El Juli cumple como ganadero

Marcos durante la lidia con la muleta a su segundo toro. :: efe/
Marcos durante la lidia con la muleta a su segundo toro. :: efe

El hierro de El Freixo pasa la prueba de una novillada en plaza de primera y sirve, además, un sexto novillo de rico fondo, bravo fuelle y mucha nobleza. Triunfa Marcos

BARQUERITO VALENCIA.

El Juli hizo traer para su estreno como ganadero en Fallas ocho novillos. Cuatro negros, tres colorados y uno castaño. No se sabe cuáles de sangre Jandilla y cuáles de Garcigrande. Se quedaron de sobreros dos de los negros. El sexto de sorteo, uno de los negros, fue con diferencia el mejor del festejo, que dio dos novillos bastante buenos, el castaño primero y el colorado tercero; un cuarto, colorado y astifino, el más armado de todos, rechoncho, remolón y protestón -sin previo aviso, de un trallazo seco estuvo a punto de volarle la cabeza a Toñete Catalán-, más de defenderse que de atacar o pelear y que, recostado contra las tablas, tardó en doblar sus cinco minutos contados. Tragando sangre los cinco, y sin descubrir, como suele suceder cuando un toro se ahoga en la sangre propia.

A ese toro tan tragón no le convino la distancia corta. Tras un airoso arranque de faena, Toñete lo cercó en un rapto de encimismo que solo tuvo un momento de verdad feliz: un pase de pecho de rutilante garbo, traído desde el talón hasta la hombrera contraria. No feliz, pero sí conmovedor fue el gesto que siguió al terrible trallazo que no dio por poco en la diana: no se descompuso el torero. Distinguida muestra de entereza.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis novillos de El Freixo (Julián López Escobar).
uNovilleros
Antonio Catalán 'Toñete', saludos y silencio tras dos avisos. Jorge Rico, saludos y silencio. Marcos Pérez 'Marcos', silencio y una oreja.
uCuadrilla
Dos magníficos pares de Sergio Aguilar al sexto novillo.
uPlaza
Valencia. 3ª de feria. 3.000 almas. Soleado, templado. Dos horas y veinte minutos de función.

Los novillos restantes del sorteo, segundo y quinto, no se parecieron en hechuras, ni en pinta ni en remate. Serían de distintas procedencias. El quinto tuvo el aire de peluche tan abundante en la línea directa de Juan Pedro -es decir, Garcigrande- y el segundo, brocho, el más pobre de cara, pero el de más volumen, sacó el espíritu de Jandilla -o sea, Daniel Ruiz- y hubo que buscarle las cosquillas. Maleado por tropecientos capotazos de brega, picado muy trasero, ese segundo empezó a soltarse en banderillas y al cabo de apenas diez muletazos ya se soltó sin disimulo. Lo reclamaban las tablas entre las dos puertas que marcan en Valencia habitualmente las querencias: la de arrastre y la de toriles.

Eso mismo o parecido hizo el quinto: soltarse, largarse y hasta arrollar si no le abrían hueco en busca de puerta por donde salir. Estaría muy corrido en el campo. De eso fueron los síntomas. Tal vez El Juli en persona habría sido capaz de fijar la embestida del novillo en cinco muletazos y nada más -es una de sus especialidades, y hasta marca de su tauromaquia- pero para un novillero novel como el alicantino Jorge Rico, que acertó a doblarse bien en la primera ronda, fue misión imposible. Lo curioso es que, rajado y todo, el toro metía la cara cuando tomaba engaño de uvas a peras. Todo fue correr y más correr. Cuando dejó de escaparse y pareció por fin fijo con algo, Rico, descargado de hombros, hizo un gesto al tendido como diciendo que menudo sapo se estaba tragando. El trasteo con ese quinto fue interminable. Ninguno de sus dos veteranos banderilleros -Daniel Oliver y Carlos Chicote- acertó a aconsejarle brevedad. Muy decidido con la espada, Jorge Rico salvó la papeleta y firmó, en el arranque de su primera faena, un bello ramillete de muletazos en bandera cosidos con trincherillas al paso y llegando hasta casi la boca de riego.

Marcos -otro nombre de pila a secas en los escalafones- no llegó a dar con la tecla del notable tercero, cuyo notable son se dejó sentir desde la salida -larga cambiada de rodillas de buen vuelo-, en varas -dos certeros picotazos de Alberto Sandoval- y en banderillas, siempre a punto Miguel Martín, brega sencilla de Sergio Aguilar. Largos viajes del toro por la mano diestra, repeticiones seguras, pero no se animó el novillero, que cobró con la zurda una tanda lograda, pero solo una.

El desquite vino a tiempo y con el toro de la corrida. Antes del desquite, Sergio Aguilar, que fue en su época de novillero un rehiletero extraordinario -solo una grave lesión lo apartó de las banderillas antes incluso de tomar la alternativa-, le puso a ese sexto dos pares de bandera. De los de tocarle la música. El ambiente se calentó lo indecible. Pasa en Valencia cuando hay banderilleros buenos. En el caldo de ese clima Marcos dio ahora el paso al frente, ahormó los viajes del toro en solo cuatro muletazos genuflexos y vino a confirmar un secreto conocido: que sabe torear, que domina la técnica, que liga cuando y cuanto se puede, que se encaja sin duelo, que es capaz de enganchar embestidas por el hocico y llevarlas empapadas hasta el final. Y hacerlo con una naturalidad segura. Y entró la espada.

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