límites se picaron los seis toros, pero no se graduaron ni el castigo, preceptivamente de menos a más en las concurso, ni las distancias donde en teoría deben colocarse los toros para irlos midiendo.

La contradicción vino a resolverse por sí sola pero en tercios de varas abusivamente morosos y ni una sola vez graduados. Los seis toros cobraron un total de doce puyazos, dos por cabeza, y casi trece, porque Luis Bolívar pretendió sin éxito que segundo y quinto de corrida tomaran tres. Bolívar, que tanto ha tentado donde Victorino, puso empeño excesivo en colocar casi en los medios para el segundo puyazo a los dos de lote. De Ana Romero el segundo, de José Escolar el quinto. Ese exceso tuvo un punto perturbador. Uno y otro fueron, por cierto, los de mejor nota de esta suerte de concurso enmascarado. Los dos tuvieron por la mano izquierda son del caro.

Muy en Saltillo el de Escolar, el más alto, largo y estrecho de los seis, y una manera de humillar exclusiva de su encaste. Muy en Santa Coloma el de Ana Romero, que no llegó a verse venir en distancia como parecía pedir. Con el de Ana Romero, que en persecución de El Jeringa tras el primer par de banderillas estuvo a punto de saltar la barrera, y lanzó y estrelló al banderillero colombiano contra un burladero de callejón, se cansó en seguida Bolívar, al hilo pero encima, despegado, solo entregado y templado en una tanda última con la izquierda. El toro, precioso cromo, astifino y abierto de palas, fue muy aplaudido de salida y en el arrastre.

El serio quinto de Escolar, el rabo barría la arena, se empleó de verdad en la segunda vara y sostuvo el ritmo en una docena larga de suculentas, cadenciosas embestidas. Murió embistiendo.

No solo el segundo, también los otros dos toros de Ana Romero fueron bellísimos. El tercero de sorteo sacó la agilidad felina tan seña de identidad de la ganadería de Escolar.

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