El Juli, grande, por la Puerta del Príncipe

El Juli, grande, por la Puerta del Príncipe
EP

Tarde completa. Dos faenas de inspiración, técnica y formidable despaciosidad. La segunda se resuelve con el indulto de un toro de Garcigrande de muy lata calidad. Cuatro orejas de botín

BARQUERITO

 A ver a El Juli vinieron las musas todas. Una tarde de impecable gobierno: el asiento, el dominio de los tiempos, el temple, la colocación, el ajuste también, el orden, la determinación, la pura ciencia. Pero más que la ciencia o el sentido del toreo contó la inspiración, que explotó enseguida y fue de rampante son. Ni un paso en falso, ni un lance de más. Ni siquiera los muletazos de señuelo con que en los medios El Juli provocó el indulto del quinto toro, mecido por él en una faena cumbre de medio centenar de muletazos o más. Faena rigurosa, muy labrada, destacada por su densidad, intensidad e inteligencia.

Cumbre Julián con dos toros de pareja nobleza pero distinta condición. El del indulto y, por delante, un segundo encelado en el caballo y picado por Barroso con mesura, de rico galope en banderillas y muy brioso en la muleta. El Juli lo toreó en casi un palmo de terreno. Derribado en un acostón y solo el primer muletazo de trasteo, y recién brindada la faena a la memoria de Domingo Hernández -cuyo era el hierro-, El Juli hubo de improvisar de rodillas, al medio recomponerse y en la repetición del toro, una tanda primera no de aliviarse sino de ya ponerse a gobernar y a hacerlo sin dilación.

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En la segunda de las dos tandas en redondo que siguieron a la tanda imprevista, ya estaba toreando El Juli a cámara lenta, poderosamente, la mano baja. Dos tandas ligadas, de rotundo efecto -en ese momento rompió la corrida a lo grande- y prólogo de una segunda y hasta tercera parte de faena igual de profusas las dos, Las dos cumplidas con llamativa sobriedad, incluso cuando, antes de la igualada, El Juli se enredó en dos ochos bien matizados, suelto el brazo, rematados los adornos con el natural de broche, que suele y debe ser hacia dentro. El toro había tenido por la mano derecha más claro aire de salida. Cinco verónicas en corto y embraguetadas, media estupenda y un cuarto de verónica muy gracioso. Por la izquierda se entregó en cuanto dispuso El Juli. Pulso nada común, mano de seda. Una estocada hasta la bola y algo trasera, pero el toro, que se había empezado a afligir de tan sometido, dobló en tablas, Dos orejas. Fue faena redonda. Por lo preciso de los muletazos -es decir, su medida en cada tanda- y por su cima particular, que fue el toreo con la izquierda. Dos manos tiene El Juli, como todos los toreros, pero la izquierda parece más larga, la mejor de las dos. Ahora y siempre.

Ficha del festejo

Plaza
 Sevilla. 8ª de abono. Lleno. 12.000 almas. Primaveral. Dos horas y cuarto de función.
Toros
Seis toros de Justo Hernández, con el hierro de Garcigrande, salvo segundo y sexto, que llevaban el de Domingo Hernández. El quinto, Orgullito, número 35, negro listón, 528 kilos, indultado.
Toreros
Ponce, silencio y una oreja. El Juli, dos orejas y otras dos simbólicas del toro indultado. Talavante, silencio en los dos. El Juli, a hombros por la Puerta del Príncipe. José Antonio Barroso picó con acierto y criterio al segundo. Dos pares espléndidos de Juan José Trujillo al sexto.

Ni el áspero primero ni un tercero flojo, claudicante y celoso se prestaron a fiesta. Ponce le pegó muchos pases al uno, Talavante optó por la retirada. El jaleo grande iba a llegar en el quinto toro. Antes del jaleo, Ponce se enredó en una faena de recorrer mucha plaza no solo porque el cuarto toro estuvo por rajarse y se rajó, sino porque la faena fue de pilotaje solamente regular y flacos argumentos. Una tanda de apertura genuflexa y otra igual, a última hora, calentaron a la mayoría. Y un par de circulares automáticos o rehilados, y algún cambio de mano también.

Ni eso ni el renuncio de Talavante con el sexto de la tarde, un punto descompuesto, tuvieron apenas peso, pues con el quinto de la tarde El Juli mejoró todos los registros de la primera faena. No perdonó nada. El capote para fijar al toro que se frenó antes de varas y hasta escarbó, un galleo por chicuelinas muy donoso y un quite por chicuelinas al ralentí que fue aviso de lo que iba a venir en seguida. El primero en venir y querer fue el toro, que El Juli hizo lidiar de rayas afuera y de rayas afuera llegó enseguida una faena de particular poso y de gran atrevimiento estilístico, porque, sostenida sobre el toreo ligado clásico, vino a abundar en remates de tanda sacados del sombrero de mago: un mero dejar sin dueño el toro tras una tanda de cinco en semicírculo, uno de pecho desde las babas del hocico a la hombrera contraria, la trincherilla, el molinete, el simple cambiado por alto a suerte cargada. Cuando cundió la invitación al indulto, El Juli se fue al toreo en circulares, en la suerte natural o no, y con ellas enardeció a la gente más de lo que estaba. Toro con cuerda y corazón de reloj, pero el ritmo lo puso El Juli, que, generoso, compartió el éxito con el ganadero. Lo sacó a dar con él la vuelta al ruedo. Por el toro. Es la ley.

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